Autor: Martín Descalzo, José Luis. 
   Las ganas de chichar del PSOE     
 
 ABC.    24/05/1982.  Página: 40. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

40 ABC /CULTURA Y SOCIEDAD / LUNES 24582

Crónicas del alma / Martes 18 J. L .Martín Descalzo

Las ganas de chinchar del PSOE

Leo hoy, con interés, la resolución del Tribunal Constitucional desestimando la petición del PSOE, que,

en un escrito firmado por PecesBarba y 69 diputados más, pedía que se declarasen inconstitucionales las

capellanías castrenses, o cuando menos su sistema de ascensos, y el hecho de que estos

capellanes tuvieran graduación militar.

El Supremo Tribunal, con lógica evidente, señalaba que «el hecho de que el Estado facilite la prestación

de asistencia religiosa católica a los individuos de las Fuerzas Armadas no supone lesión al derecho a la

libertad religiosa de cada uno (libre siempre de aceptarla o rechazarla), ya que dicha prestación no

excluye la asistencia religiosa a los miembros de otras confesiones».

El hecho me parece clarificador de muchas cosas y me asombra un tanto el que no haya tenido en la

Prensa los muchos comentarios que merece, porque define perfectamente el equivocadísimo camino que

el PSOE adopta en muchos problemas relacionados con lo religioso. Un estilo que puede definirse como

de «ganas de chinchar»; que levanta «guerritas» sobre temas menores llamadas únicamente a provocar

molestia en los sectores católicos y a sembrar rencores y recelos que los socialistas deberían ser los

primeros en alejar.

En un inteligente artículo publicado por Luis Solana en «Diario 16» se quejaba el parlamentario socialista

de la airada respuesta que alguna publicación militar había dado a su petición, viendo en ella un ataque

tanto a la religión como al Ejército. Pero debería Luis Solana reconocer que esa desmesurada reacción se

la han ganado a pulso promoviendo una petición mal formulada, confusa, innecesaria, llamada a molestar

mucho y construir poco.

Yo no voy a ocultar que, en cierto modo, coincidiendo con parte de la petición socialista: creo

sinceramente que el apostolado de los sacerdotes castrenses sería más claro y profundo si fueran

simplemente un grupo de sacerdotes dedicados al apostolado en los cuarteles, pero sin que ello implicara

su condición de militares, y menos aún de oficiales. Pienso que el soldado acudiría con mayor libertad al

«pater» si éste no fuera simultáneamente capitán. Y que el sermón del mismo castrense sería más libre si

no tuviera dependencia alguna de grado respecto al jefe del regimiento.

Esto es lo que pienso y lo que hace ya diez años pensaba la mayoría de los reunidos —sacerdotes y

obispos—, que así lo votaron y aprobaron en ¡a Asamblea conjunta. Pero pienso también —y así lo pensó

la Conjunta— que ese es un logro que habrían de conseguir los propios castrenses y por razones de

clarificación apostólica, no por supuestos planteamientos jurídicos anticonstitucionales.

Los hechos están ahí: la práctica totalidad de los países occidentales —que tienen separación de Iglesia y

Estado— cuentan hoy con diversas variantes de capellanes castrenses y en los mas de los casos cuentan

éstos con graduación militar. Y —curiosamente— en ninguno de tales países se presentó jamás tal

petición de anticonstítucionalidad. Pero es que aquí se confunde el laicismo con las ganas de molestar y la

separación de la Iglesia y el Estado con la permanente chinchorrería en todo lo que roza lo religioso.

Creo que no sería malo que los dirigentes del PSOE revisaran su estrategia en este campo. Ni a ellos ni a

la Iglesia les conviene la apertura de heridas, sobre todo por cuestiones innecesarias. Gestos como esta

moción pueden conseguir lo contrario de lo deseado. En este caso una triple derrota: que el Tribunal

Constitucional les dé con la ley en las narices; que un proyecto de autorreforma que estaba germinando en

muchos capellanes castrenses se politice y dé marcha atrás, y que muchos católicos (y en este caso,

además, muchos militares) piensen que la postura religiosa del PSOE es de abierta (o de quisquillosa)

hostilidad. Cualquier partido serio daría un azotito a los 70 firmantes de un escrito que ha recolectado

tantas derrotas en una sola tacada.

viernes 21

Estallido de Folclore

La verdad es que estas dos últimas semanas no nos han dado demasiados motivos para estar orgullosos a

los católicos españoles: primero un cura español (suspendido «a divinis», pero, en definitiva, cura) intenta

agredir al Papa; luego, en Alba de Tormes, un papa de farsa es poco menos que linchado por un

fuenteovejuna religioso; más tarde otro truhán trata de engañar a la gente con las falsas lágrimas de una

imagen granadina... Quienes lean esta concatenación de hechos en un periódico extranjero, ¿qué pensarán

de nuestro catolicismo? Y aún podríamos añadir nuevos coeficientes a la lista: porque, por las mismas

fechas, supuestos intelectuales españoles hablaban de Juan Pablo II con un lenguaje despectivo que

ciertamente uno no ha encontrado jamás en ningún otro país con motivo de los viajes papales (en los que

surgen críticas, pero se hacen desde la dignidad). Y hasta podríamos ver en la «tele» a un gracioso

académico que en la noche del jueves anunciaba irónicamente (en. una emisión sin duda grabada días

antes) que el arzobispo de Granada se callaría en el tema de la Virgen de las lágrimas, cuando ya todos los

españoles conocíamos sus palabras y su valiente decisión cancelando la superchería. ¿Cómo es que en

nuestro país hasta los intelectuales participan de ese beaterío folclórico?

Sábado, 22.

Los polvos y los lodos

A las pocas horas de que los teletipos difundieran por el mundo la noticia del atentado de Juan Fernández

contra el Papa, monseñor Lefebvre se precipitó a aclarar que «ya no era de los suyos» y que nada tenía

que ver con la Fraternidad. No seré yo quien responsabilice al anciano arzobispo de un atentado que él,

con toda certeza, no habría deseado. Pero,"¿cómo no recordar que todos los grupos políticos o religiosos

se precipitan a distanciarse de cualquier asesino...siempre después de su crimen o de su intento de

agresión?

En cualquier grupo humano hay o puede haber un neurótico. Pero, ¿no deberían pensar ciertos grupos si

su radicalismo no atrae a esos neuróticos? ¿No deberían preguntarse también si las enseñanzas dadas a

esos grupos no serán el caldo de cultivo que acentúe esa neurosis? ¿No habrá una cierta

corresponsabilidad moral en quienes terminaron de hinchar esa cabeza con

una hostilidad que un día se convirtió en odio?

Ciertos integrismos, con el cultivo de la crítica desmesurada, con la exageración de auténticos o supuestos

errores de la Iglesia actual, con la difusión de bulos integrales, con el ejercicio sistemático de la

incomprensión, puede acabar empujando a la violencia. Basta luego una cabeza un tanto desequilibrada

para que el polvo del desamor se convierta en el odio de la bayoneta.

 

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