Autor: Urbano, Pilar. 
 Hilo directo. 
 Los destrozos políticos de la colza     
 
 ABC.    18/09/1981.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC

NACIONAL

VIERNES 18-9-81

El debate de la colza

Hilo directo

Los destrozos políticos de la colza

Esta vez el debate de la colza criminal, tercer asalto, era la cortinilla que encubría una operación política

de la oposición en acoso al Gobierno que podía desencadenar peligrosas reacciones dentro de una UCD

nerviosa, dividida y con tentaciones anárquicas de «sálvese quien pueda». Me explicaré.

Por la mañana, en el hemiciclo, el peneuvista Antonio Monforte metió los dedos en el temido tema de la

moción de censura, que ni el Gobierno ni los socialistas parecían desear.

Carrillo, por su parle, estuvo durísimo en sus improperios´ al Gobierno y dramáticamente crítico contra la

institución parlamentaria y las fuerzas políticas, pintando el cuadro horrísono de unos dirigentes

enfrentados que «se reparten los despojos de una tragedia nacional». Pero no estaban ahí los duendes del

susto y la conmoción. Horas antes, la Mesa del Congreso había admitido a trámite una «invención»

comunista de proposición no de ley para que la Cámara reprobase la actuación de cinco ministros. Los

socialistas, con cinco enmiendas de adición, una por ministro «reprobable», se subía al carro de la

embesta «roja». Y ello con el placet de María Victoria Fernández España (AP), respaldada por Fraga.

Luego, Fraga, al ver el cariz que podía tomar la situación, declararía: «Quizá nos abstengamos en la

votación.» Pero el «coctel Mototov» estaba lanzado. La oposición lo cargó. Y Landelino Lavilla le puso

el sello de «legalidad».

Al mediodía, en pasillos y saletas era un espectáculo indeseable la dispersión ucedera de quienes

buscaban asilo en el duque de Suárez, quienes rodeaban a Paco Ordóñez y quienes demandaban unas

palabritas de serenidad a don Leopoldo.

Era un flash «pana-visión» de desbandada centrista, ante el olor de Gobierno chamuscado por cinco

frentes. Y en éstas, «corre el rumor», ¿lanzado maquiavélicamente desde dónde...?, de que «Calvo-Sotelo

puede salir ahora convocando en la sala rosa un Consejo de Ministros de urgente trámite y, previa su

deliberación, plantear la cuestión de confianza». Yo no digo que la especie fuera circulada por el propio

«entourage» del presidente, como señal de «alerta y cuartel» para los divididos y asustados

parlamentarios centristas. Pero, en todo caso, fue una «amenaza» que surtió algún efecto. Como me

decía cierto diputado socialista con vocación «contemplativa» de estas quisicosas: «éste, más que el

debate de la colza, es el debate de los conflictos de UCD». Y en algún momento se me ocurrió pensar que

lo que estaba ocurriendo en pasillos era, ni más ni menos, que un «test» o un «psicodrama» titulable: «El

partido bisagra se llama duque de Suárez.» Quizá exagero...

Después vino el desmentido de don Leopoldo: «Eso de la cuestión de confianza son rumores... y no hay

que hacer demasiada caso a los rumores.» Más tarde, el consejo pericial del experto Emilio Attard sobre

la inconstitucionalidad de tales censuras a ministros «por separado», toda vez que, por el artículo 108 de

la Constitución, el Gobierno responde «solidariamente» de su gestión, global o en cualquiera de sus

partes. «Ha podido partirse de un error—me decía Attard—, y es que el artículo 137 del Reglamento

provisional del Congreso, anterior a la Constitución, habla de «responsabilidades del presidente o de los

ministros». Pero así como !a responsabilidad «criminal» del jefe del Gobierno o de cualquiera de sus

ministros es exigible ante tos Tribunales de Justicia, individualmente, las´ responsabilidades

«administrativas», ante un derecho protegible por ley y vulnerado, atañen al Estado; y la responsabilidad

«política» por una determinada acción u omisión, de uno o varios ministros, sólo es exigible,

parlamentariamente, por la vía de «moción de censura».

Y ahí la respuesta sólo puede darla el Gobierno «en su conjunto». El subterfugio de alterar los términos

«moción» por «enmienda» y «censura» por «reprobación» es querer entrar por la puerta falsa de una

transgresión semántica a la Constitución. Y no hay más.

Le pregunté a Felipe González, porque en estas cosas hay que ir a las cumbres para ver claro, si a él le

parecía oportuna o conveniente, «y ahora no pienses como líder de la oposición, sino como español del

asfalto», que Calvo-Sotelo plantease la cuestión de confianza.

«Bueno... es un problema y una decisión política que incumbe exclusivamente al presidente. Pero yo creo

que esa cuestión no te daría ni le quitaría nada, nada, al Gobierno... y, por tanto, cuanto menos, podría

resultar ociosa. Es evidente que se puede obtener la confianza de:la Cámara por votación... y no tener la

confianza popular. Porque hoy la ciudadanía, con este tema de la colza adulterada, presenta una amplia

garría de actitudes de descontento, que van desde la desconfianza hasta la reprobación».

De modo que, para Felipe, una cosa es la confianza electrónica y otra la confianza moral. Así que le

enjareté otra pregunta: «Y ¿por qué no habéis ido, gallardamente, a la moción de censura... constructiva?»

Respuesta ambigua: «Una moción de censura, en estos momentos delicados, sólo aprovecharía a

"algunos"..., y eso se ha visto esta mañana aquí mismo.» Insistí: «¿A los comunistas?». «No.» Soto

quedaban dos posibles beneficiarios de una caída o un deterioro de Leopoldo por «censura» en el

Parlamento: el PNV, enrabietado con la política autonómica del actual Gabinete... o la UCD suarista y

bisagrera. «Pero no es nuestra intención hacer ta moción de censura. Que eso quede claro», añadió Felipe.

Ya se iba, hacia él hemiciclo, para votar, cuando giró sobre sus talones y regresó: «Hay que distinguir:

una cosa es el "problema colza", donde por parte nuestra no hay tongos ni componendas con ei Gobierno,

sino el ánimo de llegar hasta el final en la exigencia de responsabilidades a quien las tenga, y otra cosa es

mi deseo de no poner en crisis los acuerdos de Estado entre la oposición y el Gobierno, fruto de muchos

esfuerzos; porque no deseo, de ningún modo, arriesgar la estabilidad de la democracia.»

En tono confidencial, pero servidora con el bolígrafo descaradamente en danza sobre el papel, dijo

después: «En algún momento incluso me pareció que Calvo-Sotelo me provocaba hacer una moción de

censura..., pero sé que es una cuestión de... ¿cómo decirlo sin faltar a nadie?... de... arrogancia personal,

tipo "gaullista". Lo que pasa es que Calvo-Sotelo no es De Gaulle.»

• Sigue el debate mientras tecleo. Hay ministros nerviosos. Hay diputados centristas desasosegados. Hay

rumores graves, mala-goreros, por las almenas y por los rincones:

«Si a Leopoldo le da la soberbia, puede incluso dimitir...» «Periodistas, no os vayáis... que aquí puede

arder Troya.» «Leopoldo tiene aguante para fajar el degüello moral de cinco ministros... que queden

reprobados en la Cámara y sigan, sin embargo, en el Gobierno.» «La salida airosa de Leopoldo sería

mantener a sus ministros, también a los reprobados; y hacer la remodelación del Gabinete cuando le salga

de las ganas.» «Sí, pero eso se «leería» como «obediencia a Felipe», que le conminó a «no mover a

ningún ministro de su puesto». «La mejor jugada de Leopoldo, ya que han sido sus ministros, pero no él,

los puestos en la pira de la reprobación», sería hacer a todo trapo la liquidación del "género" y montar su

propia crisis de Gobierno, a su imagen y semejanza, que ya es hora.» «¿No tendría eso la traducción de

una entrega de holocaustos a la oposición?»...

Y es que, señores lectores, lo que en el tercer «round» del debate-colza se estaba planteando con la batería

de enmiendas reprobatorias no era otra cosa que una moción de censura, abrasiva pero... sin agallas, por

parte de la oposición demandante, para «plantear la alternativa» como Dios manda. Y la Constitución

ordena.

Cuando aún no se sabe cuál será el resultado de la votación ni si UCD se desmandará en «facciones», sólo

una cosa tengo por cierta: sin el «nihil obstat» de Landelino Lavilla, estas cinco bofetadas al Gobierno

leopoldista no habrían sido admitidas a trámite. ¿Ha sido una «venganza contra Calvo-Sotelo?... ¿una

«obediencia» a Suárez? o... ¿una «aséptica» debilidad? Pilar URBANO.

 

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