Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   Días verdes     
 
 Diario 16.    07/09/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

GRITOS Y SUSURROS

José Luis Gutiérrez

Días verdes

LOS días que corren tienen, ciertamente, una tonalidad verdosa, lectores. Es el color inconfundible del

apresurado dólar, los fugaces billetes de mil y la cristalina tonalidad de la nafta de 96 octanos que, ay, ya

bulle amenazadora en los depósitos de Campsa.

Son éstos, pues, días verdes, de cifras y guarismos imposibles, días de economía.

Primeramente, el Congreso Mundial de Economía, que tiene lugar en Madrid, escuchó impasible la

amable y metafísica reprimenda del presidente Felipe González, sobre la inutilidad de las distintas recetas

económicas, de cara a la salida de la crisis mundial que padecemos. Lo que ya es más discutible es que el

presidente buscara orígenes a las enfermedades del dinero en los egoísmos de los países prósperos frente

a las necesidades tercermundistas. Esto; en parte, resulta tan obvio que no era necesario resaltarlo en el

mensaje presidencial. Ya sabemos que el hombre es un chisme bastante imperfecto en el que prima más la

viscera que la neurona, el egoísmo quería solidaridad, y me temo que así vamos a seguir durante un

tiempo. La salida de la crisis que el Gobierno debe de pilotar para nuestro país tiene que asentarse en el

realismo más próximo y cotidiano, en los mecanismos que tiene a su alcance, sin concesiones a los viajes

utópicos ni a las proclamas ayatóhilicas. Es como culpar a Zeus de las riadas vascas.

Claro es que, por otra parte, el presidente tenía toda la razón cuando habló de los economistas como una

especie de brujos atómicos.

Yo recuerdo que a primeros de año comparé a Miguel Boyer con aquellos teósofos milagreros, en busca

de las fuerzas económicas ocultas, que al final siempre aparecen en los descorazonadores diagnósticos de

la OCDE o del Banco Mundial.

DE tonalidad verde ha sido, asimismo, la intervención del ministro Boyer en TVE, en la que reveló lo que

ya todos sabíamos, por otra parte. Su gran estatura política y económica, su rechazo del marxismo como

recetario y método de análisis, y lo mal que está la vida.

Porque, lectores, vamos a hablar con sinceridad de economía y a decir que la situación no está para

bromas. Tanto es así que, al margen de que se niegue desde el Gobierno que se pretenda poner en marcha

cualquier tipo de plan de estabilización, lo cierto es que las primeras medidas estabilizadoras ya han

hecho aparición.

La Banca privada, tras las últimas decisiones de Boyer, está con el agua al cuello y la camisa que no le

llega al cuerpo. Puede decirse que tras las recientes acciones gubernamentales, en el terreno monetario ya

no se puede hacer más, o al menos así lo consideran los hombres de los «siete grandes».

De los 70.000 millones de pesetas de beneficio de la Banca privada previstos para el 83, unos 46.000

millones ya van a parar al Banco de España. Tras el aumento de los coeficientes de caja y depósitos

obligatorios y la ausencia de medidas saneadoras que no se llevaron a cabo, la Banca privada puede

situarse muy próximamente a los peligrosos lindes de las pérdidas.

TAMPOCO se ve, por otra parte, el esperado relanzamiento interior. Francia sigue pesando como una

losa, y el poderoso motor de la R.F.A. no tiene previsto un crecimiento para el próximo año muy superior

al 1 por 100.

Es legítima y muy fundada, por tanto, la preocupación del Gobierno, y muy principalmente por las

consecuencias políticas que pueden derivarse a corto y medio plazo de tal impotencia.

En el terreno sindical, por ejemplo. Todo el secreto del éxito en la política de un sindicato radica en las

posturas reivindicativas y en la defensa de intereses de sus afiliados frente a las fuerzas contrarias. La

incapacidad de acción con la que se va a enfrentar UGT frente a un sindicato combativo, sin complejos y

con las manos libres como es Comisiones Obreras, resulta patética.

Hasta ahora se han ido capeando temporales con meros fuegos de artificio para la galería, a base de

declaraciones más o menos estrepitosas como las recientes de Nicolás Redondo. Pero UGT, el sindicato

fraternal del partido en el Gobierno, está condenado a seguir, aunque sea a regañadientes, las grandes

líneas de acción económica diseñadas por el Ejecutivo. Con lo cual es muy posible que se avecine un

proceso sindical tremendo, que puede terminar con grandes convulsiones en el seno del sindicato

socialista y con la vuelta de Comisiones al lugar hegemónico que perdió en las últimas elecciones

sindicales. Al tiempo.

 

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