Autor: Fernández-Miranda y Hevia, Torcuato. 
   La reconstrucción de la derecha democrática     
 
 ABC.    24/11/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

LA RECONSTRUCCIÓN DE LA DERECHA DEMOCRÁTICA

T ENEMOS que insistir, la derecha no es lo que la izquierda dice que es la derecha. Tampoco es lo que

determinada derecha proclama de sí misma. Hablamos de la derecha democrática. Esta derecha específica

es, sin reticencias ni reservas, una clara opción democrática.

En unas declaraciones a este mismo periódico —publicadas en el ABC del 19 del pasado octubre—, el

secretario general del Partido Socialista. Felipe González, decía: «La derecha española no se ha

organizado todavía porque no ha tenido necesidad de organizarse. Porque durante cuarenta años ha

mandado sin necesidad de organización." Esta afirmación es muy aguda, pero falsea la cuestión.

Aunque se califique al régimen de Franco como una dictadura de derechas, lo cierto es que la derecha

democrática careció de existencia, al igual que los partidos de izquierda, si bien en circunstancias

diversas, pero que no afectan a la sustancia de la cuestión. Los partidos de izquierda fueron negados desde

el primer momento, estaban con el enemigo, pero igualmente los partidos de derecha fueron disueltos,

aunque la disolución se presentara como una integración o superación de los partidos.

Si en España se quiere construir de verdad la democracia, no se puede desconocer que hay una gran masa

de españoles que son de derechas, que han aceptado el cambio, que quieren la democracia y que por todo

ello, y muchas razones más, quieren ejercer la libertad política y elegir a sus representantes desde una

clara posición de derecha democrática.

En las citadas declaraciones, Felipe González ha dicho: «Si el lugar de la socialdemocracia fuera U. C. D.

la Unión de Centro Democrático sería una alternativa de izquierda moderada como la de cualquier país de

Europa. Entonces, la derecha española no tendría más representación en el Parlamento que el 7 por 100,

lo que no me creo que se corresponda con la realidad."

La conclusión es clara, la derecha es mucho más que ese 7 por 100, porque muchos electores que votaron

a Unión de Centro Democrático lo hicieron por ser electores moderados; es decir, por estar en una

mentalidad de derecha democrática. Hoy esos electores están desorientados ante la política de confusión y

ambigüedad seguida por el partido que votaron.

La afirmación del líder socialista es muy clara y, además, muy cierta. El electorado moderado que votó a

U. C. D. el 15 de junio vio en Suárez un símbolo inequívoco de la voluntad del Rey de una reforma desde

la ley a una ley nueva; y por eso le votó; una gran cantidad de esos electores estaban, inequívocamente, en

una situación de derecha democrática, aunque a muchos no les gustara el nombre «derechas».

La cantinela repetida durante cuarenta años: «no somos de derechas ni de izquierdas» ha tenido gran

incidencia e impacto; ha acentuado el sentido de justicia social de quienes siguen creyendo en valores y

bienes que los sitúan en una mentalidad de derecha democrática; y en muchos, por no esclarecer a fondo

las cuestiones, ha creado gran confusión y un grave complejo de inferioridad que les empuja a no

reconocerse de derechas.

La derecha democrática, tras un aprendizaje duro en muchos aspectos, y en su lógica evolución tras el

proceso histórico de las últimas décadas en España y en el mundo, sabe que añade a su afirmación de los

valores y bienes clásicos de la derecha un marcado carácter social en la reconquista de un verdadero

sentido de la libertad que la integra de lleno en la democracia.

Es éste un concepto muy claro y clave decisiva para distinguir a la derecha democrática de la que no lo es

y no acaba de poder serlo. La defensa del concepto de vida que postula; de los valores y bienes que quiere

que nutran la sociedad a que aspira; las leyes que persigue; los usos y costumbres que deben tejer el

entramado de la convivencia en paz y según ley; el sentido de la estructura como base de las libertades

formales sin las cuales no existen, ni pueden existir, las libertades materiales o de contenido de justicia

social; en fin, todo el mundo de creencias, ideas y aspiraciones que la caracterizan quiere alcanzarlos en la

libertad y, específicamente, en la libertad política que hace posible la democracia. Acepta de raíz el juego

democrático y en él aspira a ser una opción válida en la alternativa del gobierno democrático.

El régimen de Franco nunca fue la organización de la derecha, y mucho menos la organización de la

derecha democrática: fue otra cosa. La negación de los partidos no afectó sólo a la izquierda, sino también

a los partidos de derecha. La izquierda en la subversión sentó las bases para una organización inmediata

en la situación posfranquista; en cambio la derecha se encontró sin organización alguna y tuvo que

improvisarla. Es cierno que los hombres con mentalidad de derechas estaban en y con el franquismo

integrados en él; pero, precisamente por ello, carecían de organización para una situación nueva.

Por otra parte, muchas gentes de izquierda estaban igualmente integrados, de hecho, en el sistema. Es

necesario empezar a ver con verismo e integridad la realidad sociopolítica de los cuarenta años, que

descansa en un hecho decisivo: Franco murió en su lecho de enfermo, y la izquierda no tuvo ninguna

realidad hasta que alcanzó la libertad que ella no conquistó. Por mucho que esto pueda irritar a la

izquierda es un hecho que es necesario examinar si de verdad queremos empezar a entender y a ser

capaces de asumir, unos y otros, toda nuestra historia, la que nos gusta y la que no nos gusta, porque

ambas nos condicionan y determinan. No se trata aquí de irritar a nadie, sino de subrayar que la derecha

democrática no existió ni pudo existir bajo Franco; pero que tiene que existir en la democracia, si de

verdad queremos su consolidación en España. Un dato más a examinar es que las personalidades

históricas de la derecha democrática se encontraron en situación muy difícil en el régimen de Franco,

hasta el punto de acabar adquiriendo una significación o imagen de izquierdas. Es obvio; la derecha

democrática sólo puede existir en la democracia; por ello se trata de una reconstrucción, no de una

continuidad bajo otra forma o figura.

Es suicida no facilitar la reconstrucción de la derecha democrática porque se daría fuerza y vigor a

posiciones que, marginadas de la democracia, acabarían por ser un grave peligro para ésta. Un gran sector

del electorado moderado posee una mentalidad que busca su cauce, su voz propia y clara, que sólo

encontrará en la defensa de valores y bienes, ideas y creencias que constituyen en todo el mundo la

versión, con uno u otro nombre, de lo que denominamos la derecha democrática.

La reconstrucción de la derecha democrática es tarea de las gentes de derecha, es obvio; pero es cuestión

que interesa a todos los que de verdad quieran la consolidación de la democracia, ¿Acaso no acabaremos

nunca, ni unos ni otros, de aprender las lecciones de nuestra historia?

Estos últimos días el historiador Palacio Atard ha publicado su libro «La España del siglo XIX». Es un

espléndido libro. Libros como éste debiéramos leer y meditar los españoles. Asumir la Historia no es

aceptarla sin más; pero sí es, nos guste o no, aceptar que nos condiciona y determina, porque, queramos o

no, de ella venimos, y somos en gran medida lo que ella nos ha hecho. ¿Volveremos a caer en los mismos

errores?

Torcuato FERNANDEZ-MIRANDA

 

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