Autor: Sentís, Carlos. 
   Seguir el ritmo europeo     
 
 La Vanguardia.    18/03/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Una constante catalana

Seguir el ritmo europeo

¿Ha sido Cataluña la puerta que España ha mantenido abierta sobre Europa? En todo caso

incluso en épocas autárquicas, apoyada sobre los Pirineos, alféizar de su ventana, Cataluña ha

oteado sobre todos Jos campos de Europa.

Su asentamiento europeo se ha producido, a lo largo de la historia, en !o material, en lo

espiritual y, naturalmente, en lo político. El catalanismo —que no se convierte en político hasta

los albores del siglo actual— se nutrió solamente en parte del tradicionalismo más o menos car-

lista. Su substancia la extrajo del movimiento literario romántico europeo. Solamente más tarde,

cuajado ya aquí, es cuando sirve de escuela en Barcelona mismo, para Sabino Arana´ y hasta,

en este caso, es el camino catalán el que llega a Santiago de Compostela de los Otero Pedraio.

Fue el sentimiento y la poesía de influencia europea lo que dio Identidad al catalanismo como

luego, a su imagen y semejanza, vinieron otros casos en la misma España hasta llegar -—

también Blas Infante fue un poeta— al esplendoroso fenómeno andaluz propulsado, hasta en

estos mismos momentos, más por hombres de pluma que por políticos propiamente dichos.

La tan evidente vocación europea e internacional de Cataluña parece últimamente haber sido

olvidada por la mayor parte de oradores y propagandistas que se han prodigado a lo largo de la

campaña electoral que hoy termina. Quizá no han captado bien la radiografía del país y ha

quedado como si la opinión se .desinteresara de lo que ocurre lejos de nuestro propio ombligo

y que, sin embargo, nos afecta tan tremendamente. Nunca habían hechos tanta mella entre

¡nosotros los hechos que se producen en el exterior especialmente ligados a la carestía

energética peso y pesadilla que gravita sobre nuestras crisis.

En un coloquio me tocó estar sentado al lado de un diputado francés, Edgar Peretti, hombre

muy cercano al presidente Giscard d´Estaing. Antes de empezar me mostró su extrañeza por te

poca atención y preocupación que descubrió tanto en Madrid como en Barcelona —sin excluir

la mayoría de periódicos— con relación a la situación internacional, las amenazas de guerra y

¡la postergación de Europa ante las rivalidades mundiales. En Francia —me vino a decir— los

periódicos apenas hablan de política interior´, mientras el presidente va de la ceca a la meca

(en aquellos días estaba, en efecto, en Kuwait) para que a los franceses no les,pillara el toro.Le

contesté que hasta cierto punto era natural que con las elecciones vascas y catalanas y el

referéndum andaluz sufriéramos un fenómeno de enclaustramiento. A pesar de ello —añadí—,

nuestro presidente, Adolfo Suárez, también recorre-parecidos espacios —visitas a Irak, a

Cárter, a Heilmut Smicht—a los visitados por el hombre del Elíseo. También le dije que en

Cataluña, desde siempre, acostumbraba a ser muy vivo el Interés por lo que ocurría fuera de

nuestras fronteras.

No creo que me hiciera mucho caso en esto último porque cuando al poco me tocó hablar para

el auditorio y tras una exposición sobre el peligro de la finlandización de Europa, con corte de

petróleo o no por es-trangulamiento del canal de Ormuz, un contraopinante del partido

socialista me replicó diciendo que yo me había ido hacia unos conceptos políticos de «altos

vuelos» y qué estábamos en Cataluña y no en otra parte. Sin saberlo, porque el francés me

había .hablado al oído, el contraopinante socialista le dio la razón. Lo sentí de veras. No vale

decir que es «de altos vuelos» estudiar para evitar .los peligros que, nos acechan. Si alguien se

hubiera preocupado más del peligro del aumento de la gasolina cuando en 1973 la pagábamos

a 9 pesetas el litro, quizá no hubiéramos recibido la pedrada en ojo de boticario que nos ha

dejado, especialmente a los europeos "Industrializados, medios exangües.

No me hubiera sorprendido tanto que los comunistas, a pesar de su internacionalismo, sé

hayan abstenido durante esta campaña de hablar contrariamente a otras veces de ejemplos

exteriores. Sus oradores han tenido presente, como los viajeros del tren lo de «es peligroso

asomarse al exterior». ¿Cómo se puede hablar de países socialistas —me refiero a los

comunistas, puesto que socialistas propiamente no hay ninguno— cuando el mundo entero

está amenazado por todo género de peligros derivados de la invasión sobre el Afganistán?

Tampoco Iban a ser los propios comunistas catalanes los que iban a predicar que en algunos

comités locales barceloneses se votó, a la hora de tratar el tema de Afganistán, en favor de la

ocupación militar soviética. Si es tan explicable que don Santiago Carrillo y otros

correligionarios suyos prefieran hablar de la enseñanza en centros docentes que del

eurocomunismo antes tema por ellos preferido, tendrá aparentemente menos explicación que

los socialistas hayan evitado «asomarse» también al exterior. Bien es cierto que el secretario

general del PSC-PSOE fue a Austria/pero no a ningún otro lugar. Porque es lo cierto que en

este momento no hay otro jefe de Gobierno socialista que Kreisky, pese a. que éste es más

socialdemócrata que otra cosa, es decir, un socialismo pasado por el agua azul del Danubio.

Los socialistas que mandaban en Europa—pese a que muchas dosis de socialdemocracia

rebajaba hasta casi eliminar su marxismo— cayeron uno tras otro por imperativos de las urnas.

En algún sitio de Europa se reúnen de vez en cuando los ex primeros ministros de gran vitola

europea —Palmes, Soares, Brandt, Cal-laghan— para sumar sus nostalgias a las de

Mitterrand. Este último no como «ex», sino por no haberlo sido tras treinta años de porfía. Fue

ministro, sin embargo, Francoise Mitterrand, en dos gobiernos, por lo menos, de la IV

República. Pero cuando precisamente no era socialista.

¿Puede ir, Cataluña, hacia el socialismo cuando toda la Europa occidental, nuestro modelo tan

preferido, está de vuelta? ¿Irá al socialismo, cuando toda Europa es centrista empezando por

Francia y acabando con Portugal? Cataluña, ¿a estas alturas se van a cambiar los papeles?

¿Adoptará un sistema esencialmente reñido con su intrínseca manera de ser?

Un país cuya economía ha sido hecha y rehecha por unas ´laboriosísimas generaciones que si

de algo han adolecido ha sido su individualismo, no puede, no debe emprender el camino del

colectivismo.

El voto tuyo, lector, puede hacer que esto suceda —quedándose en casa también— o que

semejante perspectiva se ahuyente de nuestro ya de por sí oscuro horizonte.

Carlos SENTÍS

 

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