Autor: López Aranguren, José Luis. 
   El espectáculo de la política     
 
 El País.    25/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

El "espectáculo" de la política

Quiero hoy volver al tema que, interrumpido inmediatamente, inicié el 29 de julio. Hablaba entonces de la

inauguración escenográfico-televisiva de la democracia en el escenario de las Cortes, y me preguntaba si

puede la democracia encerrarse en un escenario y verse reducida a un espectáculo. En realidad eso. es lo

que ocurría en la democracia del siglo XIX y primer tercio del XX; desde las Cortes de Cádiz hasta don

Emilio Castelar y después, incluida la II República. El espectáculo entonces sólo visto por unos pocos

invitados, pues los demás meramente oían de él a los cronistas de las Cortes, fue suprimido y sustituido

por otro, el de los desfiles militares y las arengas patriótico-falangistas, entre nostros, la verdad sea dicha;

bastante ramplonas. Tras casi cuarenta anos de rigurosa abslinencia política, lafiebre politicista despertada

durante la predemocracia fue un fenómeno enteramente natural Y puesto que la reforma parecía

prevalecer sobre la ruptura, los ministros franquistas, despojándose de sus falangistas uniformes, se

aprestaron a representar el nuevo «papel» de demócrata» a la fuerza. Desde Fraga hasta Suárez, todo un

elenco de «actores» se Ofreció a representar el papel protagonista. Fraga personificó ante su público la

«continuidad» reformada, «perfeccionada» se llegó a escribir— del franquismo poli tico, Suárez, dúctil,

adaptable, apto para todo servicio, atrajo a los españoles que formaban en las

filas áel franquismo sociológico, es decir, a todos los, en mayor o menor medida, beneficiarios

económicos del sistema anterior, y a una buena parte de su clase política que se mostró propicia, por una

cuestión de lo que podríamos llamar «urbanidad política —de la que Fraga y los suyos parecieron

carecer— a adoptar los «modales» del nuevo ritual, el de la democracia «representativa». (Los

«representantes del pueblo «representan en ella un papel que, por muchas veces puesto en escena ya,

antes del franquismo, es, más bien, «representado´). Se trató en suma de dos estrategias, abiertamente

continuista una, encubierta la otra, cuya común finalidad era evitar a todo trance lo que antes se llamaba

«el cambio de estructuras» del país.

Frente a los tránsfugas del franquismo,´la izquierda se hizo cargo en seguida de su mala colocación en la

salida de la carrera. Sobre el Partido Comunista pesaba la imagen terrorífica que de el se habla ido

elaborando, sin la menor interrupción desde julio, de 1936, y que, por tanto, era urgente corregir. Si á esto

se agrega el descrédito democrático del burocratismo de la URSS, se comprende que se sintiese como

necesaria la invención dé una «imagen» edulcorada, el llamado eurocomunismo. El problema del Partido

Socialista era diferente. Convertido ya, durante la época de la decadencia del franquismo, en

relativamente plausible, necesitaba ahora ampliar su base, atraer a las gentes, aparecer como propicio a la

descentralización frente a la estatalización propugnar una «autogestión» difícil, en la práctica, de

materializar y, por el otro lado, no deslindar con excesiva precisión el socialismo de la socialdemocracia.

(Ciertos liberales, por su lado, también fomentaron la confusión entre su liberalismo y una nominal nada

real socialdemocracia.)

, Tras estas premisas era fácil concluir que la confrontación electoral iba a tener poco de ideológica, en el

sentido riguroso programático de la palabra. Lo único que aparecía claro era quiénes procedían del

franquismo y quiénes de la oposición a él¡ y quiénes eran aptos para convertirse en líderes exagerando un

poco, porque también eso sí «fabrica», quiénes poseían el physique du role— y quiénes no. De este modo,

la por el momento confusa confrontación ideológica se transformó en competición, el patrón del

enfrentamiento en el deporte-espectaculo se transfirió a la polítíca-espectaculo, y los diferentes, clubs

(léase partidos) se, prepararon para el final de la Copa, las elecciones del 15 de junio., Hasta tal punto la

falsilla del fútbol es aplicable a las elecciones, con un público exaltado sí, pero de politización muy

insuficiente y epidérmica, por carencia de cultura política (igual que la mayor parte del público deportivo

carece de educación física), que muchos «jugadores de la clase política se comportaron, en; vísperas de

aquellas, exactamente como los deportistas profesionales, dudando si fichar por uno u otro club; y

particularmente la Unión del Centro Democrático se ha montado, de arriba abajo, mediante la técnica del

contrato de fichaje.

Una vez repartidos los papeles, la siguiente fase solapada con la anterior— fue la de «fabricación»? —por

persuasión publicitaria— de una imagen. Claro está que la empresa fue mucho más fácil para quien

controlaba la TV que para los líderes de la oposición, aún cuando Felipe González y, gracias a la

disciplina comunista. Santiago Carrillo consiguieron presentar una «imagen» de si mismos bastante

nítida. También la del «viejo • profesor» quedó bien dibujada y no asi, en cambió, ta de Joaquin Ruiz-

Jiménez.

Mas la obra maestra ha consistido en la fabricación de la imagen de Adolfo Suárez. Antes dé su primer

nombramiento como presidente del Gobierno ¿quien sabia de él, quien fuera de la clase política franquista

había reparado en su existencia? Después, y de haber prevalecida? una campaña publicitaria

negligentemente adversa a él —son las más eficaces en casos asi habría sido visto, en el mejor de los

casos, como yo le vi por la primera vez, como un bien dotado locutor de TV. Pero ha sido precisamente la

TV la que le ha dado a conocer al país como un joven parecido, hecho a si mismo (¿) simpático, tan bien

intencionado como eficaz, que nos ha conducido a la democracia. El Making of a president es ya verdad

también en España. "

La distancia entre la representación y la realidad no es, naturalmente, una novedad. Pero el espacio

público de representación escenográfica antes era restringido y sus escenarios la Corte y las Cortes,,de las

que, de cuando en cuándo; sé oficiaba el traslado al marcial aire libre de los pronunciamientos a caballo

por siempre; heroicós militares. Ahora la sociedad de masas ha. multiplicado y miniaturizado el

escenario, situando la pequeña pantalla en el centro de cada hogar. El español, convertido en espectador,

mayeritariamente vota «si» a lo que le dicen. ¿Es eso la democracia? No, la democracia es un

comportamiento de cada día, que hay que aprender. Pero la educación política, que es, indivisiblemente!

educación moral, sólo se adquiere practicando, a todos los niveles, eso que por ahora es mera

representación cuasiteatral — y más bien mala— de la democracia. Pero tengase, en cuenta que todavía

estamos empezando.

JOSÉ LUIS L. ARANGUREN

 

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