Autor: Losada, Juan. 
   Besteiro como ejemplo     
 
 Informaciones.    27/09/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

BESTEIRO

COMO EJEMPLO

Por Juan LOSADA

JULIÁN Besteiro jamás provocó una

escisión dentro del P.S.O.E., aunque en

más de una ocasión se declaró inconforme

con la línea que el partido obrero

seguía en determinadas coyunturas

nacionales. Nunca se manifestó a

extramuros o contra las decisiones

aprobadas en los congresos. Discrepante

a veces —colaborar o no colaborar con la

burguesía republicana en el primer Gobierno

de la República, aprobar o no en su totalidad

la revolución de 1934, poner serias

connotaciones negativas a la creación del

Frente Popular con los comunistas—, lo

que no cabe poner en duda es la honestidad

y la firmeza ideológica de este dirigente

socialista, una de las figuras estelares

del socialismo español, que murió ahora

hace veintiséis años en la carcel

de Carmona, sin haber conocido la

tragedia y las mieles del exilio, puesto

que permaneció siempre junto al pueblo

que le había elegido tantas veces concejal

y diputado.

Ingresó en la Agrupación Socialista

Madrileña en 1905, a los treinta y cinco años

de edad, entre la juventud y la madurez,

después de haberse fogueado en los grupos

republicanos y reformistas. Desde entonces

ha sido una vida entregada totalmente

a la enseñanza universitaria y a la

defensa de los intereses de los trabajadores

a través del partido que había fundado

su maestro Pablo Iglesias. Poseedor

de una cultura histórica y política

verdaderamente impresionante, admirador de

Marx, pero completador de Marx, a mil

leguas de distancia del que explica Lenin,

existe tal lozanía y tal vigor en sus

lecciones pronunciadas o escritas que en

la actualidad se conservan con mayor

fuerza didáctica, si cabe, que en aquellos

años conflictivos de la historia española.

Por eso lo que más sugestiona

de sus textos es el sentido de anticipación,

con aquella precisión para señalar

los acontecimientos del inmediato futuro

con la perspectiva del sociólogo y del

filósofo político, precisamente en un

engarce en el qué coincide con Prieto,

cuyo libro preparado por el profesor

norteamericano Malefakis, a propósito de los

discursos fundamentales del tribuno

asturiano recriado en Bilbao, nos parece

una aportación decisiva para comprender

la hondura y los tejemanejes, por qué

no decirlo, que se produjeron entre los

principales líderes de nuestro

socialismo.

Para Besteiro, el marxismo no es la

dictadura del proletariado, no era el Estado

despótico impuesto por un grupo hegemónico

y arbitrario, como se ha establecido

en la Unión Soviética. Decía que

el socialismo científico es una síntesis

de los elementos teóricos y prácticos

que ha ofrecido la historia, del trabajo

y de la ciencia como concreción de la

democracia en busca de un mañana mejor,

sin dictaduras, sin coacciones, donde

todos los hombres tengan los mismos

derechos y los mismos deberes. Besteiro

explica su pensamiento en el libro

«Marxismo y antimarxismo», que sobre

un viejo ejemplar nuestro se publicó en

España, por primera vez después de 1939,

una vez suprimido el prólogo del señor

Alcalá Zamora, en los años centrales de

la década del 60, cuando apenas se podía

enjuiciar la obra de tan ejemplar

socialista. Si solamente hubiera dos

opciones —escribe— para elegir entre el

sovietismo y el socialismo democrático y

humanista escandinavo, sin ningún recelo

«me quedaría con el modelo nórdico».

Creemos que esta precisión es suficiente

para entender su comportamiento político

anterior y posterior. Conducta recogida

en las numerosas obras que se

han publicado más tarde: las de Andrés

Saborit, «Julián Besteiro» y «El

pensamiento político de Julián Besteiro»; el

«Julián Besteiro», de Lamo de Espinosa;

«El pensamiento de Julián Besteiro», de

Alberto Míguez; la de Marta Bizcorrondo,

«Besteiro: socialismo y democracia», e

incluso el «Anti-caballero», de Mario de

Coca. Así, se observa que es, por lo menos

en el estadio editorial, el socialista

en el que mayor número de veces han

coincidido los historiadores españoles,

muy por encima del tratamiento de la

fenomenología caballerista o prietista,

pero inferior al acervo de Pablo Iglesias.

En 1917 fue condenado a perpetuidad

por su participación en la huelga general

revolucionaria, en unión de Largo

Caballero, Saborit y Daniel Anguiano. Sin

embargo, salieron pronto del penal de

Cartagena porque el pueblo los había

elegido diputados, no obstante hallarse

en la cárcel. Besteiro era ya catedrático

de Lógica fundamental de la Facultad de

Filosofía de Madrid, como antes explicó

las disciplinas de psicología y ética. Ciento

treinta y ocho profesores, entre ellos

los promotores de la admirable Institución

Libre de Enseñanza de Giner de

los Ríos, que se había propuesto formar

hombres, caracteres, voluntades dentro

del nuevo sentido pedagógico, firmaron

un escrito solidarizándose con el

catedrático socialista. Ramón y Cajal,

Ortega y Gasset, Américo Castro, hombres

de ciencia que serían presidentes de las

Academias Menéndez y Pidal y del Tribunal

Supremo, Clemente de Diego, todos

manifestaron su repulsa a la condena

dictada contra Besteiro. Miembro

del Parlamento, como diputado y concejal

al mismo tiempo del Ayuntamiento de

Madrid, ciudad donde nació en 1870, escaño

y concejalía que ganó sucesivamente

en todas las elecciones hasta su detención

en 1939, también ocupó las direcciones

de la U.G.T. y P.S.O.E., presidente

de las Cortes Constituyentes de 1931,

donde se manifestó con la eficacia, la

caballerosidad, el talante y la dignidad de

tan alto magistrado de la política. Y cabe

recordar que en las elecciones de 1936,

cuando se produjeron los fenómenos

internacionales que empujaban a las masas

hacia un socialismo más avanzado, Besteiro

obtuvo más votos que cualquier

otro candidato, lo que representaba una

lección equilibrada de la ciudadanía, puesto

que no participó en la campaña prevía

electoral por su oposición a la alianza

con los comunistas.

Hijo de Madrid, aquí permaneció durante

la tragedia civil, salvo una efímera

salida a Londres y algún viaje a Valencia.

«Julián Besteiro, magnífico ejemplo

de civismo y dignidad», se escribía en

la revista «Crónica» en 1937, añadiendo:

este profesor insigne, que desempeñó

con el máximo acierto la presidencia de

las Cortes, ha sido designado ahora para

el cargo de embajador en la Argentina.

Pero Besteiro ha renunciado, por estimar

que su deber de ciudadano es no

abandonar Madrid en estos momentos.

¡Admirable Besteiro!

Repetimos que murió en la prisión

sevillana de Carmona el 27 de septiembre

de 1940, condenado a treinta años. Murió

con la misma grandeza socrática que

había vivido, como un preso más, junto

al pueblo, junto a los trabajadores, con

una notable voluntad y lealtad a la ideología

socialista enriquecida con su militancia

consciente y humanística. Este nos

parece su mejor ejemplo. 

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