Autor: Dávila, Carlos. 
 Andalucía, veitiquatro horas después del 23-M. Los resultados han tenido mínimas consequencias en el seno del partido. 
 UCD no adopatará decisiones que cambien su estructura actual     
 
 ABC.    25/05/1982.  Página: 31. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

UCD no adoptará decisiones que cambien su estructura actual

MADRID (Carlos Dávila). El drama centrista en las elecciones andaluzas ha tenido mínimas

consecuencias inmediatas. Muchos dirigentes del partido esperaban, sin embargo, una

reacción rápida y especulaban incluso con dos decisiones de indudable trascendencia política:

la dimisión de Leopoldo Calvo-Sotelo como presidente del partido y la disolución de las Cortes

Generales. Ninguno de los dos supuestos se ha cumplido ni parece probable que se produzca

en los próximos días. Tampoco la despedida de Iñigo Cavero. Sólo en los próximos días,

porque apostar a más largo plazo parece en estos momentos una temeridad.

Calvo-Sotelo reunió en la Moncloa a su reducido grupo de «superministros»: a los dos

vicepresidentes y a los titulares de las carteras de significación más estrictamente políticas. De

la reunión se han conocido pocos detalles, si acaso el más importante es la fijación de un

calendario de actividades que mantendrán entretenido al Gobierno y al partido durante los siete

días venideros. Hoy, Jaime Lamo de Espinosa analizará con el Grupo parlamentario Centrista

el resultado de las elecciones; el miércoles lo hará el Comité Ejecutivo de UCD el próximo

lunes, en Málaga, el Comité Regional de la UCD andaluza revisará su estrategia política, y el

martes, ya en Madrid, los presidentes y secretarios provinciales del partido sé reunirán con

Calvo-Sotelo para conocer la opinión del presidente.

La primera impresión recogida en círculos centristas coincide en que no se adoptarán

decisiones que cambien la estructura actual del partido. Por el momento, ni se presume un

acercamiento a Fraga Iribarne para negociar su particular proyecto político —la «mayoría

natural»— ni se van a desencadenar dimisiones significativas. Los principales ministros del

Gobierno mantienen una actitud de espera sin decidirse a tomar resoluciones que pudieran

resultar irreversibles. Tampoco resulta probable por ahora que Calvo-Sotelo cambie la

composición de su Gabinete ministerial ni, mucho menos, que plantee la cuestión de confianza

parlamentaria. El PSOE, único partido que pudiera causar la derrota del presidente, no tiene la

menor intención de forzar su salida. Todas las declaraciones de sus líderes coinciden en

señalar que las elecciones andaluzas no deben extrapolarse al resto de España, una postura

que no pasa de suponer, por otro lado, un intento de no provocar la disolución de las dos

Cámaras.

El PSOE, que ha alcanzado una victoria, intentará ahora prestigiar su política de moderación en

Andalucía, única forma de que el ejemplo regional pueda ser aprovechado como factor

electoral en los próximos comicios generales. En síntesis, los socialistas quieren aplazar las

elecciones lo más posible. Se convierten así, y por vía indirecta, nuevamente en valedores del

partido gubernamental, que ha encontrado, además, otros afirmadores de su posición: los

comunistas derrotados también en toda regla necesitan asimismo un largo plazo para

reponerse. No habrá, pues, por el momento elecciones, a no ser que algún acontecimiento

interno de UCD induzca al presidente a disolver las Cámaras.

Esta posibilidad, desde luego, no puede despreciarse. En los próximos días las diversas

tendencias presentes en UCD van a tomar posiciones para salvarse del naufragio actual. Los

moderados, entre los cuales el principal sector es democristiano, forman el sector más

inclinado a un entendimiento con Fraga y Alianza Popular, aunque resulta curioso que en los

últimos tiempos los puentes políticos entre el ex presidente Adolfo Suárez y uno de sus

principales opositores, el catedrático Osear Alzaga, se hayan restablecido. Otro grupo, el de los

liberales, puede ser el que con mayor rapidez anuncie una opción propia sobre la base de los

clubs liberales, que preside Antonio Garrigues. Ayer se reunió el llamado «sanedrín» liberal, y

lo que pareció ser una afirmación total de su postura independiente quedó moderada por la

opinión mayoritaria de esperar hasta la celebración del Comité Ejecutivo de UCD.

Una primera reflexión sobre las causas —muchas, diversas y aún confusas— de la derrota de

UCD en Andalucía apunta a dos muy concretas que hasta el momento no han sido

suficientemente analizadas. Por su parte, la impropiedad del eje sobre el que se ha sustentado

la campaña. Y es que, en efecto, y según se ha observado en las urnas, los electores puestos

en el dilema de enfrentarse a un socialismo pujante se ha decidido por una derecha coherente

sin ningún atisbo de progresismo. Como aseguraba gráficamente un ministro, los andaluces se

han opuesto al PSOE «votando a la Thatcher». La segunda causa parece estribar en el poco

arraigo popular de los líderes presentes en la campaña electoral. Otros partidos, y

principalmente el Socialista,, tiene definidas perfectamente las personalidades dé sus

dirigentes, con los cuales el votante de izquierda ha simpatizado plenamente. Lo mismo ha

sucedido en esta ocasión con Manuel Fraga, un político sin gastar en Andalucía que, a pesar

de haberse opuesto también, a la declaración de la autonomía por la vía de la rapidez y no

participar en la redacción del Estatuto de Carmena, se ha beneficiado considerablemente de

los sufragios procedentes del centrismo.

La voluntad parece que unámime de sostener UCD como partido situado en el centro

sociológico va a tropezar en cualquier caso con enormes dificultades en los próximos meses.

Queda por saber cuál será la postura que adopte el ex presidente Suárez, criticado

durísimamente por su absentismo en Andalucía, pero que tiene, indudablemente, una porción

sustanciosa del partido identificada con sus supuestos políticos. No resulta fácil que Adolfo

Suárez negocie con el PAD de Fernández Ordóñez una coalición, entre otras cosas porque los

socialdemócratas escindidos de UCD van a anunciar su compromiso electoral con el PSOE,

basado en tres condiciones: la permanencia de sus siglas políticas, la discusión de un

programa moderado y la formación en las nuevas Cortes de un grupo parlamentario propio. La

nueva crisis centrista no ha hecho, pues, más que empezan.

 

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