Autor: Fernández de la Mora y Mon, Gonzalo. 
   D ´Ors contrarrevolucionario     
 
 ABC.    05/12/1981.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

D´ORS, CONTRARREVOLUCIONARIO

EUGENIO d´Ors, nacido hace una centuria, fue un barroco que aspiraba a ser clásico. Su

sintaxis no era rectilínea, sino ensortijada; su vocabulario no era llano, sino esotérico; su

adjetivación no era directa, sino metafórica; sus mensajes no eran diáfanos, sino cifrados; y su

método predilecto era la oblicua y difuminadora ironía. El estilo vital no era menos barroco. Su

dandismo juvenil fue evolucionando hacia el énfasis: palabra ceremoniosa y silbante, actitud

magistral y profética, atuendo rebuscado y esteticismo; constante preocupación, en suma, por

hacer de su persona un espectáculo y de su vida una obra de arte.

El formal barroquismo de los escritos y de la biografía d´orsianas explican que muchos

observadores, seducidos por la escenográfica apariencia, no hayan sido capaces de rebasarla.

Son los que ven a d´Ors más como un personaje que como un pensador, y más como un actor

que como un autor. Según esa interpretación, d´Ors sería un elemento decorativo de la primera

mitad del siglo XX español; un valor suntuario. Y así nos lo suelen presentar los críticos

adversos o superficiales, que han sido los más. De ahí que la imagen más generalizada de

Eugenio d´Ors sea una estilización sin rigor y sin sustancia, trivializadora e infiel.

D´Ors no fue un literato recluido en torre de marfil, sino uno de los escritores españoles más

comprometidos con la cosa pública. Y no fue un ciudadano de actitudes cambiantes ante el

Estado, sino de una coherencia mantenida tenazmente y, a veces, contra viento y marea

durante toda su larga peripecia existencial. D´Ors, a quien hay que situar en la línea

contrarrevolucionaria de Donoso, Menéndez Pelayo y Maeztu, es uno de los más eminentes y

originales doctrinarios políticos de su tiempo.

¿Cuál fue la respuesta de Xenius, el comportamiento del hombre ante la convivencia nacional?

En 1906, d´Ors inició su actividad literaria con el «Glosario» en el periódico del conservatismo

catalán «La Veu». En 1914 se manifestó germanófilo. En 1920 resultó incompatible con la

Mancomunidad de Cataluña, y se trasladó a Madrid. El «Glosario», ya en castellano para

siempre, apareció en ABC y, más tarde, en «El Debate». Escribió la tragedia «Guillermo Tell»,

feroz crítica del utopismo revolucionario. En 1923 se adhirió a la Dictadura, y fue creada para él

la cátedra de Ciencia de la Cultura. Intentó que Vázquez de Mella incorporase la Comunión

Tradicionalista a la Unión Patriótica del general Primo de Rivera. Visitó Portugal, y elogió a

Oliveira Salazar y a Mussolini. El Directorio lo nombró representante de España en el Instituto

de Cooperación Intelectual de París, donde convivió con Maurras y los hombres de Acción

Francesa, hasta que, a la caída de la Monarquía, fue cesado por el Gobierno. Durante el

quinquenio republicano se relacionó con José Antonio Primo de Rivera, en quien influyó mucho,

y vivió exiliado en París. Se repatrió en 1936 para adherirse al Alzamiento nacional. Fue

nombrado jefe de Bellas Artes, gestionó la recuperación en Suiza de los cuadros del Museo del

Prado y fue elegido secretario perpetuo del Instituto de España, en donde juró lealtad a Franco

con una fórmula famosa. En 1942 dedicó un libro al mariscal Pétain y, poco después, Salazar le

nombró doctor por la Universidad de Coimbra. El «Glosario» se trasladó al diario de la Falange,

«Arriba», hasta la muerte del escritor. Este fue, en sobria síntesis, el comportamiento político

d´orsiano.

¿Y la doctrina? En la tesis doctoral, que horrorizó a sus maestros demoliberales, d´Ors trató de

probar que hay pueblos que por su superioridad están llamados, desde el Imperio, a ser tutores

de otras naciones. Esencialmente antiigualitario, d´Ors no cesó de repudiar el pensamiento de

Rousseau, a quien llamaba «contagioso enfermo» e «inventor del mito demofílico». Criticó

duramente el parlamentarismo y, después de rechazar la democracia inorgánica, le opuso una

doctrina propia que era una reelaboración del elitismo político.

D´Ors concibe su teoría en 1907 y la va desarrollando hasta que en 1933 enuncia los Principios

de Política de Misión, que son la culminación del proceso. ¿Cuál es su modelo de Estado?

Para d´Ors, el poder no corresponde por naturaleza a los más votados, sino a los mejores, los

cuales se van relevando por sus hechos: «autoridad» viene de «autor». Debe gobernar el que

efectivamente se ha ido manifestando como el más capaz; sus obras son su verdadera

legitimidad. Y esta minoría no ha de gobernar obedeciendo a la masa, sino misionalmente y fiel

a valores objetivos.

Para d´Ors, regir es misionar, o sea, incrementar el saber, la capacidad tecnológica y la moral

del pueblo. Y ese objetivo no se alcanza siguiendo la voluntad mayoritaria, sino encauzándola,

«corrigiéndola».

¿En qué se distingue este modelo de la dictadura clásica? En primer lugar, la dictadura es una

forma de gobierno excepcional y transitoria, mientras que la política de misión es normal y

permanente, puesto que la minoría será siempre superior a la masa. En segundo lugar, la

dictadura es el mando del más fuerte, mientras que la política de misión es el mando del más

creador. En tercer lugar, la dictadura es una situación de hecho, mientras que la política de

misión es una situación moral como la del padre, el tutor, el sacerdote o el maestro. Y ¿en qué

se diferencia la política de misión del despotismo ilustrado? En que éste se fundaba en un

postulado mítico, el del derecho divino de los reyes absolutos, mientras que la política de

misión se funda en el dato experimental de que en toda sociedad hay una minoría de gentes

más capaces que la mayoría. La política de misión no tiene, pues, una apoyatura metafísica,

sino sociológica: no hay autoridades ungidas, sino «autores» que, por serlo, tienen autoridad.

El papel político que d´Ors atribuye al pueblo no es el pasivo de ser tutelado, protegido y

misionado, sino también el activo de exponer y defender sus intereses. ¿Cómo se instrumenta

esa representación? No inorgánicamente a través del principio rusoniano «un hombre, un

voto», sino orgánicamente corporativo «un hombre, tantos votos cuantas sean las esferas de

intereses reales en que participa». Esas esferas pueden ser múltiples y van desde la familia a

la humanidad, pasando por la profesión. D´Ors defendió la representación orgánica desde 1915

en su conferencia «Aprendizaje y heroísmo», leída en la madrileña Residencia de Estudiantes.

D´Ors no se manifestó, pues, elitista y organicista en 1939, sino que había venido siéndolo

desde principios de siglo y casi siempre contra corriente y con originalidad de forma y de fondo.

D´Ors fue un ejemplo de unívoca continuidad en su pensamiento político a lo largo de toda la

vida y, al mismo tiempo, un ejemplo de coherencia entre lo que pensaba sobre el Estado y su

conducta cívica. Esta doble consecuencia, tan excepcional en nuestra patria, es, precisamente,

el «decoro político». D´Ors no es ni sólo espectáculo ni sólo esteticismo; es pensamiento muy

comprometido en filosofía, en religión y en política. Y desde este último plano hay que

considerarlo como uno de los máximos inspiradores del nuevo Estado español y como una de

las figuras más eminentes del doctrinarismo contrarrevolucionario en Europa.

Gonzalo FERNANDEZ DE LA MORA

 

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