Autor: Fernández de la Mora y Mon, Gonzalo. 
   La derecha necesaria     
 
 ABC.    24/01/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LA DERECHA NECESARIA

ES un dato experimental que la democracia inorgánica funciona mejor con el bipartidismo (ya sea puro,

ya resultante) que con el multipartidismo, porque éste no suele propiciar la formación de gabinetes

eficaces y estables. De ahí que, en un sistema pluralista, cuanto más se promueva el bipartidismo, más se

fomentará la capacidad gestora del Gobierno y, en definitiva, el orden social, porque no hay Estado

eficiente con vacío de poder.

Es también un dato experimental que a democracia pluralista requiere alternativas políticas que sean

solidarias en lo fundamental; pero diferentes en los equipos personales y en las soluciones propugnadas

para cuestiones concretas de gobierno. Apelando a una terminología vulgar, diríase que las

democracias pluralistas necesitan una derecha y una izquierda, o sea, un conservatismo objetivo que

habitualmente actúe como factor de realización y de consolidación, y un progresismo más o menos

utópico que preferentemente opere como un factor de incitación y de crítica.

De las elecciones generales de junio ha salido una izquierda claramente definida, básicamente integrada

por los partidos socialistas y por el Partido Comunista. Sus propias definiciones y sus actitudes dentro y

fuera del Parlamento han confirmado la localización izquierdista de estos grupos en el espectro político

español.

Pero ¿existe una derecha? La U. C. D. se califica de centrista. Tal autoconceptuación, ni siquiera

unánime, es, como todo lo semántico, más un indicio que un inapelable testimonio sobre el fondo. La

cuestión ha de ser analizada al nivel de los hechos. El enjuto programa electoral de U. C. D., aunque

alejado del ideario marxista, que es el aglutinante español de la izquierda, resultaba ambiguo y

dudosamente incardinado en la derecha. A pesar de ello reclutó la mayor parte de los votos derechistas

con una campaña electoral más de imagen que de tesis. La práctica política de la U. C. D. es la que ha ido

despejando las incógnitas iniciales y, como se ha proclamado desde los escaños de la oposición, es

evidente que el Gobierno ha tomado banderas que empuñaban los socialistas, y pactado constantemente

con la izquierda, incluso en la trascendental cuestión de las «nacionalidades». Por sus hechos

gubernamentales, la U. C. D. no ha ocupado el espacio político de la derecha. Sólo Alianza Popular, en su

programa y en sus actuaciones parlamentarias se ha colocado siempre en la derecha del arco político

español. Dentro de una nación desarrollada ¿podría funcionar la democracia inorgánica con una derecha

que, como la aliancista, representa tan sólo el 4,5 por 100 del Congreso? En Portugal se han manifestado

espectacularmente las consecuencias de una dirigida eliminación de la derecha: revanchismo liquidador,

radicalismo utópico y acusado desequilibrio general.

Actuaron lógica y pragmáticamente quienes, desde dentro y desde fuera, configuraron una izquierda

española para la nueva democracia inorgánica; pero obraron equivocadamente quienes, inicialmente,

dividieron a la derecha y luego caricaturizaron al sector más genuino y difuminaron y desviaron al sector

más problemático. Esta serie de errores y la posterior frustración de muchos electores ha creado un

cuantioso déficit de representación en la derecha. Este vacío, ya adverso en el actual período transitorio

de presidencialismo regio, podría ser dramático en el sistema parlamentario que preconiza el anteproyecto

de Constitución. Unos gabinetes siempre pendientes del voto de confianza de una pluralidad de partidos

minoritarios en permanente subasta hacia la izquierda, ¿a dónde nos conducirían? Sin duda, a un creciente

deterioro económico y social.

En España existe una gran derecha sociológica, multiplicada y consolidada durante las brillantes décadas

del desarrollo y, por tanto, más dilatadas que la que hemos tenido en ningún otro momento de este siglo;

pero no se ha encauzado adecuada y eficazmente. Hay que integrar en un gran partido a esa derecha hoy

acomplejada, confundida y fragmentada por las flaquezas de todos, aunque sean infinitamente mayores

las de unos que las de otros. Esa empresa exige la abdicación de los personalismos; pero, sobre todo, la

clarificación programática y la consecuente renuncia al oportunismo sistemático. Esta no es una maniobra

coyuntural; es una tarea de ser o no ser para la concepción humanista del mundo en nuestra patria.

Y no caigamos en la trampa de admitir el sofisma frentepopulista de que la derecha tiene que atomizarse

y aun socialistizarse para evitar un polar enfrentamiento con el marxismo. Ese enfrentamiento entre el

humanismo y el marxismo existe en una buena parte del mundo, y su carácter pacífico no depende de la

entrega de uno de los adversarios, sino del talante de ambas partes. En Cuba o en Hungría el contraste no

pudo ser dialéctico, y se convirtió en armado, porque así lo quiso la izquierda. Pero en otros países, como

en Francia, esa confrontación es razonable y pacífica. Una gran derecha no sería una provocación, sino

una disuasión contra las amenazas y una invitación a respetar el Estado de Derecho. Esa derecha no hace

falta inventarla, porque ya existe. Para que asumiera su protagonismo político casi bastaría con dejar de

confundirla, de acomplejada y de cuartearla desde dentro. Pero lo deseable es que, además, se la dote de

un instrumento definido e integrador, es decir, de un gran partido.

Gonzalo FERNANDEZ DE LA MORA

 

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