Autor: Cebrián Echarri, Juan Luis. 
   Una cierta idea de España     
 
 El País.    28/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Una cierta idea de España

Se ha dicho hasta la saciedad que las elecciones del quince de junio demostraron la existencia de un

amplio criterio de moderación entre el electorado. Dos partidos se repartieron el 63 % del voto popular y

el 80 % de los escaños. El PSOE, que acudió a las urnas con una imagen de marca republicana y marxista,

recibió; sin duda, un amplio porcentaje de votos entre jóvenes profesionales de las clases acomodadas y

de los intelectuales, que depositan en el partido de Felipe González las expectativas de un cambio

cualitativo, pero pacifico, de nuestra sociedad. La UCD, aunque se presentaba cómo, una coalición, ya

aparecía en la fecha de las elecciones como el partido del presidente Suárez, y obtuvo el refrendo de los

acostumbrados a votar, al poder y el de aquella, derecha sociológica española no simpatizante con el

franquismo o arrepentida de su pasado. La derrota de Suárez en los principales centros industriales del

pais, pese a contar con todo el apoyo burocrático e institucional inherente a un jefe de Gobierno, hace

prever un avance de los partidos de izquierda en las elecciones municipales y una situación precária del

Gobierno después de éstas.

Suárez tiene que darse prisa en algunas cosas si no quiere enfrentarse a una crisis política que acabe con

su leyenda antes de seis meses. Sesenta días después de la formación de su gabinete la ima

gen del presidente ha experimentado una evidente baja, y la decepción cunde entre quienes depositaron,

su confianza en él: el amplio elenco de la derecha española. En lo político el Gobierno no ha aportado una

sola oferta novedosa y ha mantenido el criterio, que hasta ahora le dio tan buenos resultados, de

gradualismo y discrecionalidad. El Gobierno se presenta a remolque dé iniciativas ajenas y sin una oferta

concreta de país, ante el electorado, sin un verdadero proyecto nacional. En lo económico se ha enajenado

con declaraciones innecesarias y torpezas de planteamiento el sentir del emprcsariado y las clases

acomodadas, sin lograr convencer a las centrales sindicales de una cooperación suficiente para salir de la

crisis. Sin duda porque un pacto con la izquierda supone ofrecerla algo a cambio. El único capital visible

que tenía en sus manos el presidente era el poder, y desde un principio se negó a compartirlo.

Otras ofertas, como un plan de escuela y sanidad coherentes, una lucha contra la corrupción que contara

con ejemplares.denuncías, o una política familiar moderna, alternativas todas ellas tan posibles de

mantener desde un Gobierno conservador, como desde otro socialista, brillan por su ausencia en la

gestión gubernamental. En definitiva, la derecha española se pregunta qué quiere hacer don Adolfo

Suárez con este país, pues todavía no lo ha dicho, salvo la afirmación de que se propone una senda de

centro-izquierda, increíble en boca de quien se ha empeñado en gobernar en solitario y. desde la

representación de los votos de la derecha.

. • ,•

O sea, que ésta es la hora en que el primer Gobierno democrático de la Monarquía no ha hecho sino

avisarnos de que es preciso, apretarse el cinturón, però se muestra incapaz de contarnos dónde piensa que

aterricemos los españoles. Sin duda Suárez siempre había creído en que traer la democracia sin traumas

sería una baza política que le granjearía el apoyo popular, y no le faltaba razón. Pero el presidente no es el

inventor nrel creador de la de mocracia para este país, y reco nocer los derechos violados de los demás,

incluso por parte de quienes colaboraron a violarlos durante algún tiempo, no es mérito suficiente en un

Estado, moderno para presidir el Consejo de Ministros. Quiero decir, que demócratas, en una democracia,

al fin y al cabo, lo son todos. Pero una vez hecho el don de pedigree semejante al presidente del Gobierno

no es muy fácil discernir el modelo de sociedad concreto que la Unión del Centro nos está ofreciendo a

los españoles. Seguir viviendo de la democracia a setas es algo peregrino e inútil, porque ése es un

prototipo que reclaman´, desde la Alianza Popular hasta la: izquierda del Partido Comunista, y que no sé

pone ahora en discusión, Por lo demás, cuando haya un Parlamento elegido y unos representantes

legítimos de los ciudadanos, son las Cortes y no los ministros quienes tienen que; conformar el sistema

politico y el marco de convivencia del país. Lo. propio del Gobierno, en cambio, es gobernar y ofrecer

una alternativa distinguible, entre las ópciones que un mismo régimen democrático amparan De los

partidos representados en el Parlamento, el único sin un bagaje ideológico serio a sus espaldas es

precisamente el que ocupa el poder.,Por eso se explica que pueda; surgir una polémica tan absurda romo

la de si debe incluirse en la´ Internacional Liberal o en la Democristiana, formaciones ambas de marcadas

distancias ideologícas. Y por eso algunos sucursalismos de éstas, sin duda, un tanto ¡ espúreos, perviven

inopínadamente e n el seno de la UCD, que,, es ya un solo partido y no una coalición. Una situación así

sólo es comprensible si se tiene en cuenta que el líder del Centro no es, que se sepa, ni un liberal ni un´,

Demócratacris ti a no. Nada más se le conocen criterios de oportunidad y táctica. Valiosos, desde luego,

para la labor de desmontaje de la dictadura, pera inútiles a la hora de tratar de entusiasmar! •a un pueblo

en una tarea de cualquier género. Y todavía los pueblos necesitan creer en algo para ponerse a trabajan .

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Suárez tiene ante si un retoñe asumido y al que repetidas veces Se ha mostrado reacio: la construcción de

la derecha ´democrática española. Esto no quiere decir que no deba trata r de arrebatar iniciativas sociales,

económicas y políticas a la izquierda. No hay gobernante en el mundo que no trate de cubrir el terreno de

su adversario. Pero, sobre todo, debe contar a su electorado qué es lo qué piensa sobre la manera como

debe funcionar este país. Si es que piensa algo al respecto.

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Este es, sin duda; el gran problema de fondo que tiene plantado el Gobierno. El que más dificulta el pacto

necesario para a resolución de la crisis económica, el que entorpece la política de enseñanza y familiar.

cara a las presiones de la Iglesia, • el que impide una definición más niltida de la presencia .exterior de

España... Como decía un comenal amigo la otra noche, es necearía al menos una cierta idea de España

como De Gaulle la tuviera respecto a su país—, para presidir los destinos del Gabinete. Y éste discute

demasiada esrategia parlamentaria, pero no sabemos todavía qué guerra es la que quiere ganar.

JUAN LUIS CEBRIAN

 

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