Autor: González-Haba, Vicente Mª. 
 La burocracia española: conflictos y crisis. 
 Ruptura de una imagen     
 
 Informaciones.    23/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

La burocracia española: Conflictos y crisis (y 5)

RUPTURA DE UNA IMAGEN

Por Vicente M." GONZALEZ-HABA

^?OMO punto de llegada de los articu-\^ ios de días anteriores, se puede concluir que el fenómeno más

relevante que tiene lugar hoy en la Función Pública es que asistimos, o empezamos a asistir, al ocaso del

mito del funcionario contemporizador, doblegado sin condiciones y escasamente ambicioso en las preten-

siones reformadoras de su «status» profesional.

Con terminología muy al uso, se ha hablado de «la ruptura de una cierta imagen del funcionario público»,

como lo ha hecho la revista «Pragma» en uno de sus editoriales con las siguientes palabras: «Frente al

estereotipo de un empleado de ia Administración carente de problemas laborales y profesionales sig-

nificativos, bien pagado y gozando de un "status" social privilegiado, una serie de hechos y de artículos

periodísticos han sacado a la iuz una realidad funcionaría! que poco tiene que ver con su imagen

tradicional.»

La imagen, pues, del funcionario feliz con su suerte y satisfecho con su situación se rompe a marchas

forzadas. Tras una aparente calma de muchos años, se han ido acumulando problemas y fraguando

tensiones que ahora, cuando ei país sa decide a cantar a la libertad y a aceptar el desafío de la democracia,

asoman por todas partes y son ia mejor denuncia contra una política de personal en el sector público

dominada por oligarquías corporativas, y a la que ha faltado sentido social para apoyar a los funcionarios

de niveles inferiores, energía suficiente para oponerse a los privilegios de las minorías burocráticas y,

sobre todo, mentalidad anticipadora para adelantarse a los acontecimientos y no dejarse, como ha

sucedido, desbordar por ellos.

Mientras la Administración y sus dirigentes se han dedicado no a resolver los muy graves problemas de

los empleados públicos, sino a orillarlos y desplazarlos, éstos han ido sensibilizándose más y más en sus

propósitos reivindicativos, adquiriendo un talante conflictivo y contestatario que, en e! futuro, se irá

potenciando a impulsos de las nuevas coordenadas sociales. En el punto de intersección de la incapacidad,

o la torpeza, de la Administración para enfrentarse a los legíti-

mos requerimientos de sus empleados y servidores, y de la nueva actitud de éstos para la defensa de sus

derechos y libertades, debemos situar uno de los fo-eos de inquietud y de desajuste a ios que el país, en

ios próximos años, deberá prestar mayor atención.

Por fortuna, la táctica de escamotear y disfrazar las demandas pendientes del funcionariado cada vez

cuenta con menos posibilidades de imponerse, a medida que la vía democrática se vaya afirmando entre

nosotros, porque si algo supone la democracia es la transparencia en la gestión y resolución de los nego-

cios públicos. Quiere decirse entonces que a la Administración y at Estado les corresponde jugar la baza

del realismo primero, para hacerse cargo de las cuestiones planteadas, y de la responsabilidad después,

para inventar tas soluciones adecuadas a las mismas. En esta perspectiva, temas tan candentes como el de

las retribuciones, las clases pasivas, la carrera administrativa, la sindicación, la participación, el

desmantelamien-to del poder de los grandes Cuerpos, la anarquía organizativa, las pruebas selectivas, las

incompatibilidades, los órganos de gestión, ya no pueden ser soslayados por más tiempo y reclaman una

toma de posición, realista y responsable, que los aborde con profundidad y sin Incurrir en el error, tan

frecuente estos años, de legislar para la galería.

El enunciado de algunos de los principales temas que más socavan la eficacia y prestigio de nuestra

burocracia, y a los que hay que adicionar el tremendamente complejo de los interinos y contratados,

justifica que nuestros funcionarios presenten ante ia opinión pública una imagen creciente de protesta y de

disconformidad con su actual régimen legal, imagen que no es producto, como acaba de verse, de la

casualidad, sino que viene favorecida por un haz de problemas reales y urgentes y por otra serie de con-

causas, como el acercamiento entre el

mundo laboral y el mundo burocrático, ia masificación en sectores diversos de la Función Pública, el

clima de mayor libertad que respira nuestra sociedad, la difusión de nuevos ideales de solidaridad y

participación, etc.

«La Administración —ha escrito Jean-Claude Thoenig— debe hacer frente a un personal al que no

impresiona el mito de la Función Pública» y al que, por el contrario, interesa plantear por Jas vías de la

negociación, o en su caso del conflicto abierto y declarado, su repertorio de exigencias y reivindicaciones.

Se diría que el funcionario se empieza a despojar de viejos prejuicios que le ataban a un estéril

conformismo para iniciar una andadura más agresiva y estimulante que le permita resolver sus múltiples

problemas no a base de propuestas paternalistas impuestas desde arriba, sino desde unos planteamientos

democráticos en los que tengan cabida el diálogo, la confrontación y la vía negociadora entre las partes.

Ello no va a suponer, como piensan las mentes aferradas a la vieja concepción de una Administración

superjerarqui-zada y monopolizadora de todas las decisiones, el desmoronamiento de aquélla, sino la

inserción en sus esquemas orgánicos y funcionales de principios, como el de la participación, la

negociación, el pacto, que lejos de romper la disciplina contribuirán a potenciar la integración del

personal y a asegurar su adhesión a los propósitos y objetivos de las respectivas organizaciones públicas.

A mi juicio, sólo estamos en los inicios de una conflictividad funcionaría! que se irá acelerando con el

paso del tiempo. Por supuesto, no todos los funcionarios están mentalmente instalados en el mismo nivel

reivindicativo, ya que junto a Cuerpos, los más privilegiados, pertenecientes a los estratos más reac-

cionarios e inmovilistas de la sociedad española, hay otros que se equiparan al mundo laboral a la hora de

elaborar sus plataformas reivindicativaa y de presionar sobre el patrono llamado Estado, pasando por una

extensa franja de funcionarios a ios que sólo muy lentamente va alcanzando la mentallzación contesta-

taria y la voluntad de someter a profundos cambios su ..vigente condición estatutaria. Sin embargo, por

encima de estas diferenciaciones a introducir en un colectivo tan numeroso como es el de los funcionarios

públicos, la realidad a tener en cuenta es que la movilización de éstos es un hecho irreversible y a la que

no cabe responder con medidas de mero freno o contención, porque sería tanto como incurrir en errores

de todavía reciente comisión. Más bien lo que urge,

por el contrario, es poner manos a la obra de una política de personal abierta, imaginativa, flexibilizada,

que sea capaz de erradicar los profundos males que agarrotan a la burocracia del país, y que confeccione

para el futuro unas líneas de actuación en la que nuestros funcionarios se desenvuelvan con un espíritu

renovado de servicio a la colectividad, más allá de las deserciones, las injusticias, las desigualdades, las

indiferencias que ahora los dominan.

 

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