Autor: Hernández Rodríguez, Marcial. 
   Estabilidad de los funcionarios     
 
 Pueblo.    17/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

• ESTABILIDAD DE LOS FUNCIONARIOS

Marcial HERNÁNDEZ

La estabilidad de los funcionarios públicos fue uno de los mayores logros de la Administración del Estado

moderno. La figura decimonónica del funcionario cesante formaba parte de un cuadro sainetesco de la

España pícara. La llegada de un -turno» ai Poder suponía eí cambio completo en la Administración, y

desde el ministro al ujier todo era renovado. La compraventa de votos del viejo caciquismo iba asociada a

las promesas de secretarias, vicesecretarios, adjuntos a las vicesecretarios, oficialías y conserjerías...

Mentes más preclaras comprendieron, al fin, que una Administración moderna requería la estabilidad úe

un amplio funcionariado técnico, al margen de las contienda» partidistas.

Ahora, cuando se restablece felizmente en nuestro país el sistema de partidos, a algunos les gustaría ver

cesantes, en cuestión úe semanas, a muchos funcionarios del Estado. Al parecer, hay quienes desearían

vincular la decisión de las urnas con un completo recambio administrativo QUE les llevaría incluso a

ofrecer la conserjería de un ministerio a sus tíos del pueblo. La idea parece lo suficientemente

descabellada como para que pueda tener éxito. Una Administración sólida, eficaz y permanente es

exigencia del Estado moderno. Por muy Liberal que uno sea, nadie puede pensar en que el Estado pueda,

presentar, como una empresa, «expediente de crisis* para cesar a sus trabajadores, como a nadie se le

ocurriría, por ejemplo, que las Fuerzas Armadas tuvieran que someterse a. las reglas del mercado; entre

otras cosas porgue, tanto funcionarios como militares, tienen una muy específica formación técnica que

les impediría encontrar empleo en otras áreas o io encontrarían muy difícilmente. El pensamiento liberal

no podría llegar al absurdo de que militares despedidos del Ejército estatal formasen «libremente- un

´Ejército particular*, para • competir* *un un ámbito de libertad:..´.

En fin..., hay ideas tan absurda» que no serian mínimamente preocupantes si no fuera porque en este país

puede pasar cualquier cosa. Por lo contrario, desde sectores de la oposición de izquierdas parece

comprenderse en toda su exactitud cuál es el papel del funcionariado en un- Estado del siglo XX. Cuando

le preguntaron a Felipe González, en pleno triunfal recuento de votos, si le preocupaba la posibilidad de

tener que gobernar y si el PSOE ísnío cuadros suficientes, el secretario general del partido mayoritario de

la oposición, que cada vez habla más con visión de estadista antes que como líder de partido, respondió

que muchos funcionarios «se sentirían más contentos trabajando con nosotros». Felipe González com-

prende que los funcionarios no son más que trabajadores —en muchos casos peor pagados que en lo

empresa privada—, oí servicio del Estado, y que, efectivamente, servirían con eficacia a cualquier tipo de

Gobierno en el Poder.

Por eso, tratar de someter al funcionariado a la economía de mercado y al seguro de desempleo, como se

propone por algunos portavoces, es una proposición que, al menos, podría calificarse coma extraña.

 

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