Autor: Martín Descalzo, José Luis. 
   El Episcopado español ve con satisfacción las conversaciones que la Santa Sede y nuestro gobierno mantienen para lograr la mutua independencia  :   
 El cardenal Tarancón, en la apertura de la vigésima sesión de la Conferencia, precisó la postura de los obispos españoles ante la reciente visita de monseñor Casaroli. 
 ABC.    18/06/1974.  Página: 47-48. Páginas: 2. Párrafos: 33. 

ABC. MARTES 18 DE JUNIO DE 1914. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG.

47.

LA IGLESIA EN EL MUNDO DE HOY

«EL EPISCOPADO ESPAÑOL VE CON SATISFACCIÓN LAS CONVERSACIONES QUE LA SANTA SEDE

Y NUESTRO GOBIERNO MANTIENEN PARA LOGRAR LA MUTUA INDEPENDENCIA, BASE DE TODA

SINCERA COLABORACIÓN»

El cardenal Tarancon, en la apertura de la vigésima sesión de la Conferencia,

precisó la postura de los obispos españoles ante la reciente visita de monseñor

Casaroli.

ANOCHE LLEGO A MADRID MONSEÑOR ACERBI, QUE SE ESPERA MANTENGA CONTACTOS TANTO

CON LA CONFERENCIA COMO CON REPRESENTANTES DEL GOBIERNO

Unos setenta obispos iniciaron ayer la vigésima Asamblea plenaria de la

Conferencia Episcopal española, una de las más tranquilas celebradas en los

ultimas años. Ni su temática resulta especialmente tensa ni ha sido precedida -

por polémicas nada infrecuentes en otras ocasiones.

Protagonistas de la sesión de apertura fueron el discurso del cardenal Tarancón

y los rumores de la venida de monseñor Acerbi a Madrid.

El presidente de la Conferencia inició su intervención señalando que desde la

ultima reunión plenaria —a finales de noviembre— «diversos acontecimientos —

alguno de ellos de especial gravedad— han conmovido los espíritus» y han

obligado a reuniones de los órganos de la Conferencia (Comisión permanente y

ejecutivo) Sobre estos hechos—el cardenal aludía sin duda, tanto al asesinato

del presidente Carrero como al cambio de Gobierno y a las tensiones en torno a

la homilía: de monseñor Añoveros— monseñor Tarancón ha prometido informar a los

obispos, pero no en este público discurso de apertura. En él ha preferido

ceñirse a los temas de esta Asamblea, con una importante apostillá final sobre

la postura del Episcopado español ante el diálogo concordatorio que a Santa Sede

y el Gobierno español han emprendido.

CUMA DE RECONCILIACIÓN EN EL EPISCOPADO

El primer tema-tocado por el cardenal Tarancón fue el de la reconciliación.

Respondiendo a una invitación de Pablo VI los obispos españoles asumieron en su

pasada Asamblea un público compromiso: «El de promover, primero entre nosotros,

tos obispos, y después a nivel nacional, la auténtica reconciliación, procurando

que nuestra unidad apareciese como signo ante todo el pueblo de Dios y

facilitase la unidad intraeclesial y la reconciliación social.» Se ha cumplido

este compromiso? El cardenal Tarancón se mostró claramente satisfecho de los

primeros pasos en este camino.

Gracias a Dios —afirmó— los obispos españoles, que, como os decía el año pasado,

somos auténticos amigos, nos encontramos fácilmente unidos 5 concordes en los

problemas fundamentales que tenemos Planteados en la actuatidad, y con la

diversidad de criterios y posturas accidentares que necesariamente han de

existir entre personas conscientes y responsables, puede llegarse

fundamentalmente a una postura común única, aunque no uniforme, que sirva de

fundamento y apoyo a la unidad de nuestros sacerdotes de todo el pueblo de

Dios.

Es cierto que existen divergencias. Es cierto también que algunos se empeñan en

subrayar esas divergencias, no creo que con mala intención, pero sí con excesiva

ligereza. Pero os confieso que soy optimista a este respecto, aunque comprendo,

por otra parte, las enorrs es dificultades que existen para que esa

reconciliación sea efectiva y real en algunos ambientes de nuestras iglesias

locales y en el amplio campo de la convivencia ciudadana.

Quizá el propósito que se manifestó e» alguna reunión de publicar un documento

sobre este tema con motivo del Año Santo Universal, que señale el camino de la

auténtica reconciliación a todos los españoles, pueda ser un medio eficaz para

que nuestra unidad episcopal se proyecte en la vida v en la conducta- de nuestra

pueblo.

NO HAY ALARMA EN EL CAMPO DE LAS VOCACIONES

Pasó después el presidente de la Conferencia al tema de las vocaciones, tenia en

torno al que se ha creado un extraño y no siempre justo clima pesimista. Dijo

concretamente monseñor Tarancón.

Todos estamos de acuerdo en que existe una verdadera crisis de vocaciones

sacerdotales no solamente en España —es verdad—, pero también en España, aunque

no todos coincidamos en las causas que han provocado esa crisis ni aún en el

desarrollo de la misma.

No debo entrar yo en el fondo del problema —se liará en las ponencias

respectivas—, aunque creo interesante señalar: a) Que según los datos

estadísticos que se han recogido no hay motivo para esa alarma y ese pesimismo

que, fundándose más bien en impresiones y en datos anecdóticos, se han fomentado

en demasía.

Incluso da la impresión, teniendo en cuenta los datos objetivos, que "se está

iniciando —aunque lentamente todavía— la superación de esas crisis. Y esto es,

sin duda, un dato optimista que conviene subrayar.

b) Nuestros seminarios, que na-n pasado una época de intranquilidad, de

indecisión y de conflictividad como todos, los centros de educación juvenil —no

olvidemos este detalle—, están encontrando ya la serenidad y la paz.

PROBLEMAS EN EL CAMPO DE LA ENSEÑANZA

El tercer teína tocado por el arzobispo de Madrid fue el de la enseñanza, campo

en el que «muchos problemas no han encontrado solución ni se ve claro el

porvenir, tanto respecto a la educación de la fe en los distintos centros de

enseñanza como en la tarea educacional que realiza la Iglesia». Dijo a

continuación´el purpurado.

También en esta Asamblea habremos de dedicar algún tiempo a las cuestiones de

Enseñanza, y quizá convenga que se enfoquen ya, de una manera decidida, las

cuestiones principales qué se nos plantean:

a) La educación de la fe—o enseñanza de la religión—en los distintos centros:

Universidad, Escuelas Especiales, centros de Enseñanza General Básica, etc.. no

esta resuelta. Y aún se podría afirmar que en algunos de ellos—en la

Universidad principalmente— se ha llegado a una situación que es francamente

alarmante.

Por la importancia .que tiene este problema universitario en esta diócesis de

Madrid, yo he´ tenido que tratar el asunto con sacerdotes especializados y con

profesores de Universidad que se han prestado gozosamente a estudiar el problema

y » buscar la solución—a iniciarla, al menos— de: cara al próximo curso.

Y puedo aseguraros que ese problema me produce una honda preocupación y creo

llegada el momento de que el Episcopado , colectivamente manifieste claramente

su decisión y procure con el mayor esfuerzo abrir cambios para solucionar el

problema. Sera necesario que, a vista de la Información que nos presente la

Comisión Episcopal y de las posibilidades que ella pueda ofrecernos, deliberemos

seriamente sobre e1 mismo.

b) También en los centros de Enseñanza Generar Básica y en su segunda etapa,

preferentemente, presenta este problema dificultades especiales.

La Comisión ha realizado una labor, inteligente y eficaz para solucionarlo, pero

creo que es ya indispensable que nos formemos colectivamente conciencia de él y

lomemos decisiones en orden a su mejor solución.

EL PROBLEMA DE LA ORTODOXIA DE LOS LIBROS DE TEXTO

Se detuvo después el presidente de la Conferencia Episcopal en el tema de la

ortodoxia de los libros de texto que se usan en las escuelas y colegios

españoles, tema que tanta tinta consumió hace algunos meses. Dijo el cardenal:

Se había dado públicamente una voz .de alarma respecto a algunos textos de

religión que se utilizaban en los distintos centros de Enseñanza. Se habló

incluso de ciertas afirmaciones "heterodoxas» y de otras «peligrosas» para la

recta formación de los educandos.

Era demasiado grave la acusación para que la jerarquía, por medio de la Comisión

correspondiente, no tomara cartas en el asunto de manera decisiva.

Teólogos, biblistas, catequistas y pastoralistas de diversos centros» y

Universidades eclesiásticas han estudiado concienzudamente los 327 libros de

enseñanza escolar de religión, y en esta Asamblea nos presentaran los resultados

de ese estudio profundo y sereno.

Aunque me remito al informe que/nos presenten, creo que es interesante subrayar

ya en este discurso de apertura que «el resultado del estudio es profundamente

positivo y tranquilizador y que no existe ningún indicio que permita hablar de

heterodoxia».

La adaptación de las fórmulas tradicionales a los nuevos métodos educativas y a

la misma renovación que ha potenciado él Concilio no resulta siempre fácil Y se

da el caso de que algunos, para mayor seguridad, exigen una permanencia

Inalterable de las fórmulas mientras otros, quizá, puedan llegar a afirmaciones

todavía inmaduras en el afán de facilitar la captación de los alumnos.

Conviene subrayar a este respecto que es el Episcopado—cada obispo en su propia

diócesis y la Conferencia Episcopal, según sus propios Estatutos, para toda la

nación—, es el Episcopado digo, el que debe juzgar autoritativamente de la

ortodoxia de los textos y escritos de carácter religioso.

EL EPISCOPADO ESPAÑOL Y LA NEGOCIACIÓN CONCORDATARIA

Tras aludir al tema de los sacerdotes españoles que trabajan en el extranjero—

sobre el que Informaremos en próximas crónicas—, monseñor Tarancón abandonó el

tema propio de esta Asamblea para pronunciar una Importante serle de

afirmaciones sobre la postura del Episcopado español ante las conversaciones que

en la actualidad mantienen la Santa Sede y el Gobierno español. Puntualizaciones

Importantes, ya que algunas Informaciones —mal intencionadas o poco conocedoras

de la realidad—.venían presentando al Episcopado español como poco menos que en

una actitud galicanista con la que quisieran Apropiarse competencias de la Santa

Sede, afanosas de un independentísmo ante el Papa que nada tiene que ver con la

realidad. Este tipo de calumnias —ésta es exactamente la palabra—quedaron

netamente desmentidas ayer por el cardenal presidente de la Conferencia, que,

con aguda precisión de términos, dibujó así el verdadero estado de la cuestión:

Creo que es conveniente —yo lo creo obligado por mi parte— manifestar nuestra

postura ante él para evitar interpretaciones peligrosas. Yo me atrevería a hacer

las siguientes afirmaciones:

a) El Episcopado Español, cuya fidelidad a la Santa Sede ha sido siempre

absoluta, no sólo acepta de buen grado cualquier iniciativa o disposición de la

Santa Sede en éste, como en todos los campos, sino que ha recibido con

satisfacción esa iniciativa que manifiesta claramente la buena disposición de la

Santa Sede y el amor del Papa a España y que pretende solucionar en un clima de

diálogo amistoso las cuestiones que surgen, o pueden surgir, cerno consecuencia

de la vigencia de un Concordato que, sin duda, está necesitando una profunda

actualización como han reconocido todos.

b) El Episcopado Español desea con toda honradez y entusiasmo que se lleven

a cabo esas conversaciones en un clima de sinceridad y realismo para

conseguir la mutua independencia de las dos potestades, base ineludible

de una franca y sincera colaboración, ya que tiene la plena convicción de que

tan sólo de esta manera podemos atender adecuadamente al bien espiritual y aún

temporal de nuestro pueblo.

c) El Episcopado Español, consciente de su responsabilidad en la vida y

actuación de la Iglesia en nuestra patria, y respetuoso siempre con la autoridad

establecida y con los derechos del pueblo de Dios, está siempre dispuesto a

dialogar con todos para conseguir una verdadera convivencia pacífica y una

inteligencia mutua en beneficio de todo d pueblo.

d) La Conferencia Episcopal es consciente del papel que le corresponde en la

práctica de esas relaciones entre La Iglesia y la sociedad civil, como

afirmó claramente en el documento que publicó sobre este tema, y espera

confiadamente que puedan superarse los conflictos que actualmente deterioran

esas relaciones, estando dispuestos a prestar su colaboración sincera, y honrada

para conseguirlo.

LA VENIDA DE MONSEÑOR ACERBI

Conectados con estas afirmaciones del cardenal Tarancón estaban los rumores que

comenzaron a correrse ya en la sesión de la mañana de la venida de monseñor

Acerbi, segundo de a bordo de monseñor Casaroli y acompañante del mismo en sus

recientes contactos con el ministro Cortina. ¿Qué sentido tenía esta visita?´ En

los ambientes -de la ´Conferencia y en los de la nunciatura o nada se sabia

sobre este tema o nada se puntualizaba sobre él. En los pasillos de la Casa de

Chamartín se ofrecían dos posibles interpretaciones: la de quienes centraban su

visita en contactos con las autoridades civiles y la de los que veían su venida

como un gesto de cortesía y colaboración con la Conferencia Episcopal. Los

primeros estimaban que monseñor Acerbi vendría a concertar con el Ministerio de

Asuntos Exteriores las fechas de un próximo viaje del señor Cortina a Roma. Los

segundos afirmaban que monseñor Acerbi vendría para informar, oficialmente, a

los obispos españoles, de parte de la Santa Sede de las gestiones celebradas

por monseñor Casaroli en su reciente, visita a España. Quienes así pensaban

apoyaban su punto de vista en el silencio del nuncio que en su breve discurso no

aludió a tales conversaciones ni prometió ningún informe sobre las, mismas,

reservando tal vez esta información para el enviado vaticano.

Pero todo permanecía en el terreno de las hipótesis, sin que se excluya la

probabilidad de que monseñor Acerbi venga en una doble misión tanto ante las

autoridades del Gobierno como ante nuestra jerarquía. Lo único que se daba por

seguro a la hora de cerrar esta crónica era la llegada del enviado vaticano. Y

la noticia levantaba un poco el clima de atonta que en la sesión de apertura

resultaba Instante visible, especialmente en el campo informativo: las sillas

dedicadas a los periodistas, otras veces insuficientes, estaban hoy vacías en su

mitad. Las destinadas a las grandes agencias internacionales —cada una con su

cartelito— pregonaban hoy sus ausencias y su desinterés. ¿Es que los problemas

de la Iglesia sólo interesan cuando, desde alguno de sus polos, rozan con los

problemas políticos? La pregunta es grave y el periodista se limitará a decir

que los vacíos de hoy incitaban a una respuesta no demasiado optimista.

¿Atonía también en los escaños episcopales? No siempre es fácil distinguir la

serenidad de la falta de tono y es frecuente confudir el desinterés con la

ausencia de tensiones. Pero .el periodista no diría la verdad si contara que ha

percibido un clima- intenso y animosamente construictivo. Todo fiada más bien

pensar que la Conferencia Episcopal reflejaba ese descenso de ritmo que parece

percibirse en todo el catolicismo español hace ya bastantes meses. Descenso de

ritmo que aporta un positivo decrecer de las tensiones y polémicas, pero que

seria grave si no pusiera nada positivo en el lugar de esos roces que suprime.

El periodista —quizá porque es optimista por naturaleza o quizá, simplemente,

porque es cristianó— espera que en estos días los obispos nos demostrarán con

hechos que la reconciliación . es una tarea positiva, nos explicarán con

ejemplos que, siendo muy malo el estar «desunidos por algo-», no es mucho mejor

el ´estar «unidos para nada». Sobre todo habiendo, como hay, una tercera

posibilidad de estar «unidos para algo».— P. MARTIN DESCALZO.

 

< Volver