Autor: Maestre Alfonso, Juan . 
   Lamentaciones por la unidad socialista     
 
 Diario 16.    13/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Lamentaciones por la unidad socialista

Juan Maestre Alfonso

D16 13-VII-77

En nuestras primeras elecciones es, sin duda alguna, el socialismo

el que ha conocido los mayores éxitos. El centro, como grupo mayoritario, no ha

hecho más que conservar, y eso gracias a ceder parcelas del poder a agrupaciones

procedentes de una más o menos difusa oposición. El socialismo, y

principalmente el PSOE, ha pasado de la nada a convertirse en la

primera fuerza política del país.

Los votos socialistas constituyen, además, la mayoría de ese millón

de votos más que ha obtenido la izquierda, hasta hace poco implacablemente

perseguida —y aun hoy no totalmente legalizada— con respecto al conjunto de

todos los sufragios de la derecha.

El socialismo ha sido no sólo equiparado a libertad, sino que también, para una

gran multitud —numéricamente la mayoría— ha significado el rechazo de la

corrupción, el personalismo, la manipulación de la voluntad colectiva... y

tantas notas características del sistema rechazado en las últimas elecciones.

División socialista

No obstante, la situación no es para dejarse influir por triunfalismos ni para

congratularse en exceso. No faltan tampoco una serie de elementos que no pueden

menos que movernos a lamentaciones. La familia socialista ha llegado a las

elecciones profundamente dividida, y de este hecho deriva el que se haya quedado

sólo en ser la corriente ideológica más numerosa (incluyendo a las que el poder,

su puzzle político y el sistema electoral les hace atribuirse la victoria) sin

haber logrado conseguir el más rotundo de los éxitos: la mayoría absoluta en las

Cortes y, con ella, el gobierno —que, dicho sea entre paréntesis, no es una

perita en dulce, por mucho que algunos crean desearlo—, lo que habría logrado de

haber participado juntos en las elecciones los diversos grupos socialistas.

De haberse producido esta conjunción de esfuerzos, la suma de los

votos no sólo hubiera hecho que se alcanzaran unos escaños a los que

no han accedido los socialistas por insuficiencia de votos y que con la

suma de los sufragios socialistas hubieran sido fácilmente rebasados

—basta con repasar los resultados provincia por provincia para que nos

percatemos de ello—, sino que también, gracias al sistema de Hondt, que como

sabemos favorece a los poderosos en votos, el resultado se hubiera visto

incrementado.

Una necesidad

La unidad socialista no es tan solo un deseo, paradójicamente coparticipado por

todos los grupos, sino también una necesidad. Y vistas las cosas desde otro

ángulo, es una incongruencia la división de grupos cuando prácticamente no

hay diferencia alguna entre ellos, y mucho menos en el momento presente. No cabe

duda de que hace un par de años, en el momento de la creación de la primera

plataforma de intención unitaria —la Junta Democrática —, las diferencias eran

francamente sensibles. El PSOE mantenía una postura anticomunista y todavía

pesaba sobre él el lastre un tanto conservador de Toulouse: la renovación no se

había perfeccionado.

El grupo aglutinado alrededor de Tierno Galván no coparticipaba de esas

características; no tuvo inconveniente de "juntarse" con el PC y se configuró

como a la izquierda del PSOE. La idea del regionalismo y de la autogestión,

junto con algunos aspectos sindicales, nucleó a otros grupos que acabaron

creando la FPS. No obstante, tanto la base del PSP como la de la FPS

fueron en todo momento partidarias claras de la unidad, reconociendo el papel

primordial que en ella tenía que jugar el PSOE.

Hoy, o en ese ayer inmediato de la etapa previa a la campaña electoral, las

diferencias han disminuido al mínimo. El PSOE se ha renovado, aunque en realidad

no ha abandonado una cierta arrogancia propia de quien se siente fuerte y

mantiene en ello una postura táctica. Recordemos la calificación de

paranoicos hecha a los otros miembros de la familia socialista por uno de los

prohombres del PSOE.

Actualmente, el PSP no mantiene diferencia alguna con el PSOE, a no ser más que

la personal de sus dirigentes o la que quieren aparentar para vincular a sus

militantes.

En lo que respecta a los socialismos de base regional, a mí siempre me ha

parecido que tenían su fundamentación. Sin embargo, también se han dejado captar

por protagonismos locales y lo cierto es que han obtenido un escaso, aunque no

despreciable, respaldo electoral.

Buscar soluciones

Pero si antes se ha dicho que no era momento de triunfalismo

ni de congratulaciones excesivas, tampoco lo es de pesimismo y de

desesperación, sino de buscar serenamente el remedio. A los partidos

socialistas minoritarios les es exigible proceder a una reflexión in-

terna de su fracaso y, en general, a las bases solicitar cuentas a sus

dirigentes, si es que procede. Al PSOE es al que corresponde tomar

la iniciativa para que cuaje la unidad socialista, siempre que no sea la de que

vayan entrando con las manos en alto y el carnet del partido original hecho

añicos en la boca.

El triunfo del PSOE le otorga también una gran responsabilidad, y de esa

responsabilidad participan también el resto de los socialistas, y para todos

cabe esperar que piensen en algo más que en ganar unas elecciones o sacar más o

menos escaños, sino en construir una nueva sociedad, que es una tarea colectiva

que implica, por tanto, unidad.

 

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