Autor: Mora, Francisco. 
 Tarradellas rompió su largo silencio. 
 Tarradellas: No se ha cumplido mi pacto con Suárez sobre las autonomías     
 
 Diario 16.    14/01/1981.  Página: 4-5. Páginas: 2. Párrafos: 32. 

NACIONAL

TARRADELLAS ROMPIÓ SU LARGO SILENCIO

TARRADELLAS

«No se ha cumplido mi pacto con Suárez sobre las autonomías»

Hace exactamente ocho meses que Josep Tarradellas, primer presidente de la Genera-litat reconstituida,

dejó su despacho de la Casa dels Canonges, en la plaza de Sant Jaume, para pasar a vivir en un piso digno

y amplio, aunque nada ostentoso, de la Vía Augusta barcelonesa. Ocho meses de silencio político que

ahora rompe el honorable Tarradellas con estas declaraciones en exclusiva para DIARIO 16.

ES cierto, señor Tarradellas, que no se ha cumplido el acuerdo adoptado en julio del 77, en Madrid, entre

usted y el presidente Suárez sobre las autonomías?

-Así es. El señor Suárez, tengo la impresión de que no pudo respetar aquel acuerdo porque en cuanto se

constituyó la Generalitat provisional toda España pensó que el Estatuto representaba para Cataluña

grandes beneficios y se produjo una alocada carrera de ambición de autogobierno en todos los demás

países y regiones: la política irreflexiva de .algunos impidió el cumplimiento del acuerdo Suárez-

Tarradellas sobre las autonomías. No supieron darse cuenta de que Cataluña tenía una tradición

autonómica y que una cosa así es muy difícil de improvisar, porque organizar un régimen autonómico es

algo que debía haberse hecho con mucha atención y una gran prudencia.

-¿Teme usted, realmente, que surjan serias complicaciones entre el Estado y las regiones que tienen ya o

aspiran a la autonomía?

-Sí, porque es comprobable que se toman disposiciones que no están dentro de las reglas fundamentales

de la Constitución e incluso del mismo Estatuto de autonomía...

Además, yo creo que la situación de Cataluña y el País Vasco, que son las dos únicas autonomías vigentes

por el momento, antes de hacer decretos o leyes hay que pactar con el Gobierno. Dada la situación

económica, política y social del país, no se pueden hacer las cosas de manera que la gente pueda creer que

no tenemos razón; hacer las cosas con precipitación y a veces desbordando los límites de lo constituido da

la impresión de falta de rigor y de seriedad y esto hay que evitarlo.

-También parece que le preocupa a usted el exceso de funcionariado y de cargos políticos que

necesariamente la de engendrar un Estado de las autonomías, ¿no es cierto?

Funcionarios a miles

—Sí; yo creo que tal como van las cosas, si se continúa por este camino, nos vamos a encontrar, aparte de

con decenas de millares de funcionarios que van a ingresar en los regímenes autonómicos, con tres o

cuatro mil cargos políticos que no sé cómo lo va a poder aguantar el país. Si así ocurre, en definitiva se va

a disgregar el país con organismos y más organismos y esto no es ni útil ni conveniente.

—¿Duda usted, pues, del éxito del Estado de las autonomías?

—A las dos autonomías vigentes, Cataluña y Euskadi, me parece que desgraciadamente en estos

momentos no se les puede augurar mucho éxito, porque tienen Gobiernos ambas de un sólo partido,

quedando fuera del Gobierno todas las demás fuerzas políticas, con su correspondiente representación

ciudadana...

-¿Continúa, en consecuencia, con su vieja aspiración de un Gobierno de unidad para Cataluña?

—Sin un Gobierno de unidad no creo que pueda dar resultado positivo ninguna autonomía. Si sólo

gobierna un partido minoritario y los demás permanecen al margen, veo muy difícil que las cosas resulten

duraderas.

-¿Pero hay que convenir, señor Tarradellas, en que esa unidad cada día se ve más lejos en el horizonte

político de Cataluña, sobre todo después del resultado del congreso del PSUC con el triunfo de la línea

pro soviética, no le parece?

—El resultado del congreso del PSUC a mí no me ha sorprendido, porque aquí no se ha querido hacer un

Gobierno de unidad. Ya sé que es difícil, pero yo conseguí hacerlo y durante dos años y medio aquel

Gobierno permitió que el país estuviera tranquilo, con sentido de responsabilidad y que no se presentaran

enfrentamientos ni crispaciones entre las distintas fuerzas políticas. No es positivo que los socialistas, los

comunistas, la UCD, e, incluso, la Esquerra no colaboren en el Gobierno, ni que a Cataluña la represente,

un solo partido político por muy bien que lo haga.

Se ha desquiciado todo

-¿Pero usted cree todavía posible ese Gobierno de unidad, incluso después de pasar al baúl de los

recuerdos del PSUC el eurocomunismo?

—Ahora ya no es posible la unidad, lo era en el momento de constituirse el Gobierno de la Generalitat de

Cataluña en mayo del 80, pero, por el contrario, se ha hecho una política muy de partido, que yo no

critico, porque quizá era la única que se podía hacer, pero es obvio que sin una política de unidad

Cataluña es ingobernable.

-¿Continúa pensando todavía en la ingobernabilidad de Cataluña?

—Lo dije y lo repito: Cataluña es ingobernable con el Estatuto actual. Y los hechos me están dando la

razón, y si se hubiera busca- do la unidad no se hubiera producido el resultado que ha arrojado el

congreso del PSUC ni lo que se puede producir el día de mañana en el Partido Socialista, en la UCD, en

la Esquerra y en los demás partidos. Ahora se ha desquiciado todo y me parece imposible la unidad y la

gobernabilidad de Cataluña, digan lo que digan.

No se puede vivir en un estado permanente de decepción, desconfianza y desilusión A remolque de

Madrid ¿

-Alguna solución habrá, ¿no le parece señor Tarradellas?

—Primeramente, hay que tener en cuenta que Cataluña ha perdido la autoridad moral que tenía en Madrid

y, con todos los respetos a los partidos y a las personas, hay que decir que vamos a remolque de la política

española, como nunca había pasado, Decir lo contrario es no querer ver la realidad que está a la vista de

manera palpable. -La gente ha perdido en toda España la fe y la ilusión en-el futuro y para recobrar esa

perdida ilusión tendría que haber. un cambio muy fuerte, tanto en Madrid como en Barcelona, cosa que

no preveo de momento, aunque desearía que se produjera.

¿Él célebre agolpe de timón»?

—Así es, pero que .nadie crea que cuando yo- hablo del «golpe de. timón»´, pienso en un hecho

traumático, en un golpe de Estado, ni nada por el estilo. Yo creo que el país necesita una fuerte sacudida

que -devuelva la confianza a los españoles en que las cosas que se les dicen se van ha hacer de verdad: no

se puede vivir en un estado permanente de decepción, desconfianza y désilusión, Hay que buscar, como

sea. pero pronto, una ambición, un proyecto nacional que haga que los españoles recuperen la confianza

en el destino del país y el patriotismo necesario para que este paso a un sistema democrático y pluralista

no quede como una victoria pírrica´.

-¿No cree posible la recuperación de esa ilusión mediante la buena organización del Estado de las au-

tonomías?

—Con esta Constitución las autonomías no pueden tener un.éxito que sacuda al país. Actualmente, no hay

ningún ente autonómico que represente a la gran mayoría de su propio país y durante un tiempo habría

que comprometer a la gente´ en torno a una idea central, destinada a construir la España que todos

desearnos... Me asusta un poco este quietismo, este. fatalismo español que renace una vez más: hay que

hacer algo...

Así no nos salvaremos

-Algo, ¿pero qué? —Hay que tener el patriotismo y el valor de saber rectificar para ir al encuentro de una

fórmula que sirva para sacar a España de este estado de ánimo. En España hay personas que hablan

demasiado y otras que habían muy poco, algunas que son conocidas por " todas partes y otras que no se

dejan conocer, y hay que saber escuchar, hay que. saber explicar y, sobre todo hay que saber ganarse la

confianza del país con obras positivas. La gente quiere y necesita saber qué pasa, por ejemplo, en el País

Vasco... Alguien debe explicarlo.

-Pero, mientras tanto...

—Mientras tanto, si no hay unidad en España, en Cataluña, .en e] País Vasco, en todo, el país, no nos

salvamos... Con 17 Parlamentos, 17 Gobiernos, 17 Poli-cías autónomas, millares y millares de

funcionarios y de atribuciones, -con todo este maremágnum, sin tener una estructura federal, francamente

quisiera equivocarme, pero no creo que podamos salir adelante.

Y conste que no soy federalista, ni lo he sido nunca; si acaso soy federalista de Europa: el federalismo en

España sería un error. El otro día una personalidad . castellana política muy importante, hablando de la

autonomía de Castilla-La Mancha, me decía: sLa gente que realmente quiere la autonomía en mi

provincia cabe toda en un autobús y sobran plazas...»

Todos somos culpables

-Va a parecerías a algunos, señor Tarradellas,. que usted está- contra las autonomías y se ha dejado ganar

por el pesimismo...

—He ninguna manera: ni lo uno ni lo otro; pero me parece que unas" autonomías administrativas o unas

mancomunidades de provincias-podrían haber sido mejor solución que este maremágnum en que estamos

inmersos ahora,.. Hemos corrido damasiado y las cosas no marchan como debieran y de ello todos somos

culpables; tanto el Estado como los ciudadanos..Mire qué lección nos ha dado Galicía. Por otro lado, los

partidos políticos tienen que pensar más en el país que en ellos mismos.

«Soy un ciudadano catalán y español apasionadamente preocupado por el país, con la serenidad

suficíente para darme cuenta de que las cosas podían ir mejor y que se sepa de una vez que nunca voy a

formar un. partido político; pueden estar seguros.» Estas fueron las palabras finaJes de Josep Tarradellas.

Y yo me las creo. Ha sabido hacer honor a su palabra siempre y no tiene por qué cambiar ahora.

 

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