Autor: Canyelles i Barcells, Antón. 
 Elecciones al Parlament. Antón Cañellas (Centristes-UCD). 
 Catalunya ya está en pie     
 
 La Vanguardia.    18/03/1980.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

MARTES, 18 DE MARZO DE 1980

Antón Cañellas (Centristes-UCD)

Catalunya ya está en pie

CENTRÍSTES de Catalunya, a lo largo de la campaña electoral, ha puesto perfectamente en claro

cuál es su postura política, cuál es su programa de acción, cuáles son sus posibles aliados, y cuáles serán

sus objetivos de gobierno.

Proponemos la transformación en profundidad de Catalunya, para que en el curso del futuro cuatrienio

nuestro país se convierta en una sociedad más justa, más próspera y más libre. Nos tomamos en serio el

significado del autogobierno, y no lo malbaratamos en aras de intereses de partido o de veleidades

voluntaristas. Aceptamos la enorme responsabilidad que representa nuestra vocación de partido

mayoritario, reformista, moderado y popular.

A nuestra derecha, se sitúan aquellos grupos para los cuales el cambio político consiste en retroceder o en

retocar detalles. Aquellas fuerzas que, utilizando terminologías que aspiran a la novedad, pretenden

detener el curso de la historia, y preferirían que el cambio no nos exigiese a todos un compromiso radical

y moderado al mismo tiempo. Se trata de opciones lícitas, que no son la nuestra, como bien se sabe.

A nuestra izquierda, también se hallan opciones lícitas: el comunismo, el socialismo. Partiendo de un

análisis intelectualizado e ideologizado de la realidad —y por lo tanto, esencialmente infieles a las

enseñanzas de su venerable maestro Carlos Marx, que datan de hace casi 150 años—, su propuesta

consiste en instaurar un colectivismo estatalista de resultados bien conocidos. El centrismo no es

antimarxista, pero no puede aceptar impunemente que los remedios para nuestra situación catalana, en los

años ochenta, estén previstos por las recetas de un filósofo alemán del siglo pasado.

En una posición zigzagueante, encontramos una fuerza política sui géneris. Se trata del nacionalismo de

Convergencia Democrática. Como estamos dedicados a la reflexión, debemos buscar las raíces de la

sinuosidad de su trayectoria. En nuestra opinión, CDC es un partido con un excesivo aprecio al poder por

el poder. Con tal de llegar al poder, CDC constituye una formación política dispuesta a las contorsiones y

a los arabescos más complicados.

Por ello, en el caso de que Centristes de Catalunya obtuviese una victoria electoral que le permitiese

gobernar en solitario, no tenemos la menor duda de que la primera oferta de pacto vendría de CDC. El

nacionalismo catalán recordaría a tal efecto que comparte nuestro mismo modelo de sociedad, y que es

indiscutible nuestro catalanismo y nuestro afán de eficacia y de buen gobierno.

En el caso también posible de que fuese la izquierda la que obtuviese una minoría mayoritaria, CDC

tendría a mano poderosas razones para efectuar su primera oferta de colaboración. Afirmaría en tal caso

que Catalunya está por encima de todo, y que hay que olvidar «diferencias de detalle». Por decreto, la

Internacional Socialista o la Internacional Comunista se transformarían en movimientos defensores a

ultranza de tan peregrino «nacionalismo» catalán.

Dentro de cuatro días vamos a comprobar lo que acabo de decir. El gran test que representan las

elecciones del 20 de marzo está al caer. Sea cual fuere su resultado, los Centristes de Catalunya: no

estamos en condiciones de efectuar tan audaces piruetas en el vacío. Para nosotros, Catalunya es nuestro

país, y no una excusa para las transformaciones oportunistas. Nos avala una historia personal y una

trayectoria colectiva, que no permiten abrigar dudas sobre cuáles son nuestros objetivos últimos.

Catalunya, con independencia de los resultados electorales, ha de ser una sociedad libre, una comunidad

en la que impere la justicia y en la que se cumpla la Constitución y el Estatut dAutonomia. Amamos a

Catalunya por encima de todas las cosas, y por eso mismo, no nos da igual una Catalunya con libertades

públicas y con derechos humanos, que un país estatalizado, burocratizado y en retroceso.

Por hábil que se sea para manipular el lenguaje, no podemos aceptar que a los catalanes les dé igual una

Generalitat colectivista que una Generalitat que promocione el desarrollo de las libertades públicas y

privadas. La opción auténtica no nos obliga a elegir entre Catalunya o nuestra aniquilación como pueblo.

Hoy por hoy, Catalunya ya está por encima de toda discusión. Lo importante, lo decisivo, es saber si

vamos a construir una Catalunya de todos y para todos, o si se va,a imponer una visión idealista y, en

consecuencia parcial.

Las urnas, el próximo jueves, serán las que hablarán en nombre del pueblo catalán. Los Centristas de

Catalunya recibirán, a través del sufragio popular, una respuesta masiva a su programa reformista y

nacional.

 

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