Discriminación lingüística en la Universidad de Barcelona     
 
 Diario 16.    16/04/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Discriminación lingüística en la Universidad de Barcelona

Treinta y cinco alumnos de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Autónoma de

Barcelona, han recurrido en alzada al ministro de Universidades e Investigación reclamando su derecho a

recibir enseñanza en castellano. Ha saltado así a la luz pública un problema que viene de atrás: el de la

discriminación de que son objeto en las Universidades catalanas los castellano-parlantes, muchos de los

cuales han tenido que pedir en los pasados cursos traslado de matrícula por ser incapaces de seguir unas

enseñanzas que, en contra dé preceptos de la Constitución y del propio Estatuto catalán, se les impartían

exclusivamente en lengua catalana.

Como en otras arbitrariedades cometidas en esta etapa de consolidación democrática, partidos y fuerzas

de uno y otro signo parecen haberse confabulado para aplicar la ley del silencio a estos desafueros.

Profesores obligados a pedir el traslado, alumnos marginados, documentos oficiales redactados

únicamente en la lengua regional...: he aquí alguno de los datos que demuestran una lamentable ausencia

de juego limpio y una apropiación de los usos y técnicas del imperialismo lingüístico, por parte de

quienes hasta ayer mismo se sentían víctimas de la opresión cultural.

Las normas de protección y estímulo de las otras lenguas españolas, contenidas en la Constitución,

suponen un progreso y un generoso intento de remediar una injusticia histórica. Pero tan artificial y

condenable como impedir el legítimo y espontáneo desarrollo de esas otras lenguas españolas son estas

desleales prácticas discriminatorias que, además de anticonstitucionales, van en contra de algunos de los

más básicos derechos de la persona humana. Se intenta, en ambos casos, poner obstáculos a lo que es

natural, a lo que espontáneamente surge del pueblo y de los ciudadanos.

No hace mucho un escritor norteamericano señalaba que en menos de cien años, sólo se hablarían en el

mundo cuatro o cinco idiomas. Y uno de ellos será el castellano o español como es conocido

universalmente. No se trata ahora de valorar positiva o negativamente esta posibilidad basada en un hecho

irrefutable. Es un dato que no deben olvidar quienes con todo derecho, por otra parte, defienden el uso del

catalán. Venga en buena hora todo lo que suponga fomento de la lengua catalana, pero que no se olvide

que, a pesar de lo que diga el Estatuto, tan «propia» de Cataluña es la lengua castellana como la catalana.

Compete al Estado la defensa de este patrimonio cultural que es el castellano. Un idioma que hablan 300

millones de personas, una lengua que es oficial en muchas organizaciones internacionales, no tiene

ningún sentido que se vea auténticamente perseguida en su propio solar por quienes, como las autoridades

universitarias de la Autónoma barcelonesa, confunden la autonomía con un revanchismo enteco y sin

sentido. Bien venidas sean, por eso, las normas que, como las contenidas en la ley de Autonomía

Universitaria, garantizan el uso del castellano, lengua oficial del Estado. Y que las autoridades del Estado

hagan honor a sus responsabilidades logrando que esas normas no se queden en buenas intenciones.

 

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