Autor: Moreno, María Fe. 
 Aistencia Social en España. 
 Desconocimiento y subdesarrollo  :   
 (Entrevista con Purificación Trigo, presidenta de la FEAAS). 
 Arriba.    05/11/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 28. 

Asistencia Social en España

DESCONOCIMIENTO Y SUBDESARROLLO

(ENTREVISTA CON PURIFICACIÓN TRIGO, PRESIDENTE DE LA FEAAS)

• Nuestra principal problema es el general desconocimiento de cuál es nuestro verdadero cometido • A

nivel rural no hay, prácticamente, asistencia social • En España existe! un asistente social por caída

20.400 habitantes

LOS problemas sociales que acucian al país son importantes. El hombre español, en estos años de pleno

desarrollo, es sujeto de varios movimientos masivos: el éxodo rural, la emigración a Europa, un acelerado

proceso de industrialización..., que llevan consigo problemas de toda índole: el suburbio, el chabolismo,

el desarraigo y un etcétera muy largo.

Ante la complejidad de la vida actual, la sociedad necesita de unos profesionales, los asistentes sociales,

para que con su labor estudien, ofronten y prevengan las situaciones que de esta complejidad se derivan.

Para conocer un poco más de cerca esta profesión, sus problemas y sus aspiraciones, hablamos con

Purificación Trigo Chacón, presidenta de la Federación Española de Asociaciones de Asistentes Sociales.

—Purificación, ¿qué es la asistencia social?

—Según una creencia bastante generalizada, la labor de los asistentes sociales ha sido reducida a escuchar

a las personas en sus problemas, a indicarles las soluciones que tienen —si es que existen— y a realizar

gestiones, muchas gestiones.

Puedo asegurar que nada más lejos de lo que hoy es nuestra profesión. El trabajo social sí es una ayuda a

individuos, pero haciéndoles conscientes de sus problemas, protagonistas en la elección de las posibles

soluciones o partícipes en la búsqueda de ellas.

Pero, además, el trabajo social tiene otra función; detectar y prevenir necesidades, colaborar en la

creación y planificación de recursos sociales, participar en la resolución de problemas. Todo ello en base

a su principal riqueza que le caracteriza: su contacto directo con las personas y con su entorno social.

—¿Con qué medios cuenta la asistencia social para llevar a cabo su acción?

—Nuestros medios son muy escasos por la evidente falta de recursos sociales. La falta de escuelas, de

guarderías, la dramática situación de muchos ancianos y pensionistas, el paro, el caos de la Sanidad y de

la Seguridad Social y tantos otros problemas sociales, se traducen, día a día, en problemas concretos,

personales, y con toda su crudeza, en los despachos de los asistentes sociales.

—¿Dónde están localizados estos servicios de acción social?

—Hay asistentes sociales en barrios y tenencias de alcaldía, en hospitales y ambulatorios, en la empresa

privada y en organismos dependientes de la Administración, en parroquias, escuelas y guarderías. Ahora

bien, no quiere decir que haya asistentes sociales en todos y en cada uno de los sitios citados, será más

correcto decir, por ejemplo, que tos hay en algunos ambulatorios, en algunos hospitales, en algunos

barrios...

—Bien, vayamos a un aspecto que creo bastante importante, ¿estos servicios son gratuitos o, por el

contrario, es necesaria una aportación económica por parte de la persona que vaya a solicitarlos?

—De forma directa, sí, son gratuitos. Nadie que vaya a consultar con un asistente social paga por ello.

Nuestra retribución personal corre a cargo de la entidad que nos contrata: privadas, instituciones de la

iglesia, organismos de la Administración. En este último caso, y de forma indirecta, tos servicios sociales

los pagamos los contribuyentes.

--Sin embargo, no se puede decir que vuestros despachos estén muy concurridos, es que no están sufi-

cientemente bien difundidos estos servicios?

—Efectivamente, no están ni suficiente ni bien difundidos. Muchas personas se abstienen de acudir a

nosotros pensando que su misión es benéfica, hacer gestiones en organismos, conseguir ayudas

económicas. No obstante, poco a poco y a fuerza de trabajo, se nos va conociendo mejor. Somos

conscientes de que nos ha faltado una acertada divulgación de nuestra profesión, y que éste debe ser un

objetivo a conseguir en nuestro cuerpo profesional.

—Me figuro que serán muchos los problemas que tenéis planteados...

—Pues sí, y e| principal es un general desconocimiento de cuál es nuestro verdadero cometido. Además,

existe una insuficiencia absoluta de asistentes sociales para atender adecuadamente las necesidades, que

se planteen.

Las formas de contratación son, por lo general, irregulares, y los planes de estudio vigentes en nuestras

escuelas se hicieron en 1964. No existen estudios de especialización por campos de trabajo. Esta hay que

hacerla directamente, empezando a trabajar, en la mayoría de los casos, en solitario.

Pocas personas saben, o hacen que no saben, que para ser asistente social es preciso estudiar una carrera

que está reconocida oficialmente como técnico de grado medio. Esto da pie a un grave intrusismo que en

ocasiones ha sido avalado por la propia Administración.

—Hace unos días, el Ministro de Sanidad y Seguridad Social declaraba una revista que estaba dispuesto a

intentar una forma revolucionaria, que consiste en que la ayuda familiar, tos «famosos» puntos van a

suprimirse con el fin de dedicar ese dinero a la creación de guarderías

—Hay que suponer que esta fórmula estará siendo estudiada de forma meticulosa, ya que sería una

medida muy seria. Es cierto que no hay guarderías económicas y que los «puntos» hoy son una limosna.

Pero, ¿se van a crear guarderías en todos los pueblos de España o solo preocupe la problemática de las

grandes ciudades? Puede que la idea sea acertadísima, pero, en todo caso, sería conveniente, si es que no

se ha hecho, conocer la opinión de la mayor parte de los afectados.

—¿Me puedes explicar brevemente cuál es la situación de la asistencia social, a nivel urbano y a nivel

rural?

— Casi todos los asistentes sociales en ejercicio trabajan en las zonas urbanas y, de entre éstas, en las más

industrializadas, pero, en número tan reducida que impide la realización de un trabajo efectivo.

A nivel rural no hay, prácticamente, asistentes sociales. Y esto pone en evidencia el hecho de que se nos

necesita, no para prevenir, sino para atender los problemas personales de las grandes ciudades. A las

zonas rundes hay que dotarlas de una estructura adecuada, de todos los servicios sociales precisos, hay

que ir a trabajar a ellas, ya que entiendo, no se puede planificar desde la mesa de despacho de una ciudad.

—A nivel internacional, ¿me puedes decir cuál es la situación de nuestra asistencia social?

—Hay países en los que la situación de los asistentes sociales puede ser igual a la nuestra, pero refi-

riéndome solamente a Europa pienso que en todo caso serán muy pocos, ya que la ejecución de un trábalo

social como hoy en día se concibe» depende del grado de desarrollo del país, pero, sobre todo, de que éste

tenga arraigadas unas formas democráticas de convivencia.

Desde un punto de vista numérico, nuestra inferioridad con otros países es grande. No han cambiado

mucho los datos de 1965, que decían que en Suiza había un asistente social por cada 2.700 habitantes; en

Francia, uno por cada 2.600, y en España, uno por cada 20.400.

—Para terminar, ¿puedes decirme cuál es el futuro de esta profesión de cara a la juventud?

—La juventud ha comprendido cuál es el verdadero sentido del trabajo social y se interesa por él, de ahí

el que de año en año aumenten el número de matrículas en las escuelas para seguir los estudies

correspondientes, a pesar de las dificultades y condiciones de empleo con las que se van a encontrar una

vez titulados.

(fotos: Romero)

Mari Fe MORENO

Sábado 5 noviembre 1977

 

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