Autor: Reflexiones socialistas (grupo de opinión). 
   Tres estrategias contra el PSOE     
 
 Diario 16.    22/02/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

REFLEXIONES SOCIALISTAS

(Manuel Tirrión, Manuel Abejón y José Manue! Moran)

Tres estrategias contra el PSOE

Los autores ponen de manifiesto tres estrategias en contra del PSOE, urdidas por la derecha para

impedirle el triunfo electoral. Tras describirlas y señalar que la más peligrosa es la que propicia una

moderación excesiva de la oferta electoral socialista, reiteran que la única respuesta posible es aunar el

realismo de tal oferta con el compromiso con la democracia y la defensa de los intereses de la clase

dominada.

Hay en el país una sensación generalizada de triunfo socialista en las próximas elecciones, que los

sondeos no hacen sino confirmar, aunque empañándola con la casi seguridad de una fuerte abstención. La

derecha, que observa con atención el ascenso del PSOE, contempla tres posibles estrategias para

combatirlo.

La primera, dramática e improbable, sería la de impedir por la fuerza el acceso del PSOE al poder. Los

reductos ultras en los aparatos del Estado, la extrema derecha anticonstitucional y algunos intransigentes

del poder económico estarían por tal solución. Sus posibilidades son pocas, entre otras muchas razones

por el escaso entusiasmo que despiertan sus métodos en unos capitalistas españoles y multinacionales

para los que nuestro socialismo actual es algo molesto, pero nada preocupante para sus intereses.

La «gran derecha»

La segunda estrategia, la más natural y lógica, patrocinada por la gran patronal y la derecha conservadora,

consistiría en sustituir a UCD como representante político fundamental de las clases dominantes y montar

una «gran derecha» unida pre o poselectoralmente para frenar el avance socialista en las urnas. Fraga ha

dicho que «todos los esfuerzos serán pocos para salvar a España del bandazo hacia el socialismo» y el

dirigente empresarial Segurado ha insistido en que «los empresarios van a intentar por todos los medios

que en las próximas elecciones triunfen partidos que defienden un modelo de sociedad distinto del que

propone el PSOE».

Aunque la historia no se repita nunca exactamente, no está de más citar precedentes. La estrategia

violenta recuerda la de 1936; incluso es seguro que, llegado el momento, recurriría a los viejos

estandartes, así como los golpistas del 23F en Valencia se «inspiraron» para redactar su manifiesto en los

de Mola y Franco.

Por el contrario, la estrategia electoralista tiene su antecedente en la brillante acción derechista en los

comicios de 1933, antesala del «bienio negro». En aquella ocasión bastaron cinco días escasos para

concertar un gran frente electoral —incluyendo desde la CEDA y los nacionalistas hasta monárquicos y

fascistas, unidos por el espantajo antisocialista y antimarxista que habría de alcanzar un éxito notable.

En efecto: las derechas pasaron de 43 diputados en las Constituyentes a 224 y los centristas (en su

mayoría seguidores de Lerroux y propicios ai pacto con la CEDA) subieron de 115 a 129 escaños;

mientras que la izquierda bajó de 286 a 112 y, dentro de ella, los socialistas de 117 a 61.

Quizá convenga recordar también que, durante la campaña, el líder indiscutido de aquella «mayoría

natural», Gil-Robles, fue mucho más amenazante de lo que pueda ser hoy Fraga y no dudó en poner en

cuestión el Parlamento y la propia democracia.

La más peligrosa

La tercera estrategia, la más sutil e inteligente, corre a cargo de los elementos más poderosos y

conscientes de la oligarquía y pretende la propia moderación del PSOE. Se trata de que éste, mantenido

40 años a cubierto de la evolución socialdemocratizadora y, en principio, obligado, por la grave situación

de los trabajadores y la precariedad de la democracia, a posturas a la izquierda no sólo de los partidos

afines del norte de Europa sino, incluso, del francés, opte, sin embargo, por la contemporarización con

los intereses imperantes en la España actual.

Para ello la derecha está recurriendo al halago a los líderes socialistas, a las promesas de apoyo a posibles

coaliciones, a la recomendación de incluir independientes moderados en las

listas del PSOE para que luego, como está pasando en el Parlamento gallego, colaboren con AP y, por

supuesto, al consejo interesado de que sólo un PSOE sin vocación socialista (nada de nacionalizaciones,

nada de autogestión, un poco de planificación sí le conviene a la oligarquía y mucho de economía de

mercado con conciencia social) y muy moderado en cuanto a reivindicaciones económicosociales, puede

ser admitido en el poder.

Las estrategias que contempla la derecha tienen, además, la ventaja para ella de no ser incompatibles

entre sí sino, más bien, complementarias.

La amenaza involucionista es siempre buena para asustar y, si llega el caso, puede utilizarse realmente;

sirve tanto para aconsejar moderación, como para reprimir al que no acepte el consejo.

Por su parte el rearme ideológico y electoral es el método más eficaz y barato que tiene la derecha contra

el socialismo; sobre todo si se cuenta con organizaciones sociales tan influyentes como la patronal o la

Iglesia, dinero abundante y equipos políticos adecuados es el camino más lógico para intentar derrotarle

o, al menos, mermar su triunfo.

Por último, la acción de desdibujamiento de la oferta socialista es rentable para la derecha en cualquier

caso: o impide, por el propio desengaño de las bases electorales, la victoria socialista o, si no llega a

conseguirlo, la hace al menos inocua.

La respuesta

Ante tales estrategias la respuesta del PSOE debe ser simplemente comportarse «en socialista»,

ofreciendo un programa que sea prudente, realista y adaptado a las circunstancias, pero respetando

siempre dos condiciones.

La primera, dejar constancia de que el partido no abdica de su ideología socialista, aunque su realismo le

aconseje ofrecer un programa posibilista y viable y su fe democrática le comprometa a respetarlo. La

segunda, que dicho programa, dentro de su moderación, contenga reformas serias que atiendan al

fortalecimiento de la democracia, a la modernización sociocultural y a la recomposición de la economía

en beneficio de las clases dominadas, y que son los tres aspectos que no pueden faltar a una política

socialista digna de tal nombre.

 

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