Autor: Cierva y Hoces, Ricardo de la. 
   Los ocho puntos de la regresión socialista     
 
 ABC.    08/03/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

MIERCOLES, 8 DE MARZO DE 1978. PAG. 3

LOS OCHO PUNTOS DE LA REGRESIÓN SOCIALISTA

El Comité para la Unidad Socialista ha redactado un borrador que asumimos como

auténtico. Lejos de complementar realidades el P. S. O. E. y el P. S. P. han

intercambiado, por parte del primero, aberraciones; por parte del segundo,

ensueños. El Partido Socialista parece apartarse así de la tendencia

humanista que sustituyó al marxismo desde la conversión democrática del

socialismo alemán; el radicalismo del P. S. P. parece imponer a sus

copartícipes, mucho más verdes en teoría, su acreditada

capacidad onírica. Creo que lo esencial del documento conjunto —que representa

una evidente regresión y que puede costar carísimo al socialismo reunificado en

cuanto sus votantes moderados se percaten de la trampa radical a que les induce

el sectarismo de sus militantes— se resume en los ocho puntos siguientes:

PRIMERO.—«Solamente un modelo socialista es capaz de integrar, racionalizar y

humanizar la sociedad industrial.» Complementado por el punto.

SEGUNDO. — «Europa se acerca al cambio y este cambio sólo puede producirlo la

izquierda, y en concreto el socialismo.»

He aquí dos afirmaciones dogmáticas, triunfalistas, imposibles de probar y

contradichas por el mismo documento cuando afirma: «El socialismo, como forma de

organización de la sociedad, está inédito. En ningún lugar se ha inaugurado

todavía un modelo fiel al análisis y al impulso socialistas.» Es decir, se nos

impulsa al vacío; a una aventura irresponsable, que se nos presenta

dogmáticamente como la única posible, aunque no exista en parte alguna. Se

quiere convertir a la sociedad española en un recinto totalitario para la

experimentación política. Conejos de indias de las Españas, uníos.

TERCERO.—«Aun en los países donde los textos constitucionales garantizan las

libertades y derechos políticos impera la dictadura del sistema. Una dictadura

sin rostro.» Es decir, que las democracias de Occidente son dictaduras, que la

democracia solamente existe en el proyecto de la utopía socialista, que

como acabamos de oír es inédito, no existe. Una maravilla.»

CUARTO. — «Consideramos esencial aquella formulación que combina la lucha

parlamentaria con la movilización popular en todas sus formas, creando órganos

democráticos de poder de base.» Ya lo sabemos: el Parlamento no basta; la

formulación esencial propuesta por el socialismo unido ya está inventada hace

tiempo, se llama soviet. Nace, amigos, el Partido Socialista Soviético Español,

una innovación sumamente original.

QUINTO—«El Partido Socialista es un partido de clase, un partido de masas

marxista y democrático.»

Perfecto. Los acuerdos de Bad Godesberg, al desván. Un senador socialista que

acaba de declararse públicamente cristiano y no marxista, ¿qué debe hacer ahora?

Los millones de votantes que no votaron al radicalismo de este documento, sino a

la moderación de Felipe González, ¿dónde votarán ahora? ¡Buen servicio han hecho

los intelectuales de la izquierda divina anidados en el P. S. P. a sus

compañeros los políticos populistas del P. S. O. E.! Y apostillan: «Una enorme

responsabilidad histórica pesa sobre los socialistas.» Debe de ser una errata.

Falla una enorme I antes de la palabra responsabilidad.

Claro que todo esto es «sin descalificar a ninguna fuerza democrática, sea de

derecha o de izquierda».

Que acaba de descalificarse en la exclusión general de los puntos uno y dos. Es

una de las contradicciones más sugestivas del documento.

SEXTO. — «Solamente el socialismo hace compatible la justicia con la libertad y

ésta se basa en la autogestión.» La autogestión es un enorme camelo que jamás se

define en el documento; ya se sabe, sólo esa autogestión indefinida, a través de

un socialismo que no existe, hace posibles la libertad y la justicia.

Lo que han hecho las democracias no sirve. Pura utopía destructiva y nihilista.

SÉPTIMO.—«El concepto de competencia y de lucha de todos contra todos por la

seguridad, el Poder o el bienestar económico encierra al hombre de la sociedad

capitalista en un universo alienado y alienante.»

Nueva definición de las sociedades libres occidentales; no son más que eso. La

democracia no es más que eso. Maniqueísmo puro, del que el documento aduce una

«excusatio non petita». Pero cantada. El imperio de la Ley, la división y

armonía de poderes, el equilibrio electoral, son puras alienaciones. Este no es

un documento socialista, sino anarquista.

OCTAVO.—«Esto supone una verdadera revolución cultural paralela, pero a la vez

fundamento de la revolución económica y social.»

La revolución cultural, ese segundo gran camelo del socialismo unido, junto con

la autogestión, esos dos paquetes —contradictoriamente vacíos y explosivos— que

el desmedrado P. S. P., reaccionarismo radical urbano y pequeñoburgués a punto

de hundirse en la nada, entrega como envenenado regalo de boda al

inexperto P. S. O. E. La revolución cultural, la enorme decepción cultural del

socialismo.

La conclusión está clara. Si conectamos la admirable conferencia de Manuel

Fraile en el Club Siglo XXI con el sobrecogedor, paupérrimo, desmañado documento

de la unidad socialista —que ojalá se desmienta de manera fulminante para bien

del equilibrio mental de los españoles— está clarísimo que ahora sí que

es la hora del Centro, que ahora sí que se va a desmoronar la zona indecisa que

votó socialista para lograr el cambio y que se encuentra de buenas a primeras

con un marxismo leninista de vía estrecha, cocido en laboratorios ideológicos de

tercera regional. Esto no es el parto de los montes, sino la revelación de los

hormigueros. La Segunda Internacional debe de estar horrorizada ante esta

degeneración tercermundista; la bandera del socialismo unificado, si responde a

este borrador, si este borrador no es una pesadilla, podría ser la del Frente

Polisario, por ejemplo. Esperaba muy poco del famoso documento, pero esto ya es

demasiado. Jamás vi en el panorama político español una tomadura de pelo de

tamaña magnitud. Si no apareciera detrás del documento algo mucho más grave: la

sombra amenazadora de dos dictaduras, otra vez.

—Ricardo DE LA CIERVA.

 

< Volver