Autor: Río López, Ángel del. 
   Taxista, una profesión dura en la picota     
 
 Ya.    14/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

TAXISTA, UNA PROFESION DURA EN LA PICOTA

Tres grupos disidentes entre sí: empresarios, auto patronos y asalariados

Los asalariados: constante lucha reivindicativa para elevar sus sueldo

Empresarios: se quejan de crisis en la industria, redimida en parte por la reciente subida de tarifas

Unificación: todavía en el aire, porque algunos no están de acuerdo

El fenómeno asalariado, un problema con el que el Ayuntamiento no ha podido acabar

DESDE hace ya algunos años, la industria del taxi no se ha apeado de la polémica. A los problemas

surgidos por una deficiente estructuración del servicio se han unido otros dé Upo laboral que han

condicionado en determinadas circunstancias un alto grado de conflictividad en el sector, recaída en la

mayoría de los casos sobre el sufrido usuario del taxi.

Hay en Madrid 15.000 licencias de taxis, pero la cifra de taxistas no coincide con el número señalado.

El gran problema de la industria del taxi es, sin lugar a dudas, el de la explotación de las Ausencias.

Por parte de los asalariados se ha venido manteniendo una constante lucha con el Ayuntamiento para

evitar que las Licencias continuaran concediéndose de un modo anáfiiiton "El taxi, para quien lo trabaja",

ha sido la frase sempiterna en boca de los asalariados. Y aquí radica el quid de la cuestión. La Industria,

como servicio público privado—muchas veces se ha pedido su municipalización—, no permite una

excesiva explotación industrial. El que de un taxi vivan dos y hasta tres personas encarece evidentemente

sus costos, en detrimento del usuario.

tos asalariados

La profesión de taxista ha venido estando en la picota. Se la ha definido como una profesión dura—hay

que lachar muchas horas COK el tranco enloquecedor de Madrid—, arriesgada—los taxistas han sufrido

atracos, Incluso muchos de ellos han muerto a manos de sus atracadores—, poco remunerada—hay que

echar muchas horas para sacar un sueldo decente—y siempre sujeta a una serie de conflictos laborales, de

los que pocas veces han salido beneficiados en la medida demandada por ellos.

Dentro de la industria del taxi hay tres grupos claramente definidos: empresarios, auto patronos y

asalariados. Estos últimos han venido reivindicando constantemente su situación; han denunciado el

monopolio existente por parte de los empresarios, la necesidad de que el Ayuntamiento les conceda

Ausencias; unas veces han dado vivas al Ayuntamiento—cuando han conseguido auge, léase turnos de

libranza—y otras se han vuelto contra él, pidiendo la dimisión de sus responsables.

Los asalariados piden licencias porqué de esta forma, dicen, se acabarán los problemas de una vez para

siempre. Pero, en nuestra opinión, el fenómeno asalariado no se acabará en tanto no se lleve a cabo una

reestructuración de la industria. Como ha venido ocurriendo, muchos de los asalariados a los que se les ha

concedido licencia se han convertido en empresarios y han contratado nuevos asalariados para la

explotación del taxi. El fenómeno se regenera y su control resulta difícil.

Los asalariados, que bastantes roces han venido teniendo con la Agrupación Sindical de Auto Taxi,

crearon un sindicato unitario y se separaron definitivamente de los patronos.

Los auto patronos

El grupo de auto patronos lo forman la mayoría de los taxistas madrileños. Son los que trabajan su propio

taxi, los que están a caballo entre empresarios y asalariados. Estos han formado una federación propia, la

de Trabajadores Autónomos del Taxi.

Los problemas suscitados por este grupo son los propios de la explotación de la industria: necesidad de

elevar las tarifas, medidas de tráfico que permitan una mayor fluidez para los taxis y exacciones de ciertos

impuestos municipales que gravan la industria. Como "intermediarios" en los conflictos laborales que

muy a menudo se originan entre empresarios y asalariados, una veces apoyan a unos y otras a otros, según

el tipo de reivindicaciones, porque ellos son carne de las dos partes.

Los empresarios forman un grupo minoritario. Sin lugar a dudas han sido siempre los más atacados, por

esas acusaciones de explotación de la industria sin trabajarla, de haber sido portadores de más de una

licencia por persona, aunque sobre el particular hay también excepciones.

Los empresarios han presentado continuamente su queja por la baja rentabilidad que ha alcanzado la

industria. Protestan por el precio de los materiales y accesorios, por los Impuestos y por los salarios de

sus empleados. Reiteradamente han venido solicitando la elevación de tarifas, único medio, según ellos,

de mantener una industria que estiman deficitaria.

"Gano menos que un taxista". Y las dos afirmaciones pueden ser perfectamente válidas. El auto patrono,

naturalmente, suele ser el mejor remunerado porque trabaja por sí mismo el taxi. El empresario, según el

número de carreras y de personas que le trabajen el taxi, y el asalariado, el eterno disconforme, sujeto a

un sueldo, a veces a comisiones sobre la recaudación diaria y pendiente de la institucional propina.

En marzo del presente año se iniciaron las conversaciones para el convenio colectivo de los taxistas.

Desde el primer momento hubo discrepancia en cuanto a las tablas reivindicativas propuestas por los

asalariados y que se concretaban en 700 pesetas diarias, 20 por 100 de la recaudación total y jubilación a

los cincuenta y cinco años. Por su parte los empresarios dijeron que no podía hacer frente a esas

reivindicaciones -porque la industria atravesaba una aguda crisis como consecuencia de no haberse dado

respuesta a su solicitud de aumento de tarifas. Las negociaciones del convenio quedaron definitivamente

rotas y se llegó al laudo, quedando muy por debajo de las pretensiones de los trabajadores.

El pasado mes de junio.

La discutida unificación

Desde hace varios años, y a instancias de los taxistas de algunos municipios madrileños, se comenzaran

las gestiones para unificar el servicio de taxis entre Madrid y los pueblos limítrofes. En las últimas

semanas las gestiones han sido Intensas para llevar a buen puerto esta idea, pero a la firma del acta de

unificación faltaron los .representantes de la Federación de Autónomos, y la unificación quedó en punto

muerto; después, la Federación razonaría su postura estimando que la pretendida unificación encubriría

otra anárquica adjudicación de licencias, puesto que el Ayuntamiento de Madrid ya había anunciado su

intención de elevarlas a 15.500.

¿A quién interesa la unificación?En primer lugar, a los usuarios, porque se acabaría con los limites de

tarifa normal y tendrían opción a un servicio más amplio; en segundo lugar, a los asalariados, que Verían

aumentar la demanda y podrían moveré en un marco de competencia laboral más amplio. Para los auto

patronos y empresarios, la unificación traería consigo una mayor competencia, que ya consideran

ahora excesiva, y la supresión de los límites de tarifa» supondría un nuevo quebranto para la economía de

la industria.

Ser taxista exige sacrificio, muchas horas al volante y estar constantemente en lucha reivindicativa. Al

menos la historia así lo df muestra.

Ángel del Río López

 

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