Autor: Villameriel, Félix. 
 En torno al socialismo. 
 Cara. El entendimiento posible     
 
 Arriba.    04/12/1976.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

EN TORNO AL SOCIALISMO

CARA

EL ENTENDIMIENTO POSIBLE

Por Félix VILLAMERIEL

Profesor de Sociología Política en la Universidad Complutense (PSOE renovado)

Con ocasión de un debate habido hace un par de años en el seno del Partido Socialista Obrero Español

manifesté, entre serio y broma, que nuestro partido estaba «compuesto por mitad de socialdemócratas y

de trotskistas». La situación era ciertamente menos bipolar y más compleja que lo que puede dar a

entender esa frase, por supuesto caricaturesca, pero la anécdota y las mismas calificaciones empleadas,

calificaciones que eran de uso frecuente en el partido con ánimo condenatorio, expresan muy bien esa

característica esencial del Partido Socialista, consistente en la no uniformidad y la tensión dialéctica entre

las tendencias.

Hoy se habla de que en el PSOE existen tres alas —socialdemócrata, centrista y «trotskista»—, lo cual

resulta una descripción aceptable como primera aproximación. Sabemos que la diversidad de tendencias,

dentro de una concepción colectivista (marxista o libertaria) del socialismo es la base de la libertad, la

gracia y la fuerza del Partido Socialista. En efecto, así como en un partido monolítico las tendencias son

fuente de debilidad, en un partido democrático son fuente de fortaleza. Se puede asegurar que el Partido

Socialista Obrero Español, en la teoría y en la realidad, hoy como siempre, responde a la idea de «un

partido socialista de amplio espectro». Es así como entendemos el socialismo democrático.

Desde el momento que el partido socialista ortodoxo se configura con la amplitud que acabo de señalar,

no existe ninguna justificación doctrinal ni política para la división de los socialistas españoles en varios

partidos. Por de pronto no existe justificación para la creación de un partido socialdemócrata diferenciado

del Partido Socialista, ya que las posiciones socialdemócratas son asumidas por el ala moderada de

nuestro partido. Está bien claro que ni por asomo se dan entre nosotros las circunstancias nacionales e

internacionales que originaron la escisión del socialismo italiano en el Congreso de Roma de 1947, con

las catastróficas consecuencias para el socialismo italiano que conocemos. Bien es verdad que los que

aquí se llaman socialdemócratas no corresponden a lo que hoy en Europa significa ser socialdemócrata,

esto es, socialista moderado, ya que aquéllos son tan sólo liberales tímidamente reformistas.

Menos razones hay, si cabe, para la permanencia de varios partidos socialistas, entre los cuales no existen

diferencias ideológicas o doctrinales apreciables. En este sentido, la necesidad de unir fuerzas y potenciar

un gran Partido Socialista, superando todo tipo de personalismos, se impone con palmaria evidencia. Me

referiré a los sectores socialistas más próximos al PSOE. Ningún retraso se justifica para la fusión del

PSOE y el PSP. Felipe González ha dicho recientemente que podría ser inmediata, «por un proceso

rapidísimo» (Declaraciones al diario «Informaciones», 6-11-1976). Tierno Galván, por su parte, ha

defendido siempre la necesidad de un único Partido Socialista. La unificación seria democrática y veraz:

tantos afiliados, tantos votos, tantos representantes. Con respecto al sector escindido del PSOE en 1972

(sector histórico), las desavenencias surgidas tras el fallido intento de unificación no nos deben hacer

olvidar, a ellos ni a nosotros, que compartimos la misma Declaración de Principios, lo que proporciona en

todo momento una base objetiva para la reagrupación. En relación con los partidos integrados en la

Federación de Partidos Socialistas, el único problema es la proclividad de esos partidos a anteponer la

perspectiva autonomista a la perspectiva clasista. En el momento que acepten poner en primer lugar los

intereses de la clase trabajadora en un Estado concreto, con su poder político, leyes, etc., el entendimiento

con ellos resultará fácil.

No quiero pasar por alto otra cuestión de indudable actualidad. En los últimos tiempos ha saltado a las

páginas de la Prensa el tema de los recursos económicos del PSOE, dando lugar a ataques e insinuaciones

de diverso origen. Tales actitudes han coincidido con la presencia creciente —consecuencia de un gran

esfuerzo de reorganización— en la realidad española del socialismo ortodoxo, representado en España

por el PSOE en su condición de partido miembro de la Internacional Socialista. La primera consideración

que me parece necesario hacer al respecto, al margen de la inexactitud de algunas cifras y especulaciones,

es que la solidaridad entre los partidos socialistas es algo incuestionable para nosotros; por supuesto, en

uno y otro sentido, ya que si hoy podemos ser ayudados, mañana, probablemente, estaremos en

condiciones de ayudar, pues otros socialistas en otros países se encontrarán en situación de dificultad.

¡Bienvenido sea a la actualidad el tema de la transparencia de los recursos económicos de los partidos

políticos! No será un partido obrero democrático, como es el nuestro quien lo rehuya. Es más, lo

consideramos una de las primeras exigencias de la democracia, cara a la ciudadanía, a la que los partidos

le piden que les confíe los órganos esenciales del Estado y el poder público. Pero no deja de ser extraño

que la cuestión se haya planteado únicamente en relación con el PS v no, por ejemplo, en relación con el

PC, o, de manera general, con todos los partidos. Es cierto que el PS ortodoxo maneja un presupuesto

importante y que su infraestructura burocrática requiere la dedicación profesional de algunas decenas dé

«liberados», o funcionarios en nómina. Puede decirse que es uno de los dos únicos partidos políticos

españoles que hoy cuentan con un aparato burocrático desarrollado; claro que sólo ocupamos el segundo

lugar, tras el PC.

En espera de que las cuentas de todos los partidos españoles, de la derecha a la izquierda, vayan saliendo

a la luz pública, debe decirse del PS ortodoxo que todos sus afiliados cotizan como mínimo el uno por

ciento de sus ingresos mensuales y que, caso único que yo sepa, publica sus cuentas por exigencia del

control democrático interno. Los últimos datos disponibles a este respecto son los correspondientes a los

gastos del primer semestre de 1976, que alcanzan en ese período la cantidad total de pesetas 17.392.816,

de lo que la partida de Ayuda a Federaciones y Permanentes supone pesetas 3.771.383 («Memoria de

gestión de la Comisión Ejecutiva, que se presenta al XXVII Congreso del PSOE», página 83).

TRES SOCIALISMOS Y PICO

Democracia Socialista Asturiana, Federación Independiente Democrática, Movimientos Socialistas de las

Baleares, Partido Socialista Autonomista de las Canarias, Partido Socialista de Aragón... Estos ocho

grupos, a la hora de formarse una Confederación de escasa convivencia, «competían» con otra

agrupación, denominada Conferencia Socialista Ibérica, y que, igualmente, dejaría de tener peso

específico alguno a nivel de opinión pública en poco tiempo. En esta segunda agrupación de partidos

estaba presente, al mismo tiempo, un movimiento sindical, USO. Porque en los socialismos,

prácticamente en todos los grandes bloques, excepción hecha del que preside Tierno Galván —

catalogado, por esta misma razón, de «intelectualista y distante de la clase trabajadora»—, es frecuente

que haya una segunda parte o segunda cara que labran los respectivos sindicatos.

Nos estamos refiriendo, apenas, a un año atrás, cuando la plétora de los partidos alcanzó cotas

inenarrables. De entonces acá, sin duda se ha avanzado algo, o mucho, en cuanto a propósitos de fusión y

alianza de los grupos afines. Se han vencido, según parece deducirse, personalismos o afanes de

notoriedad.

La presentación de la Federación de Partidos Socialistas vendría un poco más tarde. Inicialmente,

componían este «tercero en discordia» la Convergencia Socialista de Catalunya, la Convergencia

Socialista del País Valencia, Eusko Sozialistak, el Partido Socialista Galego, el Partit Socialista de les

Illes y Reconstrucción Socialista. A primera vista se advertía esa característica de no-sucursalismo, o

dicho de otro modo, de «idea periférica» que movía a la unión a grupos socialistas de varias regiones

españolas. De otro lado, aparecían al frente de la Federación una serie de nombres de intelectuales que, de

tiempo atrás, habían comenzado a «sonar» y a ser conocidos en el país: Joan Garcés, Vicens Ventura,

Salaberri, Tarabini, Eugenio Royo... La FPS nacía «para ofrecer un modelo de articulación socialista

basado en la integración de todos los socialistas en un proyecto común de organización unitaria,

descentralizada y democrática de los socialistas del Estado Español».

Pero esas mismas funciones de «eje del socialismo español» venían siendo reivindicadas desde hacía

meses por el antes denominado «Isidoro» y progresivamente más conocido Felipe González. Su fuerza

sindical, de otro lado, y paralelamente, hacía subir enteros a este grupo en la bolsa de las siglas. El

reconocimiento de la Internacional Socialista, prefiriéndolo al otro sector, llopista o histórico, de la misma

denominación, iba a suponerle, de otra parte —y de acuerdo con testimonios reiteradamente expuestos y

nunca negados— una fortaleza también en el orden económico.

La división entre «renovados» e «históricos» se agrandaría progresivamente, al tiempo que se registraba

en el propio seno de los «históricos» una escisión propia. Alfonso Fernández y sus seguidores

«históricos» terminarán oficialmente mañana en el Congreso el período de su distanciamiento con los

«renovados» de Felipe González, al mismo tiempo que se siguen ampliando diferencias entre los otros

«históricos» que capitanea Manuel Murillo.

¿Son socialistas los históricos? Consignábamos anteriormente que, en opinión de los otros tres grandes,

bloques —PSP, PSOE y FPS—, no pueden denominarse tales. Sin embargo, algún lugar reclaman en los

últimos días tres tendencias de esta ideología tachada despectivamente de socialdemócrata por los bloques

presentes en Coordinación aunaban fuerzas bajo la denominación de Alianza Socialista Democrática: esos

«históricos» de Manuel Murillo, la Reforma Social de Manuel Cantarero y la Democracia Socialista de

García López.

Sin entrar en ese otro bosque, por sí solo, que es el socialismo catalán y sus corrientes, tendencias y

variantes.

José CAVERO

Sábado 4 Diciembre 1976

Arriba 7

 

< Volver