Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Historia política del ejército español  :   
 De José Ramón Alonso. Editora Nacional, 1974. 
 ABC.    15/08/1974.  Páginas: 2. Párrafos: 10. 

«HISTORIA POLÍTICA DEL EJERCITO ESPAÑOL»

De José Ramón Alonso

Editora Nacional, 1974

15 agosto de 1974

Por José María RUIZ GALLARDON

Escribir una historia política del Ejército español no es tarea fácil. Y, sin embargo, era urgente y

necesaria. Sólo a través del estudio de la recíproca influencia que milicia y política han tenido es posible

comprender algunos de los fenómenos mis característicos de la historia española. Por ejemplo, cierto

tópico antimilitarismo español, anacrónico y sin visión de las realidades ha sido responsable del fracaso

histórico de las izquierdas, desde Olózaga hasta Azaña.

Porque, como subraya José Ramón Alonso, concebido el Ejército como cuerpo político compuesto por

hombres y sujeto, por tanto, a los errores y a las pasiones humanas, es lo cierto que, formado desde el

pueblo, ha resucitado ser el único intérprete suyo en las horas dramáticas y asi participa en las tensiones

populares «situándose, en toda crisis de la nación, con los grupos que sientan más próximos al

patriotismo, a la disciplina y a unas mínimas tradiciones esenciales».

Es, pues, ésta, obra del máximo interés en la que el conocimiento histórico del desarrollo de la institución

militar desde 1700 a 1931 pone de manifiesto el sentido de su actuación en la historia política patria. Y

conviene no olvidar que «la politización del Ejército fue una consecuencia de la división del país, ya que

siendo los Ejércitos parte muy representativa del pueblo —y durante algunas décadas más numeroso que

un cuerpo electoral censitario— es difícil que en tiempos de turbación no se encuentren sometidos a

tensiones idénticas. Lo que a lo largo de casi dos siglos y medio parece comprobarse es que el Ejército se

resiste a la politización cotidiana aunque se sintiera como una garantía de las instituciones».

Para demostrarlo basta con entresacar de entre las páginas de este libro las numerosas ocasiones en que

«los políticos» apelan a la fuerza armada. No una, sino múltiples veces se quiere hacer del Ejército

Instrumento dócil de una cierta política partidista. Y es casi siempre el Ejército quien se resiste, aunque

luego carguen en su cuenta con notoria Injusticia los fracasos de aquellos hombres encargadas de

conducir el país.

Asi, es desolador comprobar a la altura actual en que vivimos la serle de campañas en las que se quiso

hacer responsable al Ejército de las derrotas nacidas mucho antes que en el campo militar en los

despachos ministeriales. Desde Cuba y Filipinas hasta Annual. José Ramón Alonso ha podido escribir a

este último respecto que «cuanto sigue —después de la derrota— serla no sólo la reacción de un pueblo,

que Inicialmente desea recuperar lo perdido y salvar lo más posible de su Ejército —cerca de diez mil

soldados perecieron, muchos de ellos bárbaramente asesinados—, sino las tristes consecuencias de buscar

con menos ardimiento la victoria que una Implacable y masoquista determinación de encontrar

responsabilidades personales y concretas».

Y no está de más recordar, como lo hace el autor, que Ortega y Gasset, en un texto publicado en el uño da

Annual, dijera: «lo importante es que un pueblo advierta que el grado de perfección de su Ejército mide,

con pasmosa exactitud, los quilates de la moralidad y vitalidad nacionales. Raza que no se sienta a si

misma deshonrada por la incompetencia y desmoralización de su organismo guerrero, es que se halla

profundamente enferma e incapaz de agarrarse al planeta.

He ahí las razones que explican la necesidad de esta obra. Su autor, José Ramón Alonso, ha estudiado el

tema con minuciosidad pero sobre todo con el íntimo convencimiento de que abría el campo de

investigación a una materia interdisciplinar, situada entre la pura historia militar y la historia política,

porque sólo a su través se aclaran y dilucidan arduas cuestiones, hasta ahora oscuras, que no sólo sirven

para entender el pasado, sino que deben proyectar su luz para el futuro.

Vivimos una época en la que se tiende a hacer del Ejército un algo distinto y separado del pueblo. No

negamos en absoluto la necesidad de profesionalizarlo y de dotar a sus hombres de la preparación técnica

que la hora exige. Pero afirmamos rotundamente que es preciso enraizarlo en el mismo pueblo. Que el

Ejército no es ni debe ser un cuerpo separado de la nación y que ésta, sus hombres, todos sus ciudadanos,

de alguna manera, de muy importante manera, son miembros de aquél y en él se hallan representados.

Esta vinculación estrecha y natural entre pueblo y Ejército es de la máxima trascendencia. Por eso, como

escribiera Cambó, es cierto que los militares, como el médico que opera un tumor, no crean el mal. Lo

presentan ante los ojos del país.

Prescindo, de intento, de un análisis pormenorizado de todos y cada uno de los temas que abarca esta

obra. Algunos de ellos tan interesantes como el papel de las llamadas Juntas creadas por el coronel Benito

Márquez en el segundo semestre de 1916 y su repercusión en el cuerpo militar. Para mí lo importante es

el análisis detallado que en este libro se hace de las razones que mostraron las actitudes políticas del

cuerpo militar. Porque «a través de los éxitos o de las adversidades, de los aplausos o de la crítica, el

Ejército popular de la guerra de la Independencia, el aristocrático de 182333» el progresista y el liberal de

183474 y el conservador moderado de 18741923 será siempre fiel a si mismo en las motivaciones

esenciales. Lo que encrespa al cuerpo castrense es la incomprensión política ante los problemas de la

defensa, la insuficiencia de dotaciones, la inadecuación de las armas y el terco error de atribuir sólo al

Ejército las catástrofes —1824, 1898, 1921— cuando antes se le hablan negado los recursos necesarios

para obtener la victoria o, políticamente, no se le habla permitido alcanzarla».

La obra termina con el advenimiento de la República. Y es una lástima, pues, aunque comprendo muy

bien que no es todo lo precisa que debiera la perspectiva que hoy podemos tener del papel del Ejército en

los años siguientes a 1931, es esta etapa de tal interés que un escritor como José Ramón Alonso debería

continuar su obra. Estoy seguro de que ese es su propósito y que el mejor elogio que puede hacerse del

libro que comento es la ansiedad que deja en el lector de proseguir la lectura. Lo que en torio caso me

parece evidente es que después de la publicación de este libro ningún historiador serio, ni aún el simple

curioso de nuestra historia, podrá dejar de acudir a su consulta y meditación.—J. M. R. G.

 

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