Un reto histórico     
 
 Diario 16.    22/03/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Diario16

Un reto histórico

Tras la victoria del PNV en las elecciones vascas del 9 de marzo, un fenómeno similar se ha producido en

Cataluña en la jornada del pasado día 20. El alza del voto nacionalista es evidente y convierte a

Convergencia i Unió en fuerza predominante, con casi un 30 por 100 de los sufragios y un total de 43

escaños en el Parlamento catalán.

De la misma manera que el País Vasco votó en euskera, Cataluña lo ha hecho en catalán. Si se comparan

con un poco de detalle los resultados de estas elecciones con los de las anteriores del 1 de marzo de 1979,

el desplazamiento del voto hacia las opciones nacionalistas aparece con entera claridad.

Las dos ofertas nacionalistas catalanas que han obtenido escaños para el Parlamento, Convergencia i Unió

y Esquerra Republicana de Cataluña, pasan de 483.353 y 123.452 votos, respectivamente, en el 1 de

marzo del 79, a 736.912 y 236.702 en las elecciones de anteayer. Esto supone para CiU un ascenso de

165.964 votos, y para ERC de 132.250.

La fuerza de estas cifras consideradas en sí mismas es indiscutible, pero aumenta si se les compara con el

descenso que han experimentado los partidos de implantación estatal y, en especial, la UCD y el PSOE.

El partido del Gobierno pierde un total de 287.648 sufragios; el PSC-PSOE, 283.852, y, en situación casi

estable, los comunistas del PSUC sólo pierden 19.681.

El crecimiento de la izquierda nacionalista de ERG tiene un significado similar al alza de Euskadiko

Ezkerra en el País Vasco y su valor tendencial es importante. Como también lo es la inesperada

consecución de dos escaños por Barcelona del Partido Socialista Andaluz, cuyo carácter testimonial en el

Parlamento catalán puede ser mucho menos importante que su presumible función aglutinadora de las

comunidades de inmigrantes.

El retroceso de los socialistas, que hasta ahora eran la fuerza predominante en Cataluña, tiene el sabor y

los componentes de una derrota. La razón es doble. Por un lado, el aumento de abstención respecto de

consultas anteriores no es lo suficientemente significativo para explicar este retroceso. Y por otro, la

victoria de una opción nacionalista moderada y ajena a toda ideología socialista no proporciona a los

socialistas catalanes el bálsamo de que sus votos perdidos han engrosado a una fuerza política

ideológicamente convergente con ellos.

Y éste es, precisamente, el respiro que, en su descalabro de casi trescientos mil votos, les queda a los

centristas catalanes. El espectacular retroceso de la UCD encaja con el no menos espectacular ascenso de

CiU, lo que sólo tiene un significado: la derrota del partido del Gobierno es paralela a una victoria del

modelo de sociedad propuesto por él.

UCD tiene ante sí, tras los fiascos electorales de Andalucía, Euskadi y Cataluña, un difícil y fascinante

reto histórico y político. Su modelo de sociedad sale triunfante, pero sus cuadros políticos han sido

rechazados. Esto pone de manifiesto que la UCD ha de modificar su estructura de tal manera que haga

posible ejercer desde ella una política de alianzas, una convergencia en objetivos a largo plazo y una

concepción federal de su visión del futuro de España. De lo contrario, de seguir cerrando filas alrededor

de su numantinismo centralista y de no modificar su hasta ahora corta visión del fenómeno autonomista,

la curva de su declive podría ser irreversible.

 

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