Autor: Garci-Muñoz, Enrique. 
   Unidad socialista: ¿Mañana?     
 
 Diario 16.    15/08/1977.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 18. 

Lunes 15agosto 77/DIARIO 16

Unidad socialista: ¿Mañana?

Enrique Garci-Muñoz

La lectura —y relectura— del artículo del militante del PSOE don Miguel Alonso

en D16 (9877) me induce a hacer algunas consideraciones, siquiera sean

apresuradas y a vuelapluma, para rectificar algunas de las afirmaciones que

hace, y que creo, en mi modesto criterio de simple ciudadano, erróneas.

En buena lid democrática es perfectamente licito que un señor decida cambiar su

adscripción política y se dé de baja en un partido para ingresar en otro. Al fin

y al cabo: "errare humanum est"; aunque habría que saber, en estos casos, si el

error fue "antes o después".

Lo que mi parece tan lógico, y desde luego lo creo innecesario, es pretender

justificar este traspaso. Las decisiones importantes en la vida de una persona

(y la afiliación política es, sin duda, una de las más trascendentales) deben

tomarse individualmente, a solas con la conciencia de cada uno; con la buena

conciencia, naturalmente. Y una vez tomadas no es verdaderamente preciso

explicar a la comunidad de los españoles por qué se han adoptado.

Salvo en el caso inusual de que la persona en cuestión sea tan relevante dentro

del ámbito nacional que SI interesen a todos los españoles sus explicaciones:

este fue, por ejemplo, el caso del señor Areilza cuando razonó en el importante

artículo su actuación política en los últimos meses. Con todos mis "espetos para

el señor Alonso, es evidente que no es el mismo caso.

En tres puntos basa el articulista su opinión, que si no he entendido mal, entre

líneas (que es como está escrito) se puede resumir diciendo que la unidad

socialista hoy debe lograrse mediante la total desaparición del PSP.

El primer punto afirma que la fuerza del PSOE es más real que ficticia y se basa

en la confianza de la gran mayoría de la clase trabajadora.

Error peligroso

Es un hecho completamente cierto —y el PSP lo ha reconocido lealmente— que el

PSOE ha alcanzado un gran triunfo electoral con sus cinco millones de votantes.

Pero sería un error peligroso para el PSOE que sus dirigentes creyeran que

tienen tras de si cinco millones de "socialistas". Si así lo piensan es que ya

han olvidado su slogan electoral del "voto útil", y han olvidado, o ignoran, que

la gran mayoría de sus votantes han votado, en efecto, como ellos les pedían:

"útil" (por considerarle el principal partido de la Oposición), o han votado de

acuerdo con sus siglas: "obrero".

Esto nos lleva al segundo punto del artículo comentado: la actualidad en 1971,

del concepto de "socialismo obrero".

La discusión de este concepto, desde el punto de vista sociológico de la España

de hoy, que no es la misma de Pablo Iglesias, excedería con mucho los límites de

estas líneas. Interesa más bien, creo yo, saber si el Partido Socialista Obrero

Español está actuando o no como un Partido Obrero.

Porque si los dirigentes del PSOE ignoran u olvidan que los "obreros" han votado

"obrero", corren el riesgo de sufrir una cruel decepción en futuras elecciones;

pues si sus votantes NO socialistas-marxistas (que son la mayoría de los cinco

millones) piensan que su voto no ha sido "útil" o creen que el PSOE no

sigue una decidida y clara actuación a favor de los "obreros" puedan sufrir ese

"desencantamiento" de que habla al señor Alonso y retirarle sus votos, con lo

que el PSOE quedaría sólo con los auténticos socialistas. Es decir, los votos

(no los votantes) precisamente de "calidad" como se ha dicho en el PSP,

refiriéndose a los votos realmente socialistas: votos de "ideología" y no votos

de "aluvión".

No estaría de más —aprendiendo de la Historia— recordar cuántos tuvo el PSOE en

abril de 1931 (con 120 diputados) y cuántos en noviembre de 1933 (con sólo 55).

Y cómo su estrepitosa derrota, a los dos años de su victoria del 31, se debió a

que la "clase obrera", decepcionada por la actuación del PSOE en el

primer bienio republicano, le retiró sus votos y decidió abstenerse en las

segundas elecciones de la República, dando así lugar al triunfo arrollador de la

derecha.

Desprecio a las minerías

Sonrisas, apretones de mano, regalitos de mecheros y demás lindezas con Suárez y

otros líderes del centro-derecha; votaciones coincidentes con UCD y reparto al

alimón de los puestos en las Mesas de las dos Cámaras y en las Comisiones del

Parlamento; olímpico desprecio de las minorías, con las que durante

muchos meses compartieron el trabajo en la Plataforma de Organizaciones

Democráticas, y, sobre todo la obsesión —que se podría calificar de

psicopatológica— por el "pequeño" PSP, con una hostilidad que le

lleva a procurar eliminarle de los Grupos Parlamentarios, de las Comisiones del

Congreso e incluso de la Comisión más importante de estas Cortes: la que debe

redactar la nueva Constitución.

Sinceramente, ¿puede alguien, hoy, en España afirmar que la eliminación del

diputado por Madrid (con 400.000 votos casi más que la gran mayoría de los

restantes diputados), Enrique Tierno Galván, de esa Comisión para redactar la

Constitución es beneficiosa para el país? Su cualidad de Profesor Universitario

de Derecho, su condición de presidente del quinto Partido (mal que pese a

algunos...) de España, con 800.000 votantes en toda la nación, su capacidad

intelectual, ¿no hubieran sido útiles en esa Comisión? Al parecer, en los

actuales momentos porque atraviesa España, esto era lo más urgente, lo

prioritario, como labor parlamentaria a realizar en las primeras Cortes

democráticas.

Llegamos, al fin, al tercer punto: la supuesta inmadurez o incapacidad política

de los líderes del PSOE.

No vamos a opinar sobre este delicado tema; sólo nos remitiremos a los hechos,

que todo el mundo conoce, y que cada lector saque sus propias conclusiones.

Adolfo Suárez, que ni es inmaduro ni le falta capacidad política (más bien le

sobra...) ha manejado con destreza y habilidad a los dirigentes del PSOE:

entrevistas en la Moncloa con Felipe González, para comunicarle sus planes

económicos (cuya "música le suena bien"), corresponsabilizándole así de los

mismos ante la clase trabajadora, pero sin darle vela en el entierro. Le ha

obligado, suavemente, en las Cámaras a dar una fea imagen de bipartidismo

colaboracionista —a hacer de Sagasta frente al PCE, el PSP y las minorías

autonomistas—. Le ha colocado, prácticamente, en un centro-izquierda

socialdemócrata enfrentado al resto de la izquierda.

Y aún se queja, ingenuamente, Felipe González ("El País", 9877) de que el

Gobierno "ha copiado los puntos positivos del programa económico del PSOE, ¿Esto

es madurez política?

El PSOE debe rectificar

Pero no hay que apurarse. Aún se puede enmendar la plana. Aún están a tiempo el

PSOE y el compañero Felipe González, de hacer honor a sus siglas y demostrar que

la confianza en ellos depositada por la clase trabajadora es bien merecida.

Basta con que sus 106 diputados y sus 60 senadores salgan del largo

silencio en que se encuentran y digan, tajantemente, lo que la clase

trabajadora, los obreros que les han elevado hasta el Parlamento, esperan con

impaciencia: que ellos se niegan a que, mientras el Comité Ejecutivo del PSOE

recomienda "moderación en las demandas salariales" a las españoles que ganan

menos de 25.000 pesetas al mes, a ellos, a los parlamentarios socialistas, se

les suban los sueldos de 50.000 a 100.000 pesetas cada mes, en un incalificable

aumento del 100 por 100.

Porque, como dice el refrán, "obras son amores y no buenas razones". Tras

cuarenta años de discursos y promesas, la gente está más que harta de

palabrería; quiere hechos, y pronto.

Para terminar: todos los socialistas —del PSOE, del PSP, de la FPS,

independientes queremos la unidad. Pero, como muy bien dice Felipe, "sin

posiciones personalistas que benefician al adversario político, la

derecha". Que el primer Partido de la Izquierda demuestre —siempre, con hechos—

que es eso "de verdad": de IZQUIERDAS.

Este sería el primer paso para, sin hegemonías, sin autoritarismo, sin

prepotencia, llegar MAÑANA a la unidad de todos los socialistas: esa unidad

necesaria para el bien no ya del Socialismo, sino de España»

 

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