Autor: Echevarría Puig, Juan. 
 Elecciones al Parlament. Juan Echevarría (Solidaritat Catalana). 
 Valentía ante un reto     
 
 La Vanguardia.    18/03/1980.  Página: 18. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

MARTES, 18 DE MARZO DE 1980

Juan Echevarría (Solidaritat Catalana)

Valentía ante un reto

LA tremenda lacra social que es el paro amenaza cada vez con más virulencia a toda la comunidad

española, alcanzando en 1979 la cifra de 1.334.200 personas —concretamente 178.295 en Cataluña—, es

decir, al 10´14 por ciento de la población activa y que, en dicho período, 250.000 personas engrosaron las

filas del desempleo respecto a 1978.

Estas cifras negras de la sociedad catalana, hemos de completarlas con las cifras rojas del coste

económico que entraña la indignante cuestión del paro. De manera que, según nuestras referencias

durante el año 1979, en Barcelona y provincia, la Seguridad Social abonó mensualmente un promedio de

2.200 millones de pesetas a los trabajadores inscritos en el censo del desempleo, resultando una

percepción por trabajador de unas 30.000 pesetas. O sea, que en 1979, la Seguridad Social de Barcelona

ha pagado entre 25,000 y 30.000 millones de pesetas, incluidas las indemnizaciones por despido que

asume el Fondo de Garantías Salariales.

Al cuadro anterior debemos de añadir otros elementos de juicio. Por una parte, la riqueza del trabajo

perdido por cuanto este millón y pico de españoles, contra su voluntad, no pudo generar riqueza para

colaborar al bienestar común; por otra parte, el malestar derivado de la dramática supervivencia de las

familias en desempleo. También hemos -de añadir la zozobra y la inquietud de otras familias que viven en

vilo, en preocupación constante por la inseguridad de sus empleos. Una amargura nos invade a todos,

porque hay indicios racionales de que nuestra sociedad está enferma, y no se la somete al tratamiento

clínico debido.

Nosotros somos un partido interclasista como claramente dice nuestro manifiesto. A Solidaritat Catalana

le Interesa más ja defensa de los principios que la lucha de clases; contra ésta oponemos la más sincera y

honrada solidaridad entre los hombres. Y como creemos en la iniciativa privada y en la economía de

mercado, fuentes que crean riqueza y bienestar para todos, esta riqueza ha de ser justamente distribuida

entre los ciudadanos, porque sólo así lograremos que el hombre sea libre, sea respetado por sus valores

como persona humana. A que se cumpla ese objetivo encaminaremos nuestras acciones.

Los empresarios tienen que afrontar valientemente y con imaginación el reto del paro. Un reto al que no

pueden renunciar jamás, salvo que su pasividad contribuya a la desestabilización económica y a que miles

de familias se ciernan en la ruina. Sería tanto como colaborar con indudable irresponsabilidad a que se

creen las condiciones objetivas para que vivamos nuevas Semanas Trágicas, cuya mística de la violencia

está présente aún en todas las mentes catalanas.

Pero no porque sean importantes los factores políticos, el empresario puede renunciar a su gran

compromiso social: la inversión. La responsabilidad del empresario no llega sólo a que se preocupe de su

universo particular (su empresa y los trabajadores en ella empleados), sino que abarca también a los

demás ciudadanos, a las instituciones sociales y al conjunto social. Y es entonces cuando el protagonismo

del empresario se engrandece, porque con su Inversión transforma las estructuras de la sociedad al crear

nuevas formas de vida. ¿Puede un empresario renunciar al compromiso de la inversión? El que lo haga

renuncia automáticamente a sí mismo, al transcendental papel que tiene reservado. En este sentido, el

empresariado catalán debe exigir y autoexigirse. Exigir y demandar condiciones indispensables de

seguridad pública que propicien los responsables de la Generalitat; pero exigirse todos, un plan de acción

empresarial que fomente la inversión. La sociedad catalana no puede limitarse a que esta iniciativa sea un

simple cambio de fisonomía del capitalismo. El empresariado tiene que conseguir el rostro humano del

capitalismo tradicional. Es un sacrificio, pero nunca significará restarle importancia al movimiento

obrero, sino colaborar con él y junto a las centrales sindicales luchar por un orden social más justo.

Por todo ello, Solidaritat Catalana llama a todos los empresarios catalanes a que asuman su compromiso

de inversores para solucionar la crisis socio-económica que empobrece, día a día, a Catalunya. Una crisis

que puede ser peor aún y llegar a golpear fuertemente las bases de nuestra sociedad hasta límites

imprevisibles.

Los empresarios tienen ante sí un ingente desafío: adaptarse a los nuevos valores de la democracia —a la

que hay que potenciar para contribuir al desarrollo de la sociedad— o simplemente perecer en la

nostalgia, no exenta de injusticias. Hay que fomentar los valores democráticos y que las empresas sean

más potentes y más humanas y que sus trabajadores se sientan como auténticos ciudadanos libres de la

nueva Catalunya.

 

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