Las lecciones de un congreso     
 
 Diario 16.    05/01/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Los lecciones de un congreso

Los autores resaltan la importancia del reciente congreso de la Federación

Socialista Madrileña del PSOE, aludiendo al clima de concordia con que se

desarrolló el nivel de los debates, el funcionamiento de las corrientes y

el intento de arreglo para lograr la representación proporcional.

La Federación Socialista

Madrileña ha celebrado hace unos días un congreso, cuyo interés político

sobrepasa, con mucho, las propias fronteras partidarias. Dicho interés

no se encuentra, evidentemente, en la composición de la ejecutiva regional,

ni tan siquiera en el contenido de las resoluciones, aun siendo de indudable

actualidad y trascendencia. Muy al contrario, ese interés se centra en una

serie de aspectos orgánicos e ideológicos que, sin que dar materializados

en acuerdos congresuales o elección de cargos directivos, muestran que la

organización de los socialistas madrileños puede superar, a corto o medio

plazo los problemas que la han perturbado en los últimos tiempos. Dichos

aspectos, a nuestro juicio, son el clima de concordia y unidad en que se

celebró el congreso, la altura política de los debates del mismo, el

funcionamiento armónico de las corrientes y los síntomas de desbloqueo en

la cuestión de la representación.

Graves problemas

En cuanto al primero, es grato comprobar cómo una organización política que

ha tenido últimamente graves problemas, aun no totalmente solventados,

derivados de ciertas conductas personales y que, por otra parte, soporta

importantes enfrentamientos dialécticos derivados de su amplio pluralismo

interno, ha celebrado un congreso en el que ha habido duras críticas a la

gestión de los órganos directivos, profundo debate sobre cuestiones políticas

y orgánicas, y diversidad de candidaturas en un clima de respeto y convivencia

mutuos, y en un claro entendimiento de la solidaridad que debe haber entre

los miembros de un mismo partido.

El congreso de la FSM ha estado lejos de las batallas de personas y grupos

que se han dado últimamente en otros partidos y, también, ha corregido el

espectáculo nada edificante de las unanimidades del XXIX Con greso del PSOE.

En segundo lugar, hay que reconocer la altura que alcanzaron los debates.

Periodistas e invitados, habituados a la atonía político cultural reinante

en las instituciones públicas y en las propias organizaciones partidarias,

y recientes aún las aburridas, por no decir irrelevantes, vivencias del

congreso federal socialista, han asistido a unos debates inusitados, por lo

ricos y brillantes. Se ha demostrado, una vez más, que el pluralismo y la

diversidad, dentro del respeto a las reglas democráticas y de la coincidencia

en unos objetivos político sociales comunes, fortalecen y enriquecen a las

organizaciones politicas.

En tercer, e importantísimo, lugar se hace preciso subrayar el hecho de la

consolidación, al menos en Madrid, de la corriente de Izquierda Socialista y,

correlativamente, de la ahora mayoritaria (articulada en torno a los militantes

procedentes de la antigua Convergencia Socialista y a los más identificados

con la ejecutiva federal.

La Izquierda Socialista madrileña, que viene funcionando desde el anterior

congreso regional, aun sabiéndose de antemano materialmente perdedora, ha sido

capaz de un esfuerzo de afirmación ideológica y orgánica, que se ha visto

recompensado con el éxito moral de alcanzar para sus posiciones votaciones en

torno a un 33 por 100 (oscilando entre un 40 por 100 en la propuesta acerca de

la proporcionalidad y poco más del 25 por 100 —los incondicionales— en el rechazo

de la gestión de la ejecutiva saliente y en el apoyo a la candidatura propia).

Cifra que cobra más significado si se repara en el sistema mayoritario seguido

para la elección de los delegados o en la influencia implícita suscitada por el

equipo directivo.

Por otra parte, y a pesar de las pintorescas protestas en contra del juego

«parlamentario» entre mayorías y minorías dentro del partido, en el congreso se

manifestó una fuerte cohesión en la corriente mayoritaria, que superó en todas

las votaciones el 50 por 100. De la oposición dialéctica entre ambas corrientes

no ha surgido ningún peligro de disociación, sino, muy al contrario, un

funcionamiento armónico y unitario.

El último aspecto, y tal vez el más significativo, es el de los síntomas de

desbloqueo que se empiezan a notar en torno a las cuestiones de representación.

Por un lado, se ha reconocido, a nivel de la Federación Madrileña, el voto

individual y no por delegaciones, de los delegados en los congresos. Por otro, se

ha abierto una vía de diálogo, reconociendo su importancia política, a pesar de su

carácter puramente metodológico, en torno a la cuestión de la proporcionalidad.

Aunque ésta no se haya conseguido es evidente que, al menos en el ámbito de Madrid,

las razones a su favor han calado suficientemente. Y ello hasta el grado de que,

sin aceptarla, un sector de la mayoría (precisamente el más sincronizado con la

ejecutiva federal) propusiera una solución de compromiso basada en la fórmula

técnica del voto restringido (reserva de un 75 por 100 a la mayoría y 25 por 100

a la minoría) para los órganos políticos y deliberantes.

Sólo los intereses de poder a corto plazo y la falta de visión política han hecho

que el núcleo intransigente de la corriente mayoritaria rechazara esta fórmula, en

un alarde más de temor que de firmeza. De todas formas, la cuestión empieza a estar,

por lo discutida y valorada, lista para ser solventada en las conferencias regional

y federal que se celebrarán en los próximos meses.

Integración

Solución que pasa, evidentemente, por hacer realidad los deseos de integración que

todos los congresistas manifestaron.

No se piense que, ante las graves cuestiones que afectan a España, los anteriores

comentarios son frivolidades dictadas por la miopía política de hombres de partido.

Nada de eso; en una democracia los partidos son, como protagonistas insustituibles,

decisivos instrumentos de la vida política y social. De ahí que nuestra Constitución

reconozca y consagre ese papel, y de ahí que la frágil y joven democracia española

necesite, más perentoriamente que otras, el crecimiento e implantación en la sociedad

civil de los partidos políticos.

El correcto funcionamiento de los mismos —lo cual es tanto como decir que sean

participativos, transparentes a la opinión pública y ámbitos apropiados para el

debate ideológico y el pluralismo de opiniones—, así como lo adecuado de sus programas

o su riqueza intelectual, son condiciones previas para la solución de los problemas que

ensombrecen el momento presente. Nuestros males estarán, pues, en vías de solución cuando

los partidos cuenten con todos sus hombres y dispongan de organizaciones e ideas a la

altura del tiempo que vivimos. Nosotros —al fin y al cabo militantes— estamos convencidos

de que el PSOE marcará la pauta en ese sentido si somos capaces de profundizar en los

modos y temas debatidos en el congreso de Madrid. 

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