Autor: Merigó, Eduardo. 
   La lección catalana     
 
 Diario 16.    22/03/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

Eduardo Merigó es un economista de vasta experiencia internacional y uno de los más reputados en

planteamientos económicos de tradición liberal. Desde su visión personal, en el trabajo que sigue, expone

algunas de las lecciones de racionalidad que Cataluña ha dictado a toda España en su proceso

autonómico. Estas lecciones lo son para la definitiva puesta en marcha del nuevo Estado, cuya

construcción se ha iniciado de manera irreversible. La visión optimista de Merigó conduce a una imagen

más unitaria y fuerte de España precisamente a través de la asunción profunda del hecho autonómico y de

la estructura federal que encubre.

La lección catalana

Eduardo Merigó

La democracia se va asentando en España. Los distintos tipos de elecciones van reflejando la evolución

de un electorado que aprende y debe servir a los políticos para aprender también. Después del País Vasco

y Andalucía, Cataluña nos ha dado unas cuantas lecciones que conviene analizar con objetividad.

Quizá la primera lección es el triunfo de la perseverancia y la honestidad en el propósito. Jordi Pujol

lleva, desde la cárcel hasta la presidencia de la Generalitat, muchos años persiguiendo el mismo objetivo.

Creía en la democracia, creía en la autonomía de Cataluña y ha trabajado incansablemente con ese fin. Sin

duda perseguía el poder, pero al servicio de una ideología y no de la simple ambición personal.

Experiencia para el PSOE

La segunda lección es de política general. Parecía increíble que el pueblo catalán, cuya estructura

sociocultural es la más parecida a la de Europa que tenemos en España, fuera a darse un Gobierno de

frente popular. Siempre pretendí que el triunfo de la izquierda catalana estaba basado en un gran engaño:

la utilización simultánea del voto inmigrante basado en criterios de clase y del voto simplemente

catalanista. Pero en la democracia los engaños no sobreviven mucho tiempo y el PSC ha sido víctima de

sus contradicciones.

También ha ocurrido un fenómeno habitual en las democracias maduras: se ha votado a la izquierda

mientras se pensó que el resultado del voto no era peligroso, pero al existir la casi certidumbre de un

Gobierno de frente popular se ha preferido votar a la derecha liberal constituida por Convergencia,

Centristas y Esquerra Republicana. Es una lección importante para el PSOE, que es quien ha perdido los

votos en este caso.

La tercera lección, que se añade a la andaluza y la vasca es para UCD. Los que contribuimos desde el

principio a la creación de Centristas de Cataluña queríamos un partido realmente catalán, independiente

de Madrid (aunque federado con UCD) y que se atrajera a la burguesía liberal catalana no nacionalista.

Para quien no conozca la historia de UCD en Barcelona conviene recordar que las listas de nuestro

partido a las elecciones de 1977 se hicieron a toda prisa desde el poder central y en circunstancias de

desconfianza por parte de los líderes naturales catalanes que hicieron imposible que el punto de partida

tuviera verdadero atractivo.

En Barcelona la gente votó por Adolfo Suárez en ambas elecciones generales, y no por UCD. En las

demás provincias catalanas se fue haciendo partido y ésa es una de las razones que explican la diferencia

de votos entre Barcelona y las demás provincias, que va del simple al doble.

Desgaste del poder

Queda el último episodio: la constitución de Centristas de Cataluña. La dimisión de Folchi, presidente del

partido en Barcelona, y la no adhesión de UCC, provocadas ambas por injerencias de Madrid, anularon

totalmente el efecto psicológico que se perseguía con la creación de Centristas.

Antón Cañellas se vio colocado a la cabeza de un partido que nacía con taras imposibles de corregir en el

corto espacio de tiempo que mediaba hasta las elecciones. La gestión de la campaña en Barcelona ha

confirmado esas taras, y era evidente para todos que la excelente campaña personal de Adolfo Suárez no

podía compensar por sí misma esas deficiencias.

No le echemos toda la culpa a Centristas. El desgaste del poder es inevitable en elecciones intermedias

entre elecciones generales. También es normal que se vote por partidos de ámbito nacional para el

Gobierno central. Pero si queremos que lo que UCD representa tenga la influencia que debería tener en

una región tan importante como Cataluña es imprescindible que la idea original de Centristas se lleve a

término hasta sus últimas consecuencias.

La última lección quizá sea también la más difícil de aprender. Adolfo Suárez pasará a la historia no sólo

como artífice de la restauración de la democracia en España sino también de la creación de un Estado de

autonomías. UCD participó evidentemente en esa creación y sus bases regionales son o autonomistas o

partidistas de una descentralización profunda.

Reformar la Administración

Pero las tecnoestructuras del poder, empezando por muchos funcionarios y terminando por algunos

ministros, son tan cicateras cuando llega el momento de las transferencias de competencias que cabe

preguntarse si verdaderamente se han creído la Constitución.

Mientras una parte importante de la Administración Central siga con su actitud actual será difícil darle

verdadero contenido a los Estatutos catalán y vasco, será difícil hacer creer a andaluces, gallegos y otros

que cuando hablamos de autonomías hablamos en serio y será muy difícil para Centristas de Cataluña

tener verdadera credibilidad ante Convergencia.

Quienes se oponen al proceso autonómico y descentralizador creen estar defendiendo la racionalidad de la

Administración e incluso la unidad de España. Y, sin embargo, los Estados más fuertes del mundo (desde

U.S.A. hasta la Unión Soviética, pasando por Alemania) tienen una estructura federal y las

Administraciones más eficaces están profundamente descentralizadas.

En realidad lo que están demostrando es un gran conservadurismo y una incapacidad de comprender el

cambio profundo de modelo de Estado que se ha iniciado con la actual Constitución española.

 

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