Autor: Pi y Torrente, Ramón. 
   Elecciones catalanas con España al fondo     
 
 La Vanguardia.    18/03/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

LA VANGUARDIA • MARTES, 18

Nuestro cronista político Ramón Pi se incorpora hoy al esfuerzo que la Redacción de «La

Vanguardia» realiza para la mejor cobertura de estas elecciones al Parlament de Cataluña.

Desde su profundo conocimiento de la realidad política española y su penetrante capacidad de

análisis, sus crónicas sobre el final de campaña y sobre la jornada electoral y sus resultados

ofrecerán una visión dei panorama catalán integrada en el mapa político general de España.

Elecciones catalanas con España al fondo

Escribo estas crónicas en una calidad ciertamente original: la de «enviado especial» de este

periódico para seguir las elecciones al Parlamento autonómico de Cataluña. Si la condición

de catalán de este cronisr ta se consideró en su día como un elemento significativo para

ofrecer a los lectores de «La Vanguardia» una visión de la política española desde Madrid,

ahora el director del diario ha considerado que el hecho de haber sido durante estos años

testigo directo y presencial del desarrollo de la política española en Madrid puede contribuir a

la presentación de una perspectiva interesante para una comprensión más completa de estas

elecciones catalanas en el entorno del conjunto de España. Vamos, pues, allá, y que sea para

bien. Junto a la atmósfera catalanista que rodea todos los mítines de esta campaña —con la

lógica excepción de la propaganda del PSA, obstinado en reducir a los inmigrantes andaluces a

miembros de un , «ghetto»—, ia característica dominante de estos días reside en la

importancia y la enorme influencia que para los candidatos tienen las repercusiones de sus

actuaciones parlamentarias en Madrid, A diferencia de lo que ha sucedido con las elecciones

al Parlamento vasco, en donde el mayor mérito, por lo visto, consistió en no estar en las

Cortes Generales (el PNV ´las había abandonado semanas atrás, y Herri Batasuna no las

pisó más que para poner los papeles en regla para cobrar), los partidos catalanes parten de la

base, probablemente con razón, de que el electorado tiene bien presente el papel que cada-

cual ha representado en el Congreso y el Senado, y va» lora las respectivas contribuciones

al futuro de Cataluña desde la tribuna política de Madrid. Este es un hecho claro, con

independencia de las valoraciones que haya de merecer; También es un hecho claro el clima

de catalanismo de la propaganda electoral, con abstracción del grado de realidad qué

acompañe de hecho a quienes hacen las propuestas.

Ninguno de los partidos con aspiraciones a obtener una representación significativa en el

Parlament de Catalunya abdica la responsabilidad de intervenir activamente en" la política

española. El sucursalismo —o, si se quiere, el cordón umbilical que une a los partidos

catalanes que tienen un referente inequívoco de ámbito estatal— actúa, paradójicamente, de

manera inversa a lo que podría esperarse: son los candidatos de Convergencia i Unió los que

con más énfasis se consideran obligados a recordar su interés por la política española,

mientras que socialistas, centristas y comunistas no necesitan adoptar tal actitud y sie pueden

permitir el lujo de no hablar sino de Cataluña. La presencia y la actuación de sus referentes

estatales es un valor entendido. Tanto, que incluso los centristas se permiten decir en actos

públicos que UCD no se presenta a estas elecciones, sino un partido diferente, Centristes de

Catalunya. Este es otro de los rasgos que pueden desorientar a los menos avisados, aunque

con tan poco aviso ya no debe de quedar casi nadie entre el electorado que habrá de acudir á

las urnas el jueves.

Crónica política por Ramón Pi

En el debate celebrado anoche, al que acudieron los cuatro cabezas de lista de los cuatro

partidos más votados ;en anteriores comicios, las alusiones de unos candidatos a otros por sus

actuaciones en el Parlamento de Madrid fueron la nota dominante. Nadie ponía en cuestión

esto. Quizás decir esto, en estas páginas y en este momento .pueda parecer un poco

peregrino, pero creo que es importante para establecer algo que debe decirse a continuación, y

que es lo siguiente: las elecciones al Parlamento vasco no son, estrictamente hablando´ un

precedente válido para enjuiciar lo que haya de ocurrir en las elecciones al Parlamento catalán.

Al menos, no son un precedente enteramente válido. Aquí se trata de construir la Generalitat,

pero sin perder de vista que todo el proceso político de Cataluña está inserto en un contexto

más amplio, y del que, además, depende en buena medida. La permanente idea de las

relaciones que haya de establecer el Gobierno catalán con el Gobierno de Madrid es uno de los

factores que seguramente condicionarán el voto el jueves. Eso no se produjo en las elecciones

vascas, y si se produjo, lo fue en un sentido inverso: fueron los partidos más hostiles al resto de

España, los más conflictivos, los que se llevaron el gato al agua, como se dice vulgarmente.

La traslación que desde Madrid se tiene tendencia a hacer entre lo ocurrido el pasado día 9 en

Euzkadi y lo que haya de pasar en Cataluña el 20 es una traslación en cierto modo artificial.

Hay, .ciertamente, elementos comunes, como es la voluntad colectiva de aprovechar las

instituciones autonómicas para la reconstrucción nacional de ambas Comunidades. Pero las

perspectivas son desde luego muy distintas.

Hoy, martes, será el último día de campaña.´ Los rifirrafes dialécticos entre partidos tendrán su

última, oportunidad. Después, la reflexión. Después, la hora de la verdad.

 

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