Autor: Salazar, Víctor. 
   La reunificación de los socialistas     
 
 Informaciones.    09/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

LA REUNIFICACION DE LOS SOCIALISTAS

Por Víctor SALAZAR

Quien vuelva los ojos de la memoria al año 1970 verá que por entonces cuantos se sentían socialistas

españoles se agrupaban —afiliados efectivos o en potencia— alrededor de la bandera del Partido

Socialista Obrero Español.

Quienes, desde dentro de la Unión General de Trabajadores de España y de nuestro partido, hemos

seguido actuando, sin vacaciones, desde 1939, podemos testificar los sinuosos esfuerzos realizados por el

Partido Comunista Español para apoderarse de la Unión General de Trabajadores y, por esa vía, infiltrarse

en los cuadros del Partido Socialista Obrero Español. Claro que esas maniobras no se hacen —no las hace

el Partido Comunista, cuya forma de actuar es la misma que la habitual en una guerra contra naciones

enemigas— a cara descubierta. La práctica de la infiltración de afiliados «secretos» suyos en otros

partidos —no sólo en el nuestro— es de sobra conocida.

Quienes, por nuestra edad, vivimos activamente la guerra civil y los períodos anterior y posterior de ella,

tenemos muy presentes casos de increíbles infiltrados comunistas descubiertos luego. Fracasaron con

nosotros sus intentos durante mucho tiempo. Estamos convencidos de que tal fracaso terminó en el

Congreso de la U.G.T. celebrado en agosto de 1971. Las «excesivas» representaciones de afiliados de

dentro de España en aquel congreso, exhibidas con absoluto descoco, los «modos» —escándalo de gritos,

aplausos, vivas y mueras— tan diferentes de los hábitos de respeto que han constituido siempre norma en

nuestras asambleas, originaron que treinta y tantas secciones, las más numerosas entre ellas, abandonaran

el congreso.

Los infructuosos esfuerzos hechos por algunos delegados en el Congreso del P.S.O.E. de 1970 para que

se anulase la actitud de negativa a mantener relaciones con el Partido Comunista Español —actitud

mantenida desde 1946—, y lo ocurridos en el Congreso de la U.G.T. en 1971, son antecedentes claros de

la escisión producida en nuestras filas en 1972.

De que la posición del P.S.O.E., que es uno de los fundadores de la Internacional, se ajustaba a la más

rígida ortodoxia marcada por la Internacional Socialista, da clara prueba de lo que en la Declaración de

Principios de ese organismo se dice: a) «Desde la revolución bolchevique rusa, el comunismo ha dividido

el movimiento internacional de los trabajadores, retardando en muchos países la realización del

socialismo.» b) «Las tradiciones socialistas las ha desfigurado de tal modo el comunismo, que nadie

puede reconocerlas. El comunismo es un dogma rígido, incompatible con el espíritu crítico del

marxismo.» c) «El movimiento internacional comunista es el instrumento de un nuevo imperialismo. Se

apoya en una burocracia militar y en una policía terrorista. Donde se ha adueñado del Poder ha suprimido

la libertad y toda posibilidad de recuperarla.»

Nuestra opinión sobre esa base de los «renovados» la expresamos en una de nuestras circulares en marzo

de 1975. Afirmábamos en ella que «los compañeros que hicieron el congreso de agosto (de 1972, el de la

escisión), independientemente de que pudieran tener opiniones distintas a las nuestras en cuanto a la

estrategia que conviene seguir en los momentos actuales, son socialistas íntegros y leales a los postulados

de nuestro Partido Socialista Obrero Español».

Los «infiltrados», encaramados en gran parte en los cuadros dirigentes del «renovado», hicieron oídos

desdeñosos y sordos durante años a nuestras gestiones para lograr la reunificación.

Los «infiltrados» en el «renovado» habían logrado también otras «infiltraciones» en nuestros cuadros para

que, desde dentro —lo del caballo de Troya se inventó hace miles de años—, se prestasen a «dorar» la

píldora. Y lo que tendría que haber sido el congreso de la reunificación, trataron de convertirlo (con la

alevosía y ventaja que les proporcionaban su desenfado y las connivencias «negociadas» con los

«infiltrados» en nuestro partido) en el congreso ordinario de su sector, al cual nuestro partido asistiría de

hecho como invitado de quinta clase.

Por ese camino, la reunificación no es posible Pero el tiempo, fuerte aliado de la razón y de la verdad, está

de nuestro lado. Y yo confío en que la reunificación del socialismo español se hará cuando esos dirigentes

de hoy “hayan pasado”, y, remansado el iodo de este diluvio del que apenas empezamos a salir, el Partido

Socialista Obrero Español auténtico recupera cauce natural y vuelvan a fluir por él las límpidas y claras

aguas que son la historia de su honestidad, la lealtad a los intereses de los trabajadores y su sensatez, que

lo hicieron grande en la estimación de la mayoría de los españoles.

 

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