Las fuerzas del orden     
 
   14/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

INFORMACIONES

Las fuerzas del orden

YA se conoce el texto del proyecto de ley de la Policía Nacional remitido por el Gobierno al Parlamento,

con la considerable novedad de la sustitución de la Policía Armada por la Guardia Nacional (o, según

otras fuentes, la Policía Nacional), Cuerpo que adquiere un marcado carácter civil. Se están colocando,

pues, las bases legales para una completa adaptación de las fuerzas del orden a la situación democrática.

Debe ser un paso importante —quizá no definitivo— para la adquisición de esa eficacia profesional que

hoy, posiblemente, flojea en unas fuerzas a cuya indudable desmoralización han contribuido varios

factores.

La eficacia de las fuerzas del orden —que ya tienen un carácter marcadamente profesional y

competente— ha sido indudablemente minada por la remora de sus connotaciones políticas, sobre todo

cuando las criticas indiscriminadas han pretendido aplicar esas connotaciones a todo el conjunto policial,

dificultando enormemente su actuación. Así hemos llegado a situaciones-límite, como son las agresiones

masivas a agentes policiales cuando éstos intentaban detener a un delincuente común y cumplir así con su

deber profesional, que es el de la protección a la sociedad civil. Ese fácil ataque a la Policía, endosándole

en bloque todas las culpas, reales e imaginarias, del anterior régimen, puede y debe cesar merced al nuevo

ordenamiento, del que debe surgir su definitiva profesionalización y despolitización.

Los otros factores de desmoralización que mencionábamos se centran esencialmente en el problema

judicial, que también necesita revisión, porque es impensable la protección social con una Policía

eficiente y unos Tribunales inactivos, que por múltiples razones devuelven a la calle sin mayor proceso a

un número absurdamente elevado de presuntos delincuentes. No dudamos de que esa anormal situación

judicial influya en el ánimo de la Policía.

Sin embargo, y aun reconociendo la subsistencia de problemas externos como el que acabamos de citar,

creemos que la mayor tarea es interna e incumbe esencialmente a las propias fuerzas del orden y al

Ministerio del Interior, su órgano rector —que sólo lo es en parte, recordémoslo, ya que la Guardia Civil

depende aún de dos Departamentos—. Queda una tarea de "rearme moral" por realizar. Los instrumentos

legales para hacerlo van apareciendo; ahora es necesario darles contenido real. En estos momentos de

crecimiento geométrico de la delincuencia —común o política—, la sociedad española precisa de todo

ello, y mira a sus fuerzas del orden con esperanza y respeto.

 

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