Autor: Silva Muñoz, Federico (JUAN DE ESPAÑA). 
   No equivocarse de adversario     
 
 El Alcázar.    02/01/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

"NO EQUIVOCARSE DE ADVERSARIO"

UNO de los errores más graves que hay en política es equivocarse de enemigo. Eso le sucedió

a la UCD el 15 de junio. Pensó que Alianza Popular, tras su estruendosa presentación del 6 de

marzo anterior, cabalgaba a golpe de espuela, y emplazó casi toda su poderosa artillería, en

buena parte gubernamental, contra ella. Así destruía a quien suponía su competidor y creía no

dejar a nadie a la derecha, salvo ese pequeño grupo parlamentario que pensaba utilizar como

primera trinchera frente a los ataques de la izquierda, y, a veces, de pararrayos. Estimaba que

una izquierda naciente tras el paréntesis del franquismo sería más tratable, más domesticable,

más cómoda; en definitiva, que la derecha, todavía alentada por el poder de que había

disfrutado. Además, entre socialistas y algunos ucedistas —que no todos, ni mucho menos—

había vida en común en la oposición que recordaban entre nostálgicos y anhelantes.

Pero la realidad fue otra. La mayoría de UCD del 1 5 de junio, con ser resonante, no fue

suficiente. Tuvo este partido que entregarse al consenso para elaborar nada menos que la

Constitución, dejando en la cuneta principios programáticos y elementos básicos para la

existencia de la nación, estoy seguro que contra los sentimientos de sus componentes, pero se

equivocaron de enemigo y pagamos todos las consecuencias.

En el transcurso de los debates constitucionales y de otros, volvieron a equivocarse de

enemigo. Les dolían más las cosquillas de Alianza Popular que los zarpazos de los socialistas

o las mordeduras de los comunistas, olvidando los apoyos que recibieron del grupo de AP. El

resultado ha sido una especie de incompatibilidad de los dirigentes de UCD con Alianza que no

podía generar otra consecuencia que entregarse a la aventura de la disolución de las Cámaras

y de unas nuevas elecciones, al no poder encontrar, como base sólida para gobernar, la

coalición o la prolongación del consenso. Y digo que las elecciones son una aventura en este

momento, por estar presididas por la crisis económica, el paro, la ruina de infinidad de

empresas, el hastío del electorado, puesto de relieve en el referéndum y la división de la

derecha.

Ahora, por tercera vez, el riesgo de equivocarse de enemigo está a la vista. Si siguen pensando

que el adversario es la derecha, el mal fin de la operación es inevitable, y no lo llamaré

catástrofe porqué eso de «dramatizar» el «catastrofismo» y los «negros augurios» levanta

alergia a muchos, aunque no esgriman ni un sola razón para explicar su optimismo.

No hay que equivocarse: el adversario es la izquierda socialista y aún comunista. Ellos tienen

un modelo de sociedad diferente de el de todos nosotros. No sabemos si se declaran o no

marxistas, pero nada hace pensar que no lo sean. Ser marxista es defender la lucha de clases,

la dictadura del proletariado, la eliminación de la sociedad de todo vestigio religioso, la

estatificación de la economía, la dirección pública de los centros de enseñanza, etcétera.

No me extrañaría que todo esto se tapara en la campaña electoral de los socialcomunistas, si

piensan que merman sus votos, pero los dirigentes de UCD saben que no es, precisamente, un

fantasma. Como también deben saber que de estas elecciones puede salir una Cámara más

fragmentada, sin posible estabilidad de los Gobiernos. Es muy fácil decir: que el pueblo decida,

y a gobernar el que gane. Pero si por unos equivocados planteamientos de la estrategia

electoral vamos a un Parlamento fraccionado, no podrá gobernar el que gane, porque no habrá

habido vencedor suficiente, y el corolario será el del Gobierno.

La gran decisión está tomada. Los dos precipicios son: el triunfo de una izquierda marxista o la

ingobernabilidad. Sólo pueden salvarse ambos acertando en el planteamiento electoral.

Estamos en el tiempo justo. Errar por tercera vez sería imperdonable.

Federico SILVA MUÑOZ

 

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