Autor: Sopena Daganzo, Enrique. 
   El desafío autonómico del PSOE     
 
 Diario 16.    08/11/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

El desafío autonómico del PSOE

Los partidos nacionalistas catalanes y vascos han acusado frecuentemente al PSOE de lo que ellos llaman

sucursalismo. Ahora tienen los socialistas la oportunidad de demostrar, sin equívocos ni ambigüedades,

que tal acusación no es cierta.

El PSOE tiene ahora la oportunidad de demostrar sin equívocos ni ambigüedades que la permanente

acusación de los partidos nacionalistas —en Cataluña: CiU, Esquerra Republicana y Nacionalistes

d´Esquerra — contra los socialistas no es cierta.

Vienen sosteniendo tales partidos que el PSOE defiende tradicionalmente posiciones de corte centralista,

equiparables incluso a los de la derecha. Así, al menos, lo han reiterado los líderes «convergentes»

durante la reciente campaña electoral. El ejemplo de la LOAPA —considerada como un instrumento de

agresión orientado a recortar la autonomía de Cataluña— ha conseguido exhibir a los adversarios de tal

ley como casi los únicos baluartes de los derechos colectivos catalanes.

Partido federal

Los socialistas han argumentado el carácter federal de su propia organización que —aseguran— desearían

ir trasladando a la configuración del Estado. Han insistido en la manipulación que, a su juicio, se ha

venido efectuando de la LOAPA. Y han proclamado que un Gobierno socialista será la mejor garantía

para el desarrollo equilibrado y armónico de las autonomías.

A partir del mismo momento en el que Felipe González se convierta en el inquilino de la Moncloa, los

socialistas deberán hacer honor a sus compromisos. Y no bastará con Ia promesa de nombrar ministros

catalanes, porque algunos han recordado que tal situación ya se produjo durante el antiguo régimen, a

modo de caramelo para contentar ciertos y difusos sentimientos regionalistas. Desde aquel inefable

ministro sin cartera, don Pedro Gual Villabí, infatigable viajero puntualmente anunciado por la prensa de

la época entre Barcelona y Madrid y viceversa, hasta Laureano López Rodó o Fontana Codina, entre

otros, catalanes hubo en los sucesivos Gobiernos del general gallego.

Los socialistas no pueden perder de vista que sus excelentes resultados en Cataluña han de ser

contrapuestos a ese más del 31 por 100 de los votos emitidos en favor de CiU y de Esquerra Republicana.

Y han de saber, además, que entre sus mismos votantes y entre los votantes de otras opciones no

estrictamente catalanistas se refugia un no despreciable contingente de ciudadanos que, aun prefiriendo el

cambio, se han inclinado por éste con cierto temor, sin embargo, a los excesos centralistas de algunos

núcleos del PSOE.

No todos, ni mucho menos, de los que depositaron su papeleta para incrementar la fuerza del

nacionalismo pueden ser calificados de burguesesbanquerosconservadores. Para bastantes votantes de

CiU o de Esquerra Republicana —por descontado, de Nacionalistes d´Esquerra — han pesado más sus

fervores catalanistas que sus simpatías hacia un triunfo progresista en toda España. Se argumentará que

estos ciudadanos han sido víctimas de una propaganda con ribetes demagógicos fundamentada en

afirmaciones como éstas: «Sólo nosotros defendemos de verdad Cataluña» o «Cuidado, porque los

socialistas son enemigos declarados de Cataluña».

La campaña, como es normal, se ha caracterizado por la confrontación dialéctica. Después de la campaña

han de ser los hechos quienes acaben por dar la razón a unos o a otros. Si el PSOE ignora, en la práctica,

que existen en España nacionalidades con unas características bien diferenciadas, el recelo irá

aumentando y los socialistas habrán desaprovechado una ocasión magnífica para amortiguar tantas

tensiones —a menudo peligrosas— como las que, en razón de las reivindicaciones autonomistas, se han

generado en España.

Terapéutica

El llamado problema catalán —también, en parte, el vasco— requiere con urgencia una terapéutica de

pedagogía y de comprensión. El talante pedagógico que Felipe González ha imprimido a su campaña

debería aplicarse, con sosiego pero tenazmente, a la explicación a todos los niveles de unas situaciones

nunca bien abordadas para la gran mayoría de los ciudadanos españoles, incluidos los que viven en

Cataluña y en Euskadi.

Si, junto a esa necesaria pedagogía, el nuevo Gobierno pone en práctica con rigor y transparencia unas

relaciones con la Generalidad —sean quienes sean los administradores de la misma— que desarrollen el

Estatuto de autonomía, el PSOE habrá arrebatado a sus críticos una baza importante.

Y, sobre todo, el PSOE habrá contribuido a normalizar, de una vez por todas, la convivencia fecunda

entre pueblos que algunos, interesadamente, presentan como antagónicos.

 

< Volver