Autor: Urbano, Pilar. 
 Españoles en el Consejo de Europa. 
 Nuestra delegación unida pero bipolarizada     
 
 ABC.    14/02/1978.  Página: 9-10. Páginas: 2. Párrafos: 37. 

ABC. MARTES, 14 DE FEBRERO DE 1978. PAG. 9

ESPAÑOLES EN EL CONSEJO DE EUROPA

NUESTRA DELEGACIÓN, UNIDA, PERO BIPOLARIZADA

UN grupo de parlamentarios españoles «estrenó» el otro día, en Estrasburgo, su escaño europeo. Sin afán

de malabarismos verbales, hay que suponer en estos hombres no sólo «vis», sino también «bis»

parlamentaria para jugar en Comisiones y Plenos de Madrid y de Estrasburgo.

Una casualidad onomástica reúna a los tres «Gregorios» de nuestras Cortes en la Asamblea del Consejo

de Europa. Y, además, con «el aliciente» para aquellos asambleístas de que cada uno de ellos obedece a

ideologías y militancias muy distintas: Gregorio López Bravo, de Alianza Popular; Gregorio López

Raimundo, del P. S. U. C.-P. C. E., y Gregorio Peces-Barba, del P. S. O. E.

Los tres ofrecen para A B C su personal visión de ese «debut» en el Consejo de Europa.

• GREGORIO PECES-BARBA (del Grupo Socialista): «Los socialistas no somos novatos en aquella

casa»

—Personalmente, la presencia de nuestro país y también mi condición de parlamentario en el Consejo de

Europa me ha producido una honda satisfacción. Desde hace muchos años, durante todo el tiempo en que

he estado en oposición clandestina al franquismo, uno de los centros de nuestra actuación era el Consejo

de Europa y la Convención Europea de Derechos Humanos. El Partido Socialista Obrero Español ha

tenido siempre también una presencia decisiva en ese mundo. No se puede olvidar que hoy el grupo

parlamentario más importante en el Consejo de Europa es el grupo socialista. Por eso en noviembre,

cuando los parlamentarios europeos no estaban decididos a nuestra incorporación hasta que estuviera

aprobada la Constitución, fue decisiva la intervención de Felipe González y del senador socialista José

Federico de Carvajal para la reconsideración y aceptación de nuestra presencia desde aquel mismo

momento.

Por otra parte, mi presencia en Estrasburgo arranca desde hace más de diez años como profesor de

Derechos Fundamentales en aquella Universidad.

Por todas esas razones mi satisfacción es muy sincera y no soy, como no somos los socialistas, novatos en

aquella casa. Piénsese que a algunos de los que ahora van y hacen manifestaciones retóricas de

satisfacción, no les dejaban entrar sólo hace unos meses por franquistas. Por eso hay que saber quiénes

son los auténticos defensores de la libertad en nuestro país.

—¿Cuál es la verdadera «importancia» del Consejo de Europa?

—Desde el punto de vista jurídico y de defensa de los Derechos Humanos, el Consejo de Europa es una

institución importante para la vigilancia de la acción de los Estados en esa materia. Eso explica las

preguntas críticas que se hicieron al ministro de Asuntos Exteriores, después de su intervención el pasado

enero en la asamblea, sobre el voto de España en la O. N. U. respecto a la condena de Chile. Después de

nuestra incorporación al Consejo de Europa ya no podrán hacerse acciones tan inexplicables como ésa.

Por otra parte, la necesaria adecuación de nuestro ordenamiento jurídico a la Convención de Derechos

Humanos y a sus protocolos adicionales y la posibilidad de recurso individual ante la Comisión Europea,

por violaciones en España de los derechos protegidos en los textos europeos, son aspectos que van a

revolucionar la práctica y la legislación de nuestro país.

• GREGORIO LÓPEZ BRAVO (del Grupo Independiente): «Hay que nacionalizar la política exterior de

España»

—Los parlamentarlos de doble escaño, ¿olvidaron en «Europa» sus diferencias partidistas?

—La Delegación española, particularmente numerosa en esta ocasión, porque a los doce miembros

titulares nos acompañó la mayor parte de los suplentes, dio muy razonables muestras de cohesión. Me

parece un aspecto digno de ser destacado porque, como vengo diciendo con ocasión y sin ella en la

Comisión de Asuntos Exteriores de nuestro Congreso de Diputados, me parece un objetivo prioritario

«nacionalizar» la política exterior de España, que cuantas más veces mejor, y siempre, si posible fuera,

nuestros acuerdos se obtengan por consenso, por muy laborioso que resulte en ciertos temas.

—¿Qué grupos parlamentarios hay y cuál tiene la mayoría?

—En el momento de incorporarse la Delegación española había estos grupos: el Socialista, que con 100

miembros es el más numeroso; el grupo Demócrata Cristiano, 64 miembros; el Independiente, con 54; el

Liberal, con 34; el Comunista, con 18 miembros.

Aparte quedan 26 representantes no integrados en grupos políticos antes de nuestra llegada.

—Y Alianza Popular, ¿dónde se integró?

—Nos incorporamos al grupo Independiente, con gran satisfacción de todos sus miembros.

El grupo lo preside Sir John Rodgers, conservador británico, y los vicepresidentes son los señores Lidgard

y Stray, también conservadores, de nacionalidad sueca y noruega, respectivamente.

—Y U. C. D., ¿con liberales o con democristianos?

—Pues no, ni con unos ni con otros: entiendo que la representación de la Unión del Centro Democrático

no se ha incorporado todavía a ningún grupo político. Me pareció oír a sus representantes que han

decidido no hacerlo basta que se celebre el próximo Congreso del partido.

—Pasando al contenido de las sesiones, ¿temas que se discutieron?

—A mi juicio, los temas de mayor importancia fueron el de los derechos del hombre en el mundo y la

situación de los emigrantes en Europa.

Respecto al primero, reitero lo que ya le dije antes: que no debe empequeñecerse tan grave materia

circunscribiéndola a algún caso aislado, cuando parece aceptado por todos que los derechos de la persona

humana fueron violados en 116 países en 1977.

En lo que afecta a los trabajadores emigrantes en Europa, que con sus familias suman diez millones de

personas, constituye una auténtica vergüenza continental que solamente la República Federal Alemana,

Grecia, Luxemburgo, Países Bajos, Portugal, España, Suecia y Turquía hayan suscrito la Convención

europea relativa al Estatuto jurídico de los trabajadores emigrantes de mayo de 1972, es decir, menos de

la mitad de los 20 países que hoy componen el Consejo de Europa.

En este sentido fue del mayor interés el informe del señor Scaneiter, representante especial del Consejo de

Europa para los refugiados nacionales y los excedentes de población.

• GREGORIO LÓPEZ RAIMUNDO (del Grupo Comunista): «Debimos condenar el régimen de

Pinochet, en la O. N. U.»

—La incorporación de España al Consejo de Europa fue, sin duda alguna, el hecho más sobresaliente de

las sesiones a que acabamos de asistir. Era emocionante asistir a ese unánime saludo que se hizo a España

en Estrasburgo.

—El discurso del ministro Oreja Aguirre suscitó cierta controversia. ¿Cómo lo «vio» usted?

—Fue un discurso muy aplaudido por los asambleístas europeos y las preguntas que le dirigieron a

continuación mostraban a las claras la favorable disposición de la asamblea hacia la democracia

española... Ahora bien, esas mismas preguntas pusieron en evidencia la extrañeza producida por la

reciente abstención de España en la O. N. U. en la votación condenatoria del régimen de Pinochet por su

criminal violación de los derechos humanos en Chile.

Antes, aquí, en Madrid, en el Congreso de Diputados y en la Comisión de relaciones exteriores, habíamos

propugnado y reclamado esa condena de España al régimen de Pinochet, y no sólo por solidaridad con el

pueblo chileno, sino porque la abstención en que se refugió el Gobierno español iba a quitar credibilidad a

nuestra naciente democracia.

—¿Cuál es el signo político e ideológico predominante en la Delegación española en el Consejo de

Europa?

—Hay representantes de todas las minorías parlamentarias, pero su composición general y la manera

como han sido elegidos el presidente y los vicepresidentes reflejan, una vez más, esa tendencia de Unión

de Centro Democrático y del P. S. O. E. a la bipolarización.

—Sería lamentable una querella interna entre nuestros parlamentarlos, cara a Europa...

—La Delegación apareció unida y coherente. Ahora bien, esa unidad podría romperse en el futuro si los

representantes de U. C. D. persisten en resolver las cuestiones bilateralmente, sin contar con los demás

miembros de la Delegación española.

—¿Qué solución ofrece usted?

—Se trataría, naturalmente, de discutir y de coordinar nuestra acción en todo aquello que afecte directa y

explícitamente a España. En el resto de la cuestiones los parlamentarios de cada minoría actuarían en los

grupos políticos de la asamblea a los que se hayan inscrito. Yo, personalmente, pertenezco al grupo

comunista, integrado, hasta este momento, por dieciocho diputados y senadores comunistas de diferentes

países.

—Pilar URBANO.

 

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