Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   La derecha     
 
 Informaciones.    21/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 2. 

LETRAS DEL CAMBIO

LA DERECHA

Por Jaime CAMPMANY

UNA de las razones del éxito del Centro en estos primeros pasos y en los balbuceos de la transición —di-

go una de las razones, porque hay varias y diversas— es que hay mucha gente en este país que tiene

vergüenza de definirse de derechas y tiene miedo a ser de izquierdas. Con frecuencia, la derecha española

ha sido cerril, egoísta, intransigente y despótica. Y por si fuera poco, inculta. No sólo inculta, sino que ha

manifestado un olímpico desprecio hacia la inteligencia, hacia la creación artística y literaria, hacia el

respeto del intelectual. Decía que defendía los valores del espíritu. Era mentira: los utilizaba para su

servicio, humillándolos, asfixiándolos, aherrojándolos. Con igual frecuencia, la izquierda española ha

sido revanchista, revolucionaria, excluyente, destructora, demagógica. Y por si fuera poco, a la hora de la

verdad, ha confiado mucho más en la brutalidad de la acción que en la predicación de la doctrina y en la

virtualidad del diálogo. Decía defender el bien supremo de la libertad. Era mentira. Utilizaba la libertad

para subvertir las situaciones de esclavitud. Seguramente alguien podría citarme ejemplos ilustres o

heroicos para objetar estas afirmaciones. Los acepto de antemano, siempre que se reconozca que no pasan

del alcance de excepciones.

En estas primeras elecciones de la Monarquía —de esta Monarquía que tiene vocación de Monarquía

constitucional y que lo será cuando tengamos Constitución— y de la democracia, ha vencido el Centro y

gobierna el Centro. Pero tengo la sospecha que el porvenir de esta democracia se halla pendiente de que

tanto la derecha como la izquierda abandonen sus vicios tradicionales. Dejando al margen la

ultraizquierda marginada y poniendo en cuarentena el fenómeno del eurocomunismo (o trampa infantil o

fenómeno político de magnitud insospechable), el Partido Socialista Español tiene sobre sus hombros hoy

la responsabilidad de presentarnos una izquierda que no atemorice a los que quieren ser izquierdistas sin

caer en la revancha, en la revolución, en la destrucción y en la demagogia. Y dejando también aparte a la

ultraderecha inquisitorial o nostálgica, la derecha española, hoy vergonzante y disgregada, tiene la

responsabilidad de no avergonzar a quien quiere ser de derechas sin caer en el cerrilismo, en el egoísmo y

en la tiranía. En el cuerpo político nacional empiezan a brotar síntomas de que ambas cosas son posibles.

Una derecha moderna y civilizada es necesaria como opción política. Sí no la crean, esto no será una

democracia: será una confusión y un desbarajuste en el que nadie estará en su sitio.

 

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