Autor: Roldán, Santiago. 
   La Generalidad, en busca de la economía perdida     
 
 El País.    12/11/1980.  Página: 54. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

EL PAÍS, miércoles 12 de noviembre de 1980

TRIBUNA LIBRE

La Generalidad, en busca de la economía perdida

SANTIAGO ROLDAN

El presidente de la Generalidad presentó ante el Parlamento catalán un «programa de actuación

económica» que ha suscitado un amplio debate entre las fuerzas políticas de Cataluña. Los temas

discutidos fueron muy diversos y las reacciones a la intervención parlamentaria de! presidente Pujol han

sido críticas, incluidas las de los partidos políticas que constituyen el llamado bloque conservador, que,

como se sabe, forman la mayoría tripartita que sustenta al actual ejecutivo catalán.

Lo primero que hay que destacar del «programa de actuación económica» de la Generalidades que no se

trata de un programa económico, y ni tan siquiera de un plan de actuación o de una estrategia económica.

A pesar de sus loables propósitos, la intervención de Pujol no ha sido más que un inventario desordenado

en el que se mezclan diferentes conceptos que unas veces se refieren a los Presupuestos del Estado; otras,

a inversiones de alguna empresa pública o privada; otras, finalmente, a inversiones de la Generalidad

basadas indistintamente en las competencias transferidas o en la emisión de deudas públicas por valor de

10.000 millones de- pesetas. Como todo inventario carece de una definición de prioridades, no se

especifican criterios selectivos y no se establece un calendario de actuaciones que permita su seguimiento

y control, o una posterior valoración de sus resultados a corto y medio plazo.

Críticas de UCD y Esquerra

En este primer punto se han centrado gran parte de las críticas, incluidas las de UCD y Esquerrá

Republicana de Catalunya (ERC), respectivamente. En efecto, es difícil que se pueda programar una

actuación económica de cualquier entidad, cuando esta depende de un continuo regateo, o mercadeo,

sobre el que se asienta la praxis negociadora en las relaciones que se establecen entré el Gobierno de

Madrid y la Generalidad de Cataluña.

Mal van a marchar las autonomías en este país, si este tipo,de prácticas —impuestas por el peculiar

talante de Adolfo Suárez—, que además resulta que coincide con el de Jordi Pujol, hasta ahora,

dominantes, se extienden, por simple emulación, a los restantes entes autonómicos, ya que, en ese caso,

nos podemos encontrar, a la vuelta de la esquina, con un estado de las autonomías producto del puro

tráfico mercantil en el que todo se -cambia y todo se vende, los vetos, las dificultades .bancadas, los

déficit de las empresas siderúrgicas, las carreteras, los créditos de la banca oficial, la interpretación de la

Constitución, o un simple voto parlamentario, con mayor o menor valoración, según la gravedad del

momento y la habilidad del negociador.

Pero desengáñense los que esperan algo de ese tráfico autonómico, porque los que ganan con estas

prácticas son siempre los mismos. O se clarifican de una vez para siempre las relaciones económicas entre

el Gobierno y las autonomías, se delimitan con nitidez y claridad los ámbitos de actuación del sector

público y se impone el principio de transparencia en la construcción del Estado de las autonomías, o nos

vamos a encontrar en un inmenso patio de monipodio con tráfico permanente de los recursos públicos.

Sólo un auténtico sentido de lo que es un Estado —como diría el socialista Lluis Arniet en su

intervención parlamentaria— puede posibilitar una correcta administración pública.

No es precisamente una prueba de lo anterior el reciente decreto de la Generalidad, de 25 de agosto, sobre

las cajas de ahorro. Pocas dudas existen sobre la necesidad de que estas entidades financieras, a diferencia

de los bancos, se; sometan al principio de territorialidad e inviertan sus recursos allí donde,

fundamentalmente, se generan. La Generalidad; o cualquier ente autonómico en el futuro, ha de contar

con las cajas de ahorro como instrumento financiero básico para impulsar determinadas inversiones, sin

caer en un excesivo intervencionismo que ahogue su actuación como intermediario financiero.

Economía intersticial o residual

Pero a estos objetivos se puede Llegar por diversos caminos, no siendo el más apropiado el de atribuirse

unilateralmente —en razón a otro regateo que, por cierto, fue seguido de un rápido retorno al punto de

partida inicial— la decisión sobre qué inversiones son computables y cuáles no en la partida de

inversiones obligatorias de las Cajas. En la práctica, se trata de una simple sustitución de protagonistas,

pero manteniendo inalterable las funciones de las Cajas en la más pura ortodoxia continuista. Con ello, lo

único que se consigue es provocar un falso conflicto con otras nacionalidades o regiones, como Andalucía

o el País Vasco. Todavía puede complicarse más el tema si aparece en escena para regular las relaciones

entre bancos y Cajas el recientemente creado Consell Asesor del Credit de la Generalitat, del que forma

parte, entre otros, Emilio Botín, que, como se sabe, es el presidente del consejo de administración; del

Banco de Santander. A clarificar todos estos hechos no contribuye tampoco la actuación de determinados

dirigentes de la izquierda catalana que o se inhiben —como el representante del PSUC en su reciente

intervención parlamentaria— o se suman apresuradamente, de forma irresponsable, al mercadeo

electoralista entre Convergencia y el Gobierno central.

Finalmente, no se completa el cuadro anterior sin una referencia a uno de los conceptos básicos

que nos,permite aproximarnos a la posición del Gobierno de la Generalidad frente a la problemática

económica de Cataluña. El Gobierno de la Generalidad trata de impulsar lo que denomina una economía

intersticial, o modelo de industrialización catalana, que centra su interés en los espacios vacíos —las

rendijas— que dejan libres las grandes empresas multinacionales, las empresas públicas y las empresas de

los grupos financieros más poderosos, incluidos, se supone, el Banco Urquijo y la propia Banca Catalana,

a los que se encuentran estrechamente vinculados el consejero de Economía y Finanzas y el presidente de

la Generalidad, El concepto de economía intersticial es ciertamente novedoso, y en economía, como

apuntó en el debate el centrista Alejandro Pedros, está casi todo inventado.

Sin embargo, por su enunciado y contenido parece concebirse como una profundización y delimitación

del concepto capital no monopolista, presunto y muy hipotético aliado natural de la clase trabajadora en

los esquemas estratégicos a los que machaconamente nos tenía acostumbrados Santiago Carrillo en la

década de los años sesenta. La debilidad del concepto reside, fundamentalmente, en el hecho deque si se

eliminan los sectores y actividades en los que están presentes las. multinacionales, los grandes bancos y

las empresas estatales, y se tiene, además, en cuenta que gran parte de los restantes sectores son de alguna

manera subsidiarios, o dependientes —directa o indirectamente— de los anteriores, resultaría que el

citado concepto termina, en la práctica, por identificarse con el de economía residual, para lo que

ciertamente no se requiere un programa de actuación económica.

La economía intersticial es un concepto vago e impreciso que remite a planteamientos no racionales —

sentimentales les llamó Pedros— que ignoran que la economía catalana la constituyen, ante todo, las

multinacionales del sector químico de Tarragona, las grandes empresas constructoras dependientes de los

grandes grupos financieros —recuérdese la compra de construcciones Padrós, precisamente del Banco

Industrial de Cataluña, por la multinacional Laing, gracias a los buenos oficios de Francisco Fernández

Ordóñez-, la Seat, la Telefónica, el Banco Español de Crédito o el Hispano Americano, y un sinfín más,

entre otras razones porque tienen en Cataluña más intereses que los propios sectores específicamente

catalanes a los que, sin duda, se refiere el citado concepto. Esto hay que comprenderlo de una vez porque,

en otro caso, difícilmente podrán abordarse los graves problemas que amenazan a la economía catalana en

La encrucijada actual.

Todo ello es lo que, en breve síntesis, se está discutiendo en el antiguo y bello palacio del Parque de la

Ciudadela, construido por Felipe V para sojuzgar a Cataluña. Afuera, los jardines ya han comenzado a

llenarse de hojas; el sol ya se ha escondido y los primeros fríos del otoño, ahuyentan a los escasos

visitantes y curiosos. En la calle se discuten las consecuencias del anuncio del expediente de crisis de la

Seat —que afecta a más de 25.000 trabajadores y muchas empresas auxiliares— y de la suspensión de

pagos de Aiscondel, en la que está especialmente implicado el grupo Banca Catalana (cuya propuesta de

solución pasa por ceder, una vez más, al Estado las pérdidas de Aiscondel). Dentro del edificio del

legislativo catalán, sólo el desvaído reflejo del cristal de ana de las lámparas que préside la sala nos

devuelve a una realidad que con frecuencia se desvanece.

Santiago Roldan es catedrático de Estructura Económica de la Universidad Autónoma de ´Barcelona y

miembro de los gabinetes económicos del PSC y del PSOE.

 

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