Autor: Dávila, Carlos. 
 Con los resultados previstos, están condenados a entenderse. 
 El Psoe trata de evitar un nuevo enfrentamiento con los empresarios     
 
 ABC.    20/05/1982.  Página: 29-30. Páginas: 2. Párrafos: 7. 

Con los resultados previstos, están condenados a entenderse

El PSOE trata de evitar un nuevo enfrentamiento con los empresarios

SEVILLA (Carlos Dávila, enviado especial). Como era de prever, los empresarios han vuelto a

la carga. Se han vuelto, en definitiva, a anunciar. La suspensión del acto administrativo

decretada por la Audiencia de Sevilla ha venido a dejar las cosas en su sitio: podrán seguir la

campaña. ¿De qué forma? Creo que moderadamente. El PSOE insiste en que la CEA (filial

medianamente autónoma de la CEOE) no puede seguir en la brecha e incluso se atreve a

asegurar que de hacerlo cometerá un grave delito electoral. Pero las cosas no pasarán a

mayores, porque los socialistas no quieren —éste es mi particular criterio— revolver más las

aguas y enfrentarse con los empresarios en vísperas de las elecciones y en vísperas también

de los resultados, de unos resultados que previsi-blemente serán tan elocuentes como para

que unos y otros estén condenados a entenderse. Esto es lo que dice en privado Rafael

Escuredo, pesaroso en algún momento de que las cosas hayan llegado a tal extremo de

agresividad. Los socialistas han tratado esta mañana de recuperar el terreno empresarial y han

insertado anuncios periodísticos dirigidos al pequeño y mediano propietario, a ese votante

potencial al que Alfonso Guerra supone, según la doctrina oficial de su partido, confrontado con

la cúpula de la Organización. Personalmente, me cuesta creerlo. La Directiva andaluza asegura

de todos modos, que en esta región la única patronal que negocia «el ciento por ciento de los

convenios somos nosotros» y que, en consecuencia, «somos los únicos representativos». Que

cada uno extraiga de estas frases las consecuencias. La enseñanza de todo este desagradable

incidente es que los empresarios no se van a resignar nunca más a ser fuerza pasiva en las

consultas electorales y que estas regionales cuya campaña termina son, simplemente, un

ensayo general con todo para las próximas generales. Tengo la noticia de que la CEA

(Confederación de Empresarios Andaluces) posee nuevos datos sobre el previsible resultado

de las elecciones del domingo cálido que se avecina. De hacer caso a éste sondeo, que a lo

mejor los empresarios depositan en un notario, tal y como hicieron días antes de las elecciones

gallegas, el PSOE no va a ganar con estrépito, UCD se mantendrá en un nivel mínimamente

aceptable y Alianza Popular subirá considerablemente. La incógnita vuelve a llamarse Partido

Socialista Andaluz. Estos son los datos, pero yo en esta consulta tan particular no avalo

absolutamente nada. Del PSA en estos momentos se sospecha absolutamente todo. Es tal la

ausencia de información que se posee sobre sus intenciones y sobre sus posibilidades del

domingo, que se han disparado las especulaciones. Rojas Marcos, el líder que tuvo que mante-

nerse en el número dos de las listas, ha vuelto a insistir y dijo que quedará en segundo lugar.

Pero eso es lo de menos; los demás es que el PSA parece un comodín para futuros pactos y

reo de todos los pretendidos acuerdos subterráneos que uno pueda imaginarse. Por ejemplo,

se ha dicho en fuentes socialistas que Rojas ya ha pactado con UCD y que el candidato

centrista no es Merino, sino Uruñuela. En el otro ámbito ideológico se contesta que el pacto es

precisamente el contrario y que el PSOE ya ha comenzado a entenderse con el PSA. Se insi-

núa incluso — lo mismo he oído en sectores empresariales concretos— que si Escuredo llega

de nuevo a la presidencia de la Junta, Uruñuela podría ser el candidato del consenso socialista

para la del Parlamento. Son para mí, sin embargo, meras especulaciones sin demasiada base,

que, no obstante, pueden concretarse después de las elecciones, porque una cosa hay que

aclarar: el día 24 los pactos que hoy se niegan pueden mañana hacerse realidad. Y además es

natural y nadie debe escandalizarse por ello. Ya lo dijo ayer en Sevilla el presidente del

Gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo. Creo que es una opinión autorizada. Lo que es seguro es

que los empresarios no van a volver a publicar la manzana, y el gusano de la discordia,

manzana y gusano de los que no se arrepienten y que fueron objeto, al parecer, de profunda

meditación anterior. En mi opinión, los empresarios están sirviéndose con todo derecho de

estas elecciones para analizar cuál puede ser su comportamiento en las generales. Ya dije en

una ocasión, y me ratifico en ésta, que Andalucía es el laboratorio electoral de España, aunque

todos los partidos sin excepción, por diferentes razones, aseguran que los resultados del

domingo, sean cuales fueran, no deben extrapolarse al resto del país; lo mismo se decía en

octubre antes de la con-sulta gallega y ya recordamos lo que pasó. El prestigio de todos está

en juego: el del PSOE, porque se encuentra en situación de ganar las primeras elecciones

desde la instalación de la democracia; UCD, porque necesita un resultado digno para

mantenerse tal cual es; el PSA, porqué éstas son sus elecciones y la afirmación no precisa de

más comentario; AP, porque tiene que refrendar su indudable escalada nacional, y el PCA, por-

que, en fin, precisa convencer a los españoles de izquierdas de que su última crisis no ha

terminado definitivamente con sus posibilidades electorales. De modo y manera que el 23 no

es, ni mucho menos, un domingo intrascendente. Así lo han entendido, por lo demás, los

obispos, que han vuelto a recomendar la participación y han apostado, a mi juicio muy de-

finidamente, por opciones concretas. ¿Cómo, si no, pueden interpretarse sus recomendaciones

a los cristianos para que emitan un voto consecuente con su formación y que no sea

contradictorio con «nuestra idea del hombre y la sociedad»? Por sí no estuviera claro, las

palabras de Carrillo refiriéndose al suceso de las supuestas lágrimas de la Virgen gaditana ha

terminado de despejar las incógnitas. Ha dicho el secretario general del PCE: «Lo que sudan

son los cuartos en el bolsillo del señor cura.» El viejo anticlericalismo de izquierdas, otra vez al

ataque. Peor para Carrillo. En las últimas horas, el centro y la derecha van a tirarse a degüello.

Noticias tengo para emitirlo. Añoveros, el ministro de Hacienda, que forma con García Diez el

tándem de los socialdemócratas nada queridos por los empresarios, ha soltado una andanada

a Manuel Fraga que es de esperar encuentre contestación en breve plazo: «Fraga —ha

dicho— es el responsable del desmantelamiento de Andalucía en los sesenta.» A mi parecer, la

frase de Añoveros es especialmente inoportuna en un momento tan decisivo de la campaña, a

la hora de la recogida de votos. A UCD se la acusa en medios empresariales de defender

públicamente unas opciones económicas y plantear otras. Se dice, por ejemplo, que el

candidato centrista sevillano Muñiz es maestro en el arte de brindar a la empresa privada. Mi

observación particular es que las bases empresariales tienen mayor empeño que Alianza suba

que en evitar que UCD se desmorone, pero en los últimos momentos, y de acuerdo con

algunas recomendaciones, a medio camino entre la sutileza y la sugerencia descarada, pueden

cambiar las tornas. Por medio está el llamado útil, que los empresarios disfrazan como voto

reflexivo.

El decreto de 1977 difícilmente puede servir de guia en las próximas generales

La campaña de Andalucía está siendo, para mí, la consagración de la fuerza empresarial como

grupo de acción política. Sea cual sea el resultado final del contencioso planteado entre los

partidos de izquierda y la CEA, la polémica ha devuelto sobre el tapete de las discusiones una

cuestión para mí transcendental: la regulación de las presencias en una campaña electoral. El

decreto del 77, en el cual, entre otras antiguallas, se hablaba del papel de los jefes provinciales

del Movimiento, difícilmente podrá servir de guía para la próxima campaña ae las generales.

 

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