Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Ampliar cauces     
 
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AMPLIAR CAUCES

Con su habitual agudeza, Pedro Calvo Hernando ha venido, en su síntesis y comentario del discurso del

vicepresidente del Gobierno, almirante Carrero Blanco, a señalar la coincidencia fundamental entre las

palabras —y su sentido— utilizadas por éste y aquellas que «con onda larga» nos dirigiera a todos los

españoles en su mensaje de fin de año el Generalísimo Franco. Se trata del «deseo de que el Movimiento

no se detenga mirando atrás, sino que se encare definitivamente al futuro y acentúe la participación

de todos los españoles en las tareas políticas, abriendo cauces cada ves más anchos para la incorporación

de cuantos sientan inquietudes por la cosa pública». Fijémonos un instante en esa locución de «abrir

cauces cada vez más anchos». Si ella quiere decir algo es, sin duda, una ampliación de lo que ya tenemos.

Y ¿qué es lo que tenemos? Una representación orgánica, pero limitada. Limitada, en primer término, por

una poco orgánica, permítaseme la expresión, estructura del procedimiento electoral. Hoy, por ejemplo,

para acudir a las Cortes en representación del tercio familiar hay que contar con unos medios financieros

nada despreciables, en cualquier caso, e inalcanzables para la generalidad de los ciudadanos en las urbes

de más de 100.000 habitantes. Limitada, en segundo lugar, porque, contra toda regla lógica, el mismo

número de procuradores o consejeros nacionales representan a Madrid y Barcelona que a Soria. Limitada,

en tercer término porque siendo el Movimiento comunidad de todos los españoles, a los consejeros

nacionales ni los eligen «todos los españoles» ni siquiera llevan aquéllos, por mor de sus electores, a la

Alta Cámara el sentir mayoritario nacional.

He ahí unos simples ejemplos —entre docenas— que demuestran la necesidad de actualizar, como quiere

Franco y ha repetido Carrero, ampliándolos, aquellos cauces de participación. Y que no me vengan con

monsergas puritanas. Porque todos sabemos que también en nuestras elecciones funciona la «cocina

electoral».

Y no para ahí la cosa. Está a punto de estrenarse, en otro orden de ideas, un nuevo sistema —feliz

conquista— en el desarrollo de las sesiones informativas de los ministros en las Cortes. Pero con dos

gravas fallos, a mi modesto entender. En cuanto a la concesión del derecho de réplica a los procuradores,

la limitación de tiempo a ¡cinco minutos! Y la posibilidad libre de que el ministro duplique o no. Hay

temas que, por su interés, exigirán dos horas o dos días en la réplica. Y los hay que en treinta segundos

podrán y deberán quedar despachados. Por eso me atrevo a proponer una ampliación doble: que el

procurador interpelante disfrute, cuando menos, de la mitad del tiempo utilizado por el ministro en su

contestación para argumentar su réplica, y que, en tal caso, deba siempre responderse a ésta. Y conste que

cualquier otra solución inspirada en este sentido me parecerá válida.

He querido poner de manifiesto esos simples ejemplos de cómo puede el Consejo Nacional cumplir el

mandato da Franco y el encargo del Gobierno en punto a la ampliación de los cauces participativos. Hay

más, muchos más. Pero lo importante es empezar y pronto. Bajarse de las declaraciones programáticas a

la realidad de una vida nacional en la que la juventud echa de menos el aliciente más importante de toda

política: la posibilidad de eficacia.Y que por echarla de menos se desentiende, se desinforma, se disloca,

se traumatiza y termina marginándose.

Es ese el otro gran tema de ambos discursos: la apertura a velas desplegadas de los cauces juveniles.

Llevamos ya demasiado tiempo arrastrando un continuo lastre y desgaste en materia juvenil. Son cada día

menos los jóvenes que aspiran a servir a su Patria desde eficaces puestos de trabajo. En todo caso priman

en ellos otro tipo de consideraciones, las más de las veces materiales. Hace falta una mística. Pero una

mística concreta, valga la paradoja. Al «¿y ustedes que me ofrecen?» que nos preguntan los jóvenes cada

día hay que saber responder no con simples, hermosas y heroicas alusiones al ayer. Hay que saber

enseñarles el verdadero camino del mañana que, inexorablemente, será suyo. Tenemos, a Dios gracias, un

buen banderín de enganche: la juventud del Príncipe de España que, por serlo, participa de sus anhelos y,

estoy seguro, de sus inquietudes. Ahora nos toca a los políticos abrir nuevos caminos. Aunque a veces, y

en parte, se tengan que dejar fuera de uso lo que antes fueron aspiraciones nacionales. Todo el respeto

para ellas, pero toda la eficacia para el futuro también y antes.

José María RUIZ GALLARDON

 

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