Autor: Quintá Sadurní, Alfonso. 
 Entran en conflicto intereses industriales de Barcelona y Tarragona. 
 El minitrasvase del Ebro se ha convertido en una polémica fundamentalmente catalana     
 
 El País.    22/05/1980.  Página: 25. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

EL PAÍS, jueves 22 de mayo de 1980

NACIONAL/25

REGIONES

Entran en conflicto intereses industriales de Barcelona y Tarragona

El "minitrasvase" del Ebro se ha convertido en una polémica fundamentalmente catalana

ALFONS QUINTA, Barcelona

La inminente aprobación de un proyecto de ley sobre actuaciones en materia de aguas en Tarragona ha

desatado la controversia entre intereses agrarios e industriales, y dentro de estos últimos, el

enfrentamiento entre los partidarios de una u otra localización industrial. El telón de fondo es la

necesidad, a medio plazo, del agua del Ebro por parte de la industria barcelonesa y, con toda urgencia, por

parte de la industria petroquímica tarraconense.

Jordi Pujol afirmó ante el Parlamento catalán: «El problema del agua (en Cataluña) puede llegar a ser

dramático en un futuro no lejano». Esta afirmación es innegable. Pero también la resolución de este tema

puede potenciar, más que ningún otro, la imagen política y electoral del político que lo logre.

Tarradellas lo vio muy claro. De hecho fue el único problema de orden no estrictamente personal al que

dedicó alguna atención. Sabía, como ahora lo sabe Pujol, que de llevar las aguas del Ebro a Barcelona se

convertiría en el Cambó de nuestros días para los industriales catalanes. Para lograrlo creó el Consejo de

las Tierras del Ebro e inició una gestión personal que le llevó a Aragón y Navarra, así como a afectuar

más de diez viajes a Tortosa. Su fracaso fue rotundo.

Ahora, los mismos intereses barceloneses ven con preocupación un proyecto de ley que compensa las

necesidades de la industria y la agricultura de las tierras de Tarragona. En esta ocasión, no podrán

prevalecer los deseos centrados en Barcelona, como sucedió en ocasión de la captación de aguas del río

Ter para la Ciudad Condal.

Lo que en el pasado fue un enfrentamiento entre intereses de Cataluña y Aragón se ha transformado en

una polémica sólo catalana. La aparición de una necesidad más urgente en Tarragona da al problema una

faceta totalmente distinta, imposibilitando los planteamientos que, desde Cataluña, aparecieron bajo el

franquismo tardío. Entonces, se asimilaba Cataluña a industrialización y Aragón a agricultura. Ahora

aquel simplismo resulta insuficiente.

En el trienio 1970-1973, la comarca del Tarragonés fue la que tuvo un mayor porcentaje de inversiones

industriales por habitante. En dicho concepto recibió 21,7 millones por habitante (seguida de la comarca

del Bajo Llobrégat, con menos de un tercio de dicho porcentaje). En Tarragona y su entornó nació, en

torno a su refinería, un gigantesco conglomerado industrial. Se trata de industrias petroquímicas cuya

producción está encadenáda, en el sentido que los subproductos que desecha una se convierten en la

materia prima de la siguiente. Sus necesidades de agua son ingentes.

Para el próximo día 27 está prevista la llegada al puerto de Tarragona de un buque con un cargamento

insólito: agua. Procederá de Algeciras. Mientras, y hasta que se apruebe el proyecto presentado por el

Gobierno a las Cortes, los campesinos del cercano delta del Ebro continuarán bombeando al mar agua

dulce que poseen en demasía, ya que impide materializar su deseo de abandonar su poco rentable cultivo

de arroz para pasar a productos hortícolas más rentables.

Sobre el proyecto de ley de actuaciones en materia de aguas, cuya aprobación desean los regantes del

delta del Ebro y las industrias, el Municipio de Tarragona afirma: «El déficit actual (de agua en

Tarragona) es de unos cincuenta millones de metros cúbicos anuales, que se ha ido cubriendo

parcialmente sobreexplotando las aguas subterráneas en más de veinte millones de metros cúbicos anuales

sobre los recursos renovables».

Sucede, en efecto, que por los grifos de los habitantes de Tarragona sale a veces un líquido marrón

oscuro, oleoso, con olor a petróleo, que no sirve ni tan siquiera para lavarse. Se ha llegado a grados de

salinización de 2.500 partes de cloruro sódico por millón. El gran negocio local es laventa de agua en

bolsas. El gran negocio de algunos campesinos es la venta de agua a un precio qué oscila entre las

doscientas y las trescientas pesetas el metro cúbico. En la vecina localidad de Reus la situación es aún

peor. Allí hay restricciones y está limitado el consumo de agua a unas escasas horas al día.

Nada indica que la aprobación del proyecto de ley destinado a solucionar tan grave tema vaya a ser de

difícil aprobación. No hay oposición fuerte por parte aragonesa, por cuanto que no afecta a las aguas del

río Ebro, sino únicamente al aprovechamiento de las aguas de concesión utilizadas —y hasta ahora

parcialmente perdidas— por las comunidades de regantes. Lo único que sucederá con la futura ley es que,

al eliminarse unas pérdidas, las aguas recuperadas podrán ser utilizadas en Tarragona.

Este diario, en su edición del pasado domingo, ya informó sobre los posibles intereses personales del

presidente de la Generalidad con relación a dicho tema. A ello se añade la falta de iniciativas por parte de

los partidos políticos, cuyas bases barcelonesas ven el tema desde una óptica muy diferente de la propia

de los militantes de aquella zona o de otra necesitada dé agua.

La postura de los partidos políticos y de la Generalidad carece de la entidad técnica que está presente en

el proyecto de ley. Los primeros han conseguido un ciertó clima de expectación, a través de manifestar

que la venta de agua de los canales debía beneficiar no sólo a los regantes, sino también a toda la

población, de forma directa. Marginalmente, en la zona agrícola contigua a Tarragona apareció una

comisión dé defensa de las aguas del campo de Tarragona que denuncia el tipo de crecimiento industrial

que conlleva la industria petroquímica. Según la comisión, crea pocos puestos de trabajó (por su alta

tecnificación es contaminante, elimina buenas tierras de cultivo y crea unos problemas hidrológicos que

nunca hubiesen existido con sólo el consumo humano).

Desde el punto de vista de los intereses industriales barceloneses, a los que es muy sensible Jordi Pujol, el

establecer un sistema equilibrado de prestaciones entre intereses industriales y agrícolas en la zona misma

de Tarragona aleja la posibilidad de un deseado —pero por ahora utópico— trasvasé de aguas del Ebro a

Barcelona. A ello se suman los intereses del Banco Industrial de Cataluña —del grupo de Banca

Catalana— ya detalladamente reseñados por este diario el pasado domingo.

 

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