El diálogo del PSOE con los empresarios     
 
 ABC.    16/11/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

OPINIÓN / A BC / MARTES 16l182

El diálogo del PSOE con los empresarios

El escenario ha cambiado, pero los actores son los mismos. El escenario electoral ya es historia, y de él

habrá de salir la política en la nueva legislatura. No se sabe aún, sin embargo, qué género de política

habrá de preponderar, si la definida en el programa del partido que ganó las elecciones, o la expresable

desde la moderación de que hicieron gala los más representativos de sus candidatos. Vale el distingo para

la mayoría de los capítulos en que se habrá de resolver la acción del nuevo Gobierno, aunque de manera

muy concreta y especial para el capítulo económico.

Los máximos dirigentes del PSOE acaban de mantener un largo y detenido encuentro con los más

cualificados representantes de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales. La CEOE

tuvo en la campaña un protagonismo no formal, pero sí cierto y de fondo... Y más allá del hecho de que

los puntos de vista y los intereses empresariales dispusieran de una representación más directa o más

tangencial, la verdad es que también, sin intermediación alguna, la CEOE puso cumplidamente de

manifiesto asimismo qué género de valoraciones le merecía el programa socialista, igual en lo que

concernía a la política económica en general como en lo que se venía a referir a la empresa. El mundo de

las relaciones laborales, muy especialmente, mereció a los empresarios el acento más profundamente

crítico.

El iniciado diálogo poselectoral entre la CEOE y el partido que por ganar las elecciones ocupará de

inmediato el Poder es un hecho perteneciente a la normalidad de los usos y hábitos democráticos. Positivo

resulta, por tanto, que esta costumbre se preserve; como positivo fue, durante la reciente campaña, que el

PSOE admitiera como un hecho normal la legal y serena concurrencia de los empresarios en ocasiones y

sobre temas definidores o conformadores de la opinión pública. No se repitieron las objeciones socialistas

de los precedentes comicios autonómicos de Andalucía. Tanto pesarían en ello, creemos, la realista

estimación de la naturaleza de las cosas como el propio refrendo judicial de la legitimidad de las

actuaciones empresariales en aquella campaña. Lo que interesa, sin embargo, considerar ahora es el

contenido real del encuentro habido entre los responsables socialistas y los representantes de la CEOE. En

cuanto a la materia de la discusión y la negociación es absolutamente relevante que ésta consistiera más

en los contenidos literales del programa que en los planteamientos modales expuestos durante la campaña

por los primates del socialismo, o viceversa.

Pudo el PSOE asumir las demandas de UGT para el mundo de la empresa y llevarlas a su programa

electoral. Pero le será imposible al Partido Socialista quererlas negociar con los empresarios españoles.

Cosas hay que resultan por sí mismas innegociables, por ser inaceptables de principio para la otra parte. A

tal orden pertenecen ciertas fórmulas de avanzada cogestión incluidas en el programa del PSOE. Si el

próximo Gobierno tuviera el propósito de aplicarlas, resultaría lo que se dice un grano de anís la

eventualidad de la nacionalización de cualquier sector de la economía española. Más grave habría de ser

la alteración de la estructura empresarial que transfiriera a los sindicatos —por vía de fiscalización de las

decisiones que corresponden a la soberanía del empresario, o por otros cauces— el gobierno de la

empresa, que la directa transferencia al Estado de las decisiones, titularidad o control de este o de aquel

sector de la economía.

En otro orden de cosas, tampoco habría de ser aceptable para los empresarios unos planteamientos de

política económica que no incluyeran como premisa fundamental la reducción del déficit público. De este

problema mana la inflación como de la fuente el agua. Y si bien es cierto que eí del déficit es un problema

que hereda el PSOE de los Gobiernos anteriores, no lo es menos que al PSOE corresponde una sustancial

coautoría y corresponsabilidad en la formación y acumulación de esa parte de la herencia. Fresca está la

memoria de las intervenciones socialistas en Plenos del Congreso, durante la última legislatura,

defendiendo la idoneidad y la conveniencia del déficit público.

Pues bien, tanto desde un punto —el de las relaciones laborales— como desde el otro —el de la política

económica—, ¿cuáles pueden ser las condiciones reales para que el diálogo (entre los dirigentes

socialistas y el mundo empresarial llegue hasta algo más que un sólo, civilizado y siempre conveniente

encuentro? Para que la economía española funcione, tal como gusta decir a don Felipe González, tan

necesario resulta que se tengan en cuenta los puntos de vista de quienes la hacen porque son sus directos

protagonistas, es decir, de los empresarios, como conveniente e imprescindible que lo poderes públicos

aporten las condiciones suficientes para que ese protagonismo de la empresa privada no tenga que encarar

otros riesgos que los específicos de su función.

Todavía es tiempo para que el futuro Gobierno socialista tome oportuna nota de los fracasos cosechados

en tiempo récord por el socialismo en Francia. No hay más cera que la que arde, y nuestros vecinos

disponían de bastante más cera que nosotros cuando accedieron al Poder. Más enteramente nulo que

escaso es el margen de experimentación de que dispone la economía española. La evidencia de ello se

alcanza desde la práctica y directa inmersión en los problemas económicos que los empresarios tienen

mejor que desde las brumosas atalayas de la doctrina. Si son estas consideraciones las que han

prevalecido en el diálogo PSOECEOE, podremos estar más tranquilos.

 

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