Autor: Onega López, Fernando. 
   El péndulo     
 
 Arriba.    25/02/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 41. 

Fernando ONEGA

LAS sorpresas empiezan

por el socialismo. A Manuel

Murillo, por ejemplo,

se le notaba por televisión que

todavía no se había recuperado

del susto. Ahora que se estaba

preparando para la clandestinidad,

vienen las decisiones oficiales

y le colocan bajo el amparo

de la Ley. Ocurrió lo contrario

que con el PCE: cuando

estaba cambiando sus estatutos

para la democracia, fue remitido

al Supremo, que entiende más

de Código Penal que de buenas

intenciones. De todas formas,

aquí ha ocurrido algo importante:

que el Gobierno se desentiende

de sus funciones paternalistas

a la hora de encarrilar

la transición. Si hay pleitos de

partidos, han de ser éstos los

que hagan el arreglo. Los dos

PSOE adujeron hasta ahora

razones de legitimidad histórica

para ser acreedores a la legalidad.

No es, evidentemente, un

Gobierno el capacitado para

dictaminar sobre tan sutiles

cuestiones. Si algo puede hacer

un Gabinete, es cumplir las

obligaciones que le otorga una Ley.

Y eso es lo que se ha hecho. Sin

impedimentos jurídicos, el histórico

ha pasado a la legalidad.

Ahora, todos los partidos que

componen la llamada Alianza

Socialista Democrática —Reforma

Social, PSDE y PSOE— están

todos en condiciones de

acudir a la llamada de las urnas.

Y son éstas las que decidirán

quién tiene los consentimientos.

ASI planteadas las cosas,

¿hay que darle alguna razón

a Felipe González,

cuando decide retirarse de la

Comisión negociadora? Me temo

que sólo se le pueda dar la

razón de la contrariedad. Pero

ninguna más. Entre otras cosas,

porque el luego político supone

someterse a unas normas, y

esas normas son las mismas

que González Márquez aceptó

cuando presentó sus estatutos

en el Ministerio de la Gobernación.

ESTA es, sin duda, la mayor

salsa política de la

jornada. Pero no se puede

perder de vista el asunto

económico, que hoy saldrá del

Consejo de Ministros. Hay un

indicativo: la reunión de Suárez

con los Ministros del ramo, reunión

que sustituyó a la tradicional

de Subsecretarios, previa

a todos los Consejos. A medida

que pasan las horas y se va

clarificando el contenido de las

polémicas medidas dadas a conocer

el pasado martes, hay cosas

que van saliendo a la luz. Por

ejemplo, ésta: la comparación

del plan con las declaraciones

anteriores de destacados hombres

del capital. Aunque ahora

los exámenes se vistan de seda,

es lo cierto que la gran Banca,

los grandes resortes financieros,

los grandes motores de la

dinámica política del país,

pedían un marco de actuación.

Pedían unas líneas generales de

la economía. Pedían que se les

desterrara el fantasma de las

nacionalizaciones y las

socializaciones. Eso es lo que el Plan

señaló. Desde este punto de vista,

ha de ser juzgado como un

intento de serenar los capitales

que se marchan, los capitales tímidos

ante la circunstancia política,

los capitales que no intervienen

en nada público, pero de

los que depende la seguridad

del camino hacia la democracia.

AHORA comenzaron a llegar

las declaraciones de

las centrales sindicales.

Su juicio es, lógicamente, de no

conformidad. No se podía esperar

una reacción positiva, por

que el «paquete» tuvo que ser

adoptado sin pacto social. Ya se

sabe que el pacto social, hoy

por hoy, es imposible. Las últimas

cifras de afiliados a los sindicatos

de oposición no les dan

ninguna fuerza para forzar la

negociación con el Gobierno. Y

el Gobierno, a su vez, poco puede

hacer en un panorama lleno

todavía de lagunas legales y sin

interlocutores válidos en el

panorama político para respaldar

sus acciones, sean o no negociadas.

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