Autor: Silva Muñoz, Federico (JUAN DE ESPAÑA). 
   La unidad de la derecha     
 
 ABC.    19/07/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LA UNIDAD DE LA DERECHA

Existe un clamor generalizado de la Derecha sociológica española por la unidad. En todas partes se

escucha, poniendo en ella, si no las esperanzas de un éxito decisivo, sí, al menos, la posibilidad de tener

una presencia efectiva en la vida política, capaz de encauzar el mal planteado y peor ejecutado proceso

democrático.

He sostenido reiteradamente que esa Derecha sociológica en España, como en el resto de los países

industrializados, es aproximadamente del 50 por 100 del electorado. Sin embargo, bajo los supuestos

políticos y legales que se generaron a lo largo del primer semestre de 1977, ha quedado dividida real y

efectivamente: unos, la mayoría, por la teoría del voto útil, para que no triunfe el marxismo, han votado a

la UCD; otros, han ido a buscar acogida en una derecha no centrista y democrática; muchos se hallan

indecisos; y, finalmente, hay un sector militante en estado de creciente radicalización ante el deterioro de

la vida española en todos sus aspectos.

¿Cómo conseguir la unidad rota hace dos años por imperio de las circunstancias creadas por el Gobierno

de la transición, cuyos nombres están en el recuerdo de todos? Empecemos por rememorar hechos

vividos, que algunos parecen empeñados en olvidar.

Al finalizar 1976, consciente la Derecha de lo que se jugaba en la primera consulta electoral de la

Monarquía, clamó también tonante, como ahora, por la unidad. Y a ella fuimos. Creo que la Federación

de los siete partidos de Alianza Popular y la integración de personalidades que en ella se produjo fue un

caso de unidad lograda de toda la Derecha, salvo entonces pequeños sectores, que si hoy tienen gran

significación, hemos de reconocer que en aquel tiempo no la tenían. Pues bien, a este esfuerzo por la

unidad de la Derecha y a esta realidad de la unión de todos sus líderes respondió la Derecha sociológica

abandonándoles, obteniendo tan sólo dieciséis diputados. Los líderes de la Derecha se habían unido, pero

las bases, en su mayor parte por el voto del miedo o el voto útil, se habían ido al Centro. Quizá no

merecimos su confianza, quizá se cometieron muchos errores, pero los hechos son ésos y no otros.

El 28 de enero de 1978, en el segundo Congreso de Alianza Popular, hice un llamamiento a la UCD para

conseguir esa gran Derecha unida de la que tanto se habló en aquellos días. La respuesta de la UCD fue

un no rotundo, porque ellos eran el Centro, escorado a la izquierda con vistas al consenso constitucional.

En el segundo semestre de 1978, augures y vestales de la llamada derecha moderada soplan al oído de

algunos de sus líderes la teoría de que la unidad es necesaria, pero la unidad de una Derecha civilizada,

excluyendo a los que dan una imagen demasiado derechista, integrista y franquista. Fruto de esta teoría es

la formación de Coalición Democrática. Ahora —decían sus inspiradores— ya tenemos una derecha

centrada, civilizada y presentable, capaz de sustraer a la UCD una buena parte de sus votos porque se

verán más representados en esa derecha centrista y civilizada que en un Centro izquierdista y erosionado

por la acción de gobierno. Pues bien, el resultado fue que la unión de la derecha civilizada tuvo la mitad

de los diputados que obtuvo en 1977 toda la derecha unida en Alianza Popular.

Estas consideraciones no son argumentos dialécticos, sino hechos concretos e irrebatibles que están

inscritos en la Historia de España contemporánea. Como también lo están las posiciones de Coalición

Democrática y de Unión Nacional ante las elecciones del 1 de marzo de 1979, en que no fue posible un

entendimiento, ni siquiera para un reparto de distritos electorales, impidiendo el enfrentamiento de ambas

fuerzas políticas en cada uno de ellos.

A la vista de cuanto antecede, no creo que sea correcto clamar por la unión de los líderes si las bases no

están dispuestas a unirse y a dar una respuesta positiva a la unión, deponiendo todas las actitudes

personales en beneficio de ese objetivo unitario al que se le atribuye la virtualidad de potenciar toda la

fuerza política que la Derecha puede desencadenar en este momento.

Por eso, cuando se habla de la unidad de la Derecha, me parece que hay que reflexionar sobre lo que se

dice. Es un objetivo tan necesario en 1976 como ahora, pero ante el fracaso de los medios utilizados, que

no podemos desconocer, habrá que plantear una nueva estrategia, partir de bases diferentes y utilizar otros

caminos. Muchos se preguntarán en qué consiste todo esto. Yo les respondería que, en primer término,

conviene no precipitar los acontecimientos porque todavía están lejanas las consultas electorales y sólo

ante ellas se produce la movilización, las tomas de conciencia y la acción concreta de la derecha, ya que a

largo plazo una acción política de esta naturaleza y dimensiones no la veo viable. En segundo término,

creo que hay que partir de la necesidad ineludible de una coherencia política total entre lo que se ofrece al

electorado y después lo que se hace o decide ante las responsabilidades parlamentarias o de gobierno. En

tercer lugar, estimo que es preciso ofrecer una nueva imagen con un pensamiento propio y característico

de la Derecha universal, ya que no debemos engañarnos creyendo que vamos a inventar la pólvora: las

ideologías universales son el social-cristianismo, el marxisto, el socialismo democrático y el liberalismo.

La derecha española debe tener a la vista una clara opción de carácter social-cristiano que no permita

arrinconarla en el «misimismo» o en el «neomovimiento nacional», sino insertarla en las grandes

corrientes del pensamiento político universal. Y en cuarto término, me permito hacer un llamamiento a

tantos valores automarginados de la democracia española, o quizá asqueados de ella, para que se

incorporen a este nuevo intento de movilización de un extenso sector de la conciencia naciona1, no

dejando la vida política en tantas manos que han mostrado falta de acierto, ineptitud e improvisación de

que se resiente el dramático momento que vivimos. Sobre estas bases se podrá pensar y empezar a hablar

de un nuevo planteamiento y de un nuevo camino para la deseada y necesaria unidad de la Derecha.

Federico SILVA MUÑOZ.

 

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