Autor: Fernández de la Mora y Mon, Gonzalo. 
   Lecciones andaluzas     
 
 ABC.    24/05/1982.  Página: 25. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

JUEVES 27-5-82

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Tomas de posición

Lecciones andaluzas

Por Gonzalo FERNANDEZ DE LA MORA

¿COMO ha evolucionado la opinión durante el trienio transcurrido de legislatura centrista? Esta cuestión

han empezado a contestarla los españoles en las elecciones a los Parlamentos de Galicia y de Andalucía.

Aquéllos revelaron el derrumbe del centrismo en beneficio de una agrupación que estaba a su derecha, los

aliancistas. Las elecciones andaluzas han confirmado esa conclusión; pero, además, han puesto de

manifiesto un hecho nuevo, el deterioro global de la posición adversa al modelo marxista de sociedad. No

se trata ahora de un análisis completo de los datos estadísticos definitivos, sino de un anticipo de primeras

conclusiones. Los resultados andaluces de 1982 son relativamente comparables a los de las elecciones

generales de 1979 porque, si bien el censo ha sido más numeroso, la abstención se ha incrementado de

modo bastante proporcional. Del paralelo de los dos escrutinios se deducen las conclusiones siguientes:

1. El PSOE ha ganado la enorme cifra de 511.100 votos. ¿A expensas de quién? Sin duda, 321.000 votos

son los que han perdido los andalucis-tas y los comunistas. Pero ¿de dónde proceden los 190.000 votos

restantes? Son votos que ha perdido el centro. La formación centrista ha visto cómo Alianza Popular le

arrebataba 359.000 votos y el socialismo sólo 190.000. Es evidente que el centro ha, perdido mucho más

a su derecha que a su izquierda, lo cual demuestra que cuanto más se desplace hacia la socialdernocracia

mayor,será el adelgazamiento del partido gubernamental. Esta es la primera enseñanza importante de los

recientes comicios autonómicos.

2. En 1979, los votos centristas y aliancistas sumaban 1.062.000, mientras que en 1982 han descendido a

756.000. A pesar de ciertos comprensibles entusiasmos sectoriales, lo cierto es que el centro-derecha,

defensor de la sociedad liberal frente al colectivismo ha perdido 306.000 votos. ¿Qué ha acontecido con

ellos? Es verosímil que, como queda dicho, 190.000 hayan pasado al socialismo; pero el resto, qué se

eleva a más de 100.000, se ha ido a la abstención. La segunda lección, todavía más importante, es que la

división de la derecha sociológica no conduce a un simple trasvase entre UCD y AP, sino a un fuerte

deterioro de todo el sector a causa del abandono de unos y de la desencantada abstención de otros.

3. Los corolarios de estas dos lecciones andaluzas son que España necesita un partido que encauce la

derecha sociológica. Ese objetivo ya no lo cubre UCD, porque su gestión ha política de manifiesto su in-

capacidad o su ausencia de voluntad pública para hacerlo. Personalmente me inclino por esto último:

UCD nunca ha pretendido ser un partido de la derecha, aunque se haya apoyado en los votos de una

derecha sociológica equivocada. El censo electoral derechista ha tardado cinco años en empezar a

enterarse de su error. Por otro lado, AP todavía no ha logrado convencer a la derecha sociológica de que

es el partido que puede representarla. Si lo hubiera conseguido no sólo habría incrementado sus votos con

los procedentes del ucedismo defraudado, sino con los de los abstenidos a causa de la división de la dere-

cha. Pero AP no sólo no ha logrado llevar a las urnas a los que se abstuvieron en 1979, sino que ha visto

cómo el porcentaje de la abstención ha aumentado en detrimento de la derecha.

4. El avance de los partidos que preconizan el cambio de una sociedad de economía libre hacia un modelo

de colectivismo socialista no puede ser detenido ni mediante el consenso, ni mediante la expropiación

habilidosa de los votos conservadores, ni fragmentando la derecha sociológica. El proceso sinistrista que

se ha puesto de manifiesto en Andalucía sólo puede ser detenido mediante la configuración de una

coalición que tenga un programa derechista y que presente una candidatura unitaria en toda España para

encauzar al conjunto de la derecha sociológica. No sería, una mayoría, más o menos natural y coyun-

tural, sino, pura y simplemente, la gran derecha. Sería lamentable que los líderes y los electores tardaran

otros seis años en reconocer esta imperiosa necesidad. El precio que la nación ha pagado ya por ese error

es inmenso, y aumenta cada día. El retorno del colectivismo es, además, tanto más arduo cuanto más

tardío. Aunque las declaraciones de los protagonistas responsables son poco experanzadoras, aún es

tiempo de evitar el barrido izquierdista en las próximas elecciones generales.

 

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