Autor: Seijas Flores, José. 
   En torno a una derrota     
 
 ABC.    15/06/1982.  Página: 29. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

En torno a una derrota

Por José SEIJAS FLORES

Las elecciones andaluzas, independientemente de cualquier otra consideración, nos sitúan ante una

confrontación abierta entre los dos principales partidos nacionales, UCD y PSOE, confrontación que,

como ya a estas alturas es «vox populi», se resuelve con la victoria absoluta de este último y el descalabro

del primero.

No pretendemos aquí restar méritos al triunfo socialista, entre otras cosas porque, como decía

Maquiavelo, «el fin justifica los medios», pero sí conviene no dejarnos engañar por las apariencias y

reconocer que el PSOE lo tuvo fácil, demasiado fácil. Una vez más le bastó con poner en práctica la

táctica, tan simple como socorrida, de capitalizar a su favor los graves yerros de su oponente. Es la táctica

que, a partir, sobre todo, de la segunda guerra mundial, viene aplicando sistemáticamente el marxismo

frente a actuaciones torpes y claudicantes, y así es como se va infiltrando y así es como lenta, pero

inexorablemente, ya metiendo la cabeza aquí y allá. Es la táctica que ante la escasez de mérito propio

manipula sagazmente el demérito ajeno. Es una táctica que, tal vez por archiconocida, no se le

presta la atención debida, y, creyendo ingenuamente que no va a engañar a nadie, termina engañando a la

mayoría. Con ella ocurre algo similar a lo que sucede con el timo de la estampita. Todo el mundo conoce

el truco, pero siguen cayendo incautos.

Tratar de justificar el desastre centrista manifestando que la culpa la tuvo el calor, o la apatía de algunos

sectores, o que el poder desgasta y otras expresiones similares, es algo tan ingenuo como pueril y además

con tales lamentaciones no se consigue otra cosa que sumar otro error a los ya cometidos.

Las causas de la derrota son pocas y claras. Tan pocas que podrían reducirse fundamentalmente a tres. En

primer lugar, la existencia de una moral de derrota que los propios interesados dejan traslucir sin recato.

Esto es ya de por sí un síntoma de descomposición interna. En segundo lugar, el esfuerzo, el gran

esfuerzo realizado se hizo a destiempo y cuando ya todo estaba perdido. Se pasó de la noche a la mañana

de la indiferencia a la máxima atención y este salto en el vacío no sólo no convenció a los andaluces, sino

que contribuyó a irritarlos. La tercera causa, pero no ciertamente la menos importante, es que, en líneas

generales, el peso de la campaña recayó sobre personas que, teniendo en cuenta la Idiosincrasia del

pueblo andaluz y las circunstancias por las que está atravesando, no eran las adecuadas para tal finalidad.

Este es un error que ya se cometió en las elecciones gallegas y que ahora se repite aquí con todas sus

consecuencias. Hay, pues, que ser sinceros consigo mismos y con los demás y empezar por confesar que

la derrota de Unión de Centro Democrático sólo es imputable a Unión de Centro Democrático. Aceptada

esta premisa, y si lo que se pretende es que la opción de centro recupere la importancia que ha tenido en

un próximo pasado, hay que proceder con la mayor urgencia a la regeneración del partido. Hay que

despreriderse de personalismos, caciquismos, amiguismos y demás ismos que no sólo han ido

deteriorando su imagen y, consecuentemente, le han hecho perder la credibilidad de su electorado, sino

que amenazan la propia existencia del mismo. Se impone la aplicación de medidas generosas. Hay que

permitir y facilitar el paso a la capacidad y el talento, que, se mire como se mire, son los únicos

interlocutores válidos para salvar la situación a medio y a largo plazo.

- No quisiera terminar estas pinceladas sin referirme a todos aquellos que parecen experimentar un placer

malsano con el deterioro de UCD y que, de una forma u otra, ya especulan con su entierro. Al respecto,

no estaría de más recordarles que nunca, en ningún momento, ningún país tuvo tanta necesidad de un

partido político de centro como la tiene ahora el nuestro, y ello por tres razones fundamentales. La

primera, por nuestra tendencia al extremismo, que nos ha llevado sucesivamente a lo largo de nuestra

Historia del Indibil al Mandonio. La segunda, porque el destino de nuestra frágil democracia va ligado al

destino del centrismo, y en buena medida, de la buena salud de éste depende la buena salud de aquélla, y

la tercera, porque un partido de centro fuerte es el único que puede desarrollar, practicar y consolidar con

éxito una política tan alejada de la tiranía como de las saturnales civiles.

 

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