Autor: López Aranguren, José Luis. 
   ¿Desencanto de Cataluña?     
 
 El País.    11/07/1980.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

EL PAÍS, viernes 11 de julio de 1980

¿Desencanto de Cataluña?

JOSÉ L. LÓPEZ ARANGUREN

Supongo que ser nacionalista y que, al fin, llegue la «nación» o, para no escandalizar —lo que también

enfría—, llegue la «nacionalidad» a ser una realidad —más o menos regateada—, cuando pasó ya la era

de los nacionalismos y en plena crisis económica, tiene que ser un hecho más bien decepcionante.

En la época posromántica, cuando podía pensarse, sacralmente, con Torras i Bages, que Cataluña era una

«obra divina» o, secularizadamente, con Prat de la Riba, que constituía una «comunidad natural»; o con el

d´Ors en lengua catalana, Ferrater Mora y Vincens Vives, que hay un «carácter catalán», con sus es-

pecificas virtudes, se vivía en la expectativa de un Advenimiento. El franquismo, con su represión de la

catalanidad, mantuvo vivo el entusiasmo, y el mismo Tarradellas, gran ilusionista, se sirvió de sus títulos

genealógicos para montar un gran teatro de Cataluña, que sirviera de transición al nuevo régimen —como

Suárez y al revés que Suárez—, con prosopopeya y aparatosidad.

Pero la nueva Cataluña, inundada de castellano-hablantes —para horror de un Vandellós y un Rovira i

Virgili, si levantaran la cabeza—, ve puestas en cuestión sus señas de identidad, reducido su espacio

político, descapitalizada su industria y desvanecido el antiguo entusiasmo. Hay una correspondencia fiel

entre estas circunstancias y la investidura del antiprestidigitador Jordi Pujol como presidente de la

Generalidad, un presidente que, según dicen, dormita de cuando en cuando —por contraste con los

demasiado despiertos— y que, sin literatura, vuelve a su modo, sencillo, modesto, «en bicicleta» —su

único deporte, según le he oído decir—, vuelve al seny y la rauxa de la típica burguesía catalana. Parece

que, en efecto, también a Cataluña le ha llegado el desencanto. Es una dolencia esperemos que pasajera y

preferible a su tratamiento mediante la triaca máxima, aplicada en el País Vasco por la ETA, del

terrorismo sacralizador de la violencia y, como todo terror, puritano y acérrimo enemigo, con razón desde

su punto de vista, del neohedonismo juvenil. (Durante mi última y reciente estancia en San Sebastián, me

llamó la atención la mezcla intersexual tan estrecha, en contraste con la antigua separación de los sexos,

de los muy jóvenes, en discotecas y pubs. La ETA siente certeramente que esta nueva actitud juvenil

colectiva es, para ella, mucho más peligrosa que las FOP.)

Estoy escribiendo sobre Cataluña, recién regresado de ella y recién leídas dos obras sobre ella, que

recomiendo encarecidamente. Una, la edición castellana, muy reducida y todavía voluminosa, del libro de

José Antonio González Casahova, Federalismo e Autonomía a Catalunya (1868-1938) (i) La otra, el

librito colectivo La nació com a problema. Tesis sobre el cas catal (2). El libro de José Antonio González

Casanova es el mejor análisis de la tensión juridico-política de los conceptos de catalanismo y fora-lismo,

«provincialismo», federalismo y autonomía, «constitución» y «estatuto». Y por otra parte, lleva a cabo

una aguda crítica del supuesto de «España como nación». España no ha sido nunca una nación, sino una

monarquía que ha mantenido unidas a distintas nacionalidades, según nuestro autor. ¿Ha sido cuando

menos un Estado? No, sino, más bien, parece pensar González Casanova, al modo de la antigua Roma, un

Imperio. Admítase o tío esta tesis, es una llamada a la autocrítica española, que —como la de Juan Linz

sobre nuestra multinacionalidad, por lo mismo que procede de no-catalanista á pan entiére y, en el caso de

Linz, completamente ajeno a la emoción nacionalista— reclama vivamente nuestra atención.

Mas también Cataluña demanda su propia autocrítica. ¿Puede continuar haciendo reposar su identidad en

un «ser nacional» y una «lengua» no compartidas por ía masiva emigración? Y tocante particularmente a

la lengua, ¿no está sufriendo la catalana un cierto estancamiento literario y, lo que quizá sea más grave,

un cierto estancamiento de su dinamismo y fuerza de invención coloquial?

Quizá la nacionalidad catalana

ha de ser repensada, como por lo demás, según mi tesis, todo, sobre nuevas bases, más culturales que

políticas: ni el «politicismo» ni la «clase política» son más que superestructuras, empleada la palabra en

acepción, ya se ve, diferente de la marxista. Y, en el otro extremo, la mística, historicistá o «natural», no

es de recibo ya. Es probable que los catalanes, juntos los de nacimiento y los de «nacionalización»,

necesiten inventar hoy culturalmente una nueva forma de existencia colectiva. ¿Cerrada sobre sí misma o,

más bien, proyectada a España de un lado, a Europa del otro? González Casanova subraya ampliamente la

constante vocación política española de los catalanes. (En contraste, podría agregarse, con la vocación

industrial y financiera, pero no política, española de los vascos desde hace por lo menos un siglo y hasta

los últimos años.)

El librito La nació como a problema se abre con un lema —al que da réplica adecuada otro de Vicens

Vives— consistente en unas palabras de Doménech Martí i Julia, escritas en 1913: «La heterodoxia no

cabe en el catalanismo. Catalanista, se es o no se es. Un. catalanista heterodoxo ya tiene su nombre: es un

españolista». Al lector le extrañará —cada loco con su tema— que yo diga: no. También el catalanismo, y

ahora más que nunca, necesita sus heterodoxos que reflexionen críticamente sobre él y qué le hagan

moverse histórico-culturalmente, de acuerdo con la marcha y él cambio de los tiempos. Y ahora estoy

llamando concretamente «heterodoxia» a la invención de una nueva catalanidad que envuelva en un

proyecto de futuro a los unos y «los otros catalanes», a todos los catalanes.

¿Cómo lograr esta invención? Durante la cena de fin de curso en la admirable Escuela de Diseño Textil,

cuya alma, en su fundación, y antes, en su proyecto, ha sido nuestro amigo Ramón Folch, se nos proponía

por los alumnos un embrujado e imaginativo menú-pócima —era la trece promoción— con productos

procedentes del Jardín de las Hespérides y de la Atlántida, con «Parpella de Ciclop» y «Ratlladura de

mandragora». Pero se agregaba: «Si no os es posible conseguir algunos de los mencionados ingredientes,

podéis sustituirlos por grandes cantidades de creatividad».

La palabra «creatividad» empieza ya a estar gastada, por demasiado vacíamente usada. Mas la cosa, la

tarea, la «feina» está aún por hacer. Y sólo con mucho de ese «reencantamiento» podrá Cataluña, podrá

España,- salir de su desencanto..

1. Federalismo y Autonomía. Cataluña y el Estado Español (1868-1938). Editorial Critica, Grupo

Editorial Grijalbo. Barcelona, 1979.

2,Del que son autores J. F.Marsal, F. Mercadé, F. Hernández y B. Oltra, con prólogo de Josep Fontana.

Edicions 62. Barcelona, 1979.

 

< Volver