Autor: Dávila, Carlos. 
 Se acentúa la polémica entre la Administración socialista y los médicos. 
 La guerra de las batas blancas     
 
 Diario 16.    12/01/1983.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

10 NACIONAL

12 enero-83/Diario 16

Dos temas claves: las incompatibilidades y el aborto, sobre el cual hizo

en Barcelona el ministro Lluch unas discutidas declaraciones, han desatado

una polémica entre la Administración socialista y la Organización Médica

Colegial, una polémica que comienza a llamarse en círculos profesionales,

la «guerra de las batas blancas». En Madrid, los médicos han reaccionado

violentamente contra las medidas del Ministerio, y en

El cese en una jefatura de servicio del presidente del Colegio de Médicos

de Madrid ha sido la espoleta que ha desencadenado la guerra actual.

En la asamblea de médicos de Madrid menudearon los insultos contra los

partidarios de la Sanidad pública.

A la reunión del Colegio de Madrid asistieron más de tres mil colegiados,

entre los cuales puede observarse al presidente de la Confederación de

Sindicatos Médicos, doctor Blázquez, miembro de Alianza Popular.

Se acentúa la polémica entre la Administración socialista y los médicos

LA «GUERRA DE LAS BATAS BLANCAS»

Carlos DAVILA, corresponsal político

Madrid — La «guerra médica» ha estallado. El Colegio de Madrid se ha

adelantado a lo que ya puede llamarse con propiedad la «revolución burguesa

de las batas blancas», una revolución que tiene precedentes en países europeos

como Bélgica o Italia, y que enfrenta directamente a los profesionales de la

Medicina con la Administración Pública. Por dos motivos: la famosa ley de

Incompatibilidades y el aborto.

En puridad, la destitución del presidente del Colegio de Madrid, Javier Matos

como director del Instituto de Pediatría, ha sido, simplemente, una disculpa.

Puede decirse que la respuesta, la contestación a las medidas de incompatibilidad

aprobadas en julio del 81 y al «generoso» recuerdo que, sobre una normativa

antigua, hizo recientemente el ministro Lluch, estaba pensada mucho antes, y

articulada desde el Colegio por dos razones: porque no estaban de acuerdo la

mayoría de los colegiados con tal ley y porque, el recordar tal y como se había

presentado, pareció una agresión innecesaria a la mayoría de los colegiados.

Por eso se organizó la asamblea tumultuosa de Madrid.

Horarios

El ministro Lluch, que parece —y eso nadie se lo discute— tener razón en su

planteamiento general, ha pecado en las buenas maneras. Como otros ministros de

Sanidad —recuérdese el caso de Sánchez de León, que se enfrentó con los médicos

y terminó cesado— no ha sabido medir sus fuerzas contra una profesión liberal

que exige otras formas distintas al mero decreto. Los médicos, al parecer, no

discuten las incompatibilidades, pero plantean dos contenciosos muy dignos de

ser tenidos en cuenta: el modelo sanitario y los derechos adquiridos. En la

asamblea de Madrid, entre sorprendentes gritos de «¡Demócrata, demócrata!» para

ofender al doctor Hernández Les y reticencias dialécticas contra la Administración,

un profesional aseguró que si prosperaba la «actual persecución», «él y otros

muchos no dudarían en ponerse en manos del defensor del pueblo para que les

protegiera contra el atentado que se quiere perpetrar con la propiedad privada».

¿Qué atentado? Sencillamente, la destitución de plazas, de puestos de trabajo,

ostentados por profesionales médicos que los obtuvieron por oposición y que

ahora, lógicamente, se resisten a ser desposeídos de sus cargos por un argumento

elemental: porque son suyos. La mayoría de estos puestos, a mayor abundamiento,

gozan —por utilizar un eufemismo claramente injusto— de una remunera- 

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