Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   La cena de Cantarero (y la Guinda)     
 
 Informaciones.    25/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LA CENA DE CANTARERO (Y LA GUINDA)

Por Abel HERNANDEZ

LOS políticos tenemos hoy la obligación de integrar opciones. Con tantas ofertas fragmentadas,

vamos a conseguir enloquecer al pueblo y fomentar el abstencionismo». Así se expresó don Manuel

Cantarero en su cena del Club Siglo XXI anoche (ver información en la página 5). Fue la cena de

los brazos abiertos, de la reconciliación, de los buenos deseos. Fue un ferviente llamamiento a

la reunificación de todas las fuerzas socialistas y socialdemócratas. A medianoche, tras el largo

diálogo, también los de Alianza Popular estaban de acuerdo.

«Creo que tanto Felipe González como Tierno, en sus intervenciones de TVE, han sido sinceros

—remarcó el señor Cantarero—. Lo que pasa es que se deben a sus bases. Este es un grave problema

que tienen que resolver ellos. Pero yo suscribo sus tesis.» Varios participantes en el sabroso

coloquio no estaban del todo de acuerdo con esta buena voluntad del señor Cantarero. Varias voces

acusaron a don Felipe González de «oportunismo electoralista» en su intervención televisiva.

Alguien llegó a decir que sus tesis podrían ser aceptadas «hasta por Alianza Popular».

La voz del exilio se escuchó con inmenso respeto. Don José Prat (presidente del P.S.O.E.-h), tras

advertir que «esto del exilio siempre es triste y, a veces, fecundo», subrayó que «uno mira hacia

España, que es mirar al mundo». Y añadió: «Tantos años de exilio hacen a uno optimista. Por arte

de birlibirloque es posible ahora la unidad socialista». Para el secretario general del mismo

partido, señor Murillo, sentado a la derecha del señor Cantarero, «la unidad socialista es una

aspiración ferviente nuestra. Hay que lograr una coincidencia mínima. La dictadura del proletariado

y todo tipo de dictaduras las queremos apartar de nuestra mente. Nos estamos uniendo ante el miedo

a la derecha, que es Alianza Popular. Mientras subsista el miedo, sobran todas las elecciones.»

Para el señor Cantarero «no hay que tener tanto miedo al marxismo», aunque «el marxismo-leninismo

es la negación del marxismo». En su opinión, «tan socialista es un socialdemócrata como un

socialista marxista no dogmático». Respondía así a don Ventura Olaguibel, secretario general de

la U.S.D.E. Su tesis fundamental fue: «Lo que nos tiene que ocupar hoy a todos los demócratas es

consolidar la democracia; el socialismo vendrá después». Y estableció este orden de prioridades:

«Primero, españoles; después, demócratas, y, por fin, socialistas.»

Fue impresionante el silencio con que se acogió a don Josué de Benito, antiguo secretario general

de las Juventudes Socialistas, que acaba de regresar del largo exilio. «Hemos de tener tal ansia

de reconciliación que hagamos que lo que pasó el treinta y seis no se repita. Las divisiones en

el seno del socialismo español han sido una constante histórica. La clave está en la actitud de

los distintos grupos ante el comunismo. Ahora se han radicalizado las posiciones. Hay que

encontrarse a mitad de camino.»

El profesor Lasuén (F.S.D.) opina que están en pugna en España la corriente socialista

decimonónica y la corriente moderna europea. Esta última es la que debe prevalecer. La unión debe

hacerse sobre bases firmes: «Aceptar una Monarquía constitucional y un Gobierno de coalición y

garantizar una mayoría parlamentaria; aceptar a los franquistas convertidos a la democracia y

romper la dialéctica franquismo-antifranquismo.» A su juicio, «los franquistas están tan desunidos

como los socialistas, porque tan franquistas son los de Alianza Popular como los del Centro

Democrático.» Sobre la pervivencia de este último conglomerado electoral, afirmó: «Lo que se

pensó como un frente liberal, con un pequeño componente demócrata-cristiano, se está convirtiendo

en una mayoría cristianodemócrata con una guinda liberal.» La marcha del señor Areilza parece que

confirma esta sospecha. A juicio de un cristiano-demócrata presente, «es cierto que el Centro

Democrático esta moribundo».

Don Ricardo de la Cierva, que llegaba de «la explosión histórica del hotel Velázquez», donde no

había visto a los socialistas, afirmó con cierto entusiasmo: «Esta noche he encontrado en vivo el

camino perdido del socialismo español.»

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