Autor: Punto, E.. 
   Reflexiones a los históricos     
 
 Arriba.    13/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

REFLEXIONES A LOS "HISTÓRICOS"

Cuando se analizan actividades políticas conviene huir de los esquemas demasiado

simples. No cabe ponderar los hechos de manera superficial, porque los procesos

de cambio forman cuerpo íntimo e inseparable de esas «realidades fácticas» que

con frecuencia se esgrimen para apuntalar, precisamente, las resistencias al

cambio. Sobran ejemplos, incluso en el pasado reciente de Europa, de políticos

ínfimos, tenidos razonablemente por payasos, que de pronto resultan arrastrados

por las corrientes del cambio y arrojados a las cimas del poder. En particular,

cuando la democracia quiebra, se abren caminos aberrantes de promoción política.

Viene lo anterior al caso del enjuiciamiento de la situación actual del

movimiento socialista en nuestro país. Despreciar un grupo simplemente porque

sea de cortos efectivos humanos entrañaría un grave error crítico. La atención

destacada, incluso preferente si se quiere, que merecen los partidos de masas no

excluye atender a los partidos ideológicos y testimoniales, así como a los que,

aspirando a ser de masas, distan mucho de conseguirlo.

A fin de cuentas, no hace más de tres o cuatro años que los partidos socialistas

españoles salieron de la clandestinidad a la inicial tolerancia. Y mucho menos a

la legalidad. Hace algunos meses, el PSOE no era sino un proyecto de partido,

heredero de una legitimidad histórica de un siglo con experiencia de poder.

Al restablecerse la legalidad política se ofreció, a ese inmenso sector de

opinión pública socialista que las elecciones del 15 de junio evidenciaron, un

abanico complejo y nebulosamente defirenciado de alternativas: PSOE, PSOE

(sector «histórico»), PSP y la amalgama de la FPS.

Socialistas, mientras no se demuestre lo contrario, eran todos; pero, llegadas

las urnas, sólo el PSOE, con más de cinco millones de votos, y el PSP, con casi

800.000, evidenciaron haber llegado a un sector apreciable de opinión. Al asumir

esta realidad, muchos miembros del llamado sector «histórico» del

PSOE se incorporaron a la disciplina del partido, lo que culminó recientemente

con la adscripción del propio presidente de los «históricos», Prat, a la

agrupación madrileña del PSOE, en lo que fue seguido por la mayor parte de sus

compañeros.

En estas circunstancias, no deja de ser sorprendente la contumacia de los restos

del sector «histórico», al celebrar estos días, en Madrid» un congreso, que

concluye con la peregrina proposición de que se convoque, conjuntamente por las

ejecutivas del PSOE y de los «históricos», un congreso reunificador. ¿No existe

evidente desproporción entre unos residuos numéricamente insignificantes y

entreverados de adscripciones confusas, respecto a un PSOE que cuenta con 118

diputados en el Congreso?

La opinión general es que hay un solo PSOE, que es el que está en el Congreso,

el reconocido por la Internacional Socialista y, a poco que se analicen con

imparcialidad las discrepancias de Toulouse, legítimo heredero del partido que

fundara Pablo Iglesias. Los «históricos» han cometido, además,

excesivos errores recientes: sus relaciones con el extraño partido Social-

Demócrata de García López, su alianza temporal con un sector falangista (RSE)

son algunos de los que más llegaron al público. La noble actitud de Prat ha sido

la que corresponde a un verdadero socialista que repara, humilde y abiertamente,

errores que cualquiera puede cometer. Es insólita, en cambio, la testarudez de

los que permanecen.

Además, es inútil, porque ya ni siquiera hay confusión entre los electores.

Caso distinto es el del Partido Socialista Popular, con cifra importante de

votos, con representación en ambas Cámaras y nacido en el Interior al margen del

PSOE. Se trata de un partido socialista con personalidad específica. Pero ésta

es ya otra cuestión.

E. PUNTO

Jueves 13 octubre 1977

 

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