Autor: Pulido Pérez, Javier. 
   Hacia la unidad del socialismo     
 
 Pueblo.    10/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

HACIA LA UNIDAD DEL SOCIALISMO

Javier PULIDO PÉREZ, vicepresidente nacional del PSP

Es fácil, en estos momentos, caer en situaciones de extremismo maximalista que

nos recuerden el pensamiento de Lenin de que el extremismo es la enfermedad

infantil del izquierdismo. La vigencia de este análisis puede explicar ese

clamor, más o menos minoritario, que se ha levantado en ciertos círculos

del Partido Socialista Popular, por haber iniciado, de acuerdo con las

directrices de un Congreso, conversaciones con el PSOE en busca de una unidad

pactada, que no será nunca entreguismo ni venta de una ideología.

• Siempre se sostuvo que la unión del socialismo tenia que ser el resultado de

un consenso, algo que saliese de conversaciones francas y realistas, sin

dogmatismos de ningún género, sin la creencia de que sólo un grupo podía estar

en posesión de la verdad absoluta. Al pensar así no he hecho más que mantener

la ideología y estrategia del Partido, muy claramente expuestas en la

Declaración Ideológica del Documento de la Permanente y que como militante

asumí. Y, precisamente por entenderlo así, he mostrado en otras ocasiones mi

rechazo hacia conversaciones a «nivel de amigos» o hacia entreguismos

fáciles y equivocados. Somos muchos los que pensamos, y así lo hemos

manifestado, que podremos transigir en todo lo accesorio, pero no en lo

fundamental, nuestra ideología, que en ningún momento pensamos someter a

cambalaches ni a trapicheos.

• Por mi edad, por mi militancia en el socialismo desde hace muchos años, por

mi condición de combatiente en pro de la legalidad republicana y por otras

muchas cosas, que, por no variar de línea política, he venido sufriendo en estos

pasados años, me creo en condiciones de poder terciar en esta serie

de posturas personales, que, a la postre, sólo dañarán la causa socialista.

• Por esta razón, desde estas líneas, intento hacer reflexionar a mis

compañeros sobre lo necesario, en estos momentos, del mantenimiento de una

postura coherente. La unidad socialista es una aspiración que

ha impregnado continuamente nuestra ideología y estrategia (basta echar una

simple ojeada a nuestros documentos ideológicos y declaraciones, que siempre han

sido aprobados de acuerdo con la democracia interna que inspira al PSP). Hay un

mandato claro de nuestro III Congreso que nos obliga a buscar la unidad y, de

acuerdo con él, se está buscando esa unidad, que, al menos en los sectores que

más directamente conozco, es una generalizada aspiración de las bases de ambos

partidos. Y, sobre todo, los resultados de esas conversaciones serán sometidos

a la aprobación o rechazo democrático de nuestros órganos y bases, que son los

que, en resumidas cuentas, habrán de decidir si los acuerdos de unidad

corresponden o no a anteriores mandatos y a su ideario socialista. ¿A qué

vienen, pues, esas tensiones y declaraciones precipitadas, cuando no injuriosas,

de un proceso que nace por imperativos democráticos y cuyo final, positivo o

negativo, también habrá de ser refrendado democráticamente?

• Un converso a la democracia, de los de camisa lavada, dio un diagnóstico

exacto de nuestra guerra civil, con palabras más o menos parecidas a las

siguientes: la desunión del socialismo y el enfrentamiento de sus hombres

señeros crearon las condiciones objetivas que propiciaron el estallido de la

guerra civil. Hay una gran verdad en estas palabras: en la reunión de

compromisarios socialistas en el Palacio de Cristal del Retiro, al eliminar a

Prieto como posible jefe de Gobierno, se selló la muerte de la II República

española.

Aunque un gran socialista dijera que si el fascismo levantaba el brazo, el

proletariado bajaría el puño; pero, desgraciadamente, todos sabemos que la

profecía se cumplió.

• Creo que estamos siendo juguetes de oscuras fuerzas, a las cuales no les

interesa un socialismo fuerte y de izquierdas en estos momentos. Creo que

determinar anticipadamente la resolución de un futuro Congreso no es una

práctica democrática. Creo que llevar unas conversaciones obviamente objetivas,

con lentitud y parsimonia, sólo nos llevan a una situación de desconfianza y

desestabilización que sólo favorecen a los enemigos del socialismo.

• Razones históricas y coyunturales exigen de nosotros la unificación para

propiciar un gran partido socialista. Que esta unión se haga antes de las

elecciones municipales o generales surtirá un efecto no de

simple sumación, sino de multiplicación. Son precisamente los socialismos

tercermundistas los que esperan esa unión para que el socialismo español, unido

a los socialismos de la Conferencia del Mediterráneo, pueda dar una nueva faz a

la política de la II Internacional.

• A todos, viejos y jóvenes socialistas: a los que luchamos con las armas en la

mano en defensa de la libertad del pueblo español; a los jóvenes socialistas que

no fueron marcados por aquella contienda y

subsiguiente represión, sin precedente en la historia de nuestro país; a todos

nos incumbe acelerar las conversaciones por unidad, llegar a un marco que pueda

ser aceptado por todos, y, si así lo logramos, podremos decir con orgullo que el

mensaje permanente que dan las blancas tapias de los blancos cementerios

españoles, a la blanca luz de la luna, como dijera Bernanos, no se ha perdido.

Que la unidad ante la muerte nos dé fuerzas para crear la unidad de una nueva

vida.

• Algo muy hondo nos obliga a todos. Cerremos el pasado, depongamos nuestra

desconfianza y, entre todos, con la mayor generosidad posible, construyamos el

nuevo socialismo que dé en cualquier momento, al único protagonista historia, a

esos hombres innominados, que todo lo esperan del triunfo socialista: la

posibilidad de una vida mas digna.

 

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